

Secciones
Servicios
Destacamos
José Miguel Ortega
Sábado, 1 de junio 2024, 20:28
Gerardo Coque Benavente (Valladolid 1928-2006) no solo era la principal figura del conjunto blanquivioleta a principios de los años cincuenta, sino también el interior derecho con más clase del fútbol español. Debió haber ido al Mundial de 1950, pero Benito Díaz barrió para casa y se llevó a Igoa, al que tenía a sus órdenes en la Real Sociedad, en lugar de al vallisoletano por el que suspiraban los equipos grandes de la Liga, especialmente el Atlético de Madrid.
Coque tuvo que esperar dos años más para debutar con la selección española, a la que dirigía entonces el mítico Ricardo Zamora. El Valladolid había cuajado una gran temporada con Barrios (1949-50) en la que llegó a la final de la Copa y otras dos campañas formidables con Ipiña (1950-51 y 1951-52) en las que finalizó el campeonato en sexta y octava posición, respectivamente.
Y dentro de aquel gran equipo sólido en defensa, incansable en el centro del campo y peligroso en el ataque, Gerardo Coque era el principal referente, el jugador franquicia como denominan hoy a las estrellas de la NBA. Después de haber estado varias veces preseleccionado, por fin le llegó la hora de debutar con el equipo nacional en un partido frente a Irlanda que se disputó el 1 de junio de 1952 en el estadio de Chamartín, habitual escenario de los encuentros de carácter internacional de nuestra selección en aquellos tiempos.
Pese a ser un encuentro de carácter amistoso se registró un imponente lleno, 70.000 espectadores, ya que el fervor patriótico de los aficionados encontraba en los partidos internacionales la mejor manera de hacerse notar ante rivales extranjeros.
Aunque Irlanda no era una superpotencia, Ricardo Zamora presentó una alineación muy contrastada en la que Coque era el único debutante: Ramallets; Martín, Biosca, Seguer; Muñoz, Puchades; Basora, Coque, César, Panizo y Gainza. Uno del Valladolid, del Real Madrid y del Valencia, dos del Atlético de Bilbao y ¡seis! del Barcelona, que para eso había ganado la Liga y la Copa aquella temporada.
Como ha quedado dicho el único que se estrenaba con la camisola roja era el vallisoletano, que iba a tener una entrada triunfal en el partido pues a los cuatro minutos culminó con un disparo cruzado un centro de Gainza, marcando el primero de los seis goles que España le endosó a Irlanda.
Además de esa circunstancia llamativa de lograr un gol prácticamente en el primer balón que tocaba, Coque fue el delantero más activo de la primera mitad participando en las jugadas previas a dos de los tres goles más que consiguió el equipo español.
El rotundo 4-0 con que se llegó al descanso, hizo soñar al público con una goleada histórica a poco que los jugadores españoles mantuvieran su trepidante ritmo en la segunda mitad. La temporada de clubs ya había finalizado y no parecía lógica la excusa de guardar fuerzas para los compromisos de sus respectivos equipos.
Pero si el primer tiempo había sido la cara para Gerardo Coque, el segundo iba a ser la cruz, pues a los 14 minutos sufrió un tremendo encontronazo con el defensa británico Ryan con el infortunio de caer en mala posición y romperse el brazo.
Entonces no se autorizaba más cambio que el del portero en caso de lesión, de modo que tras pasar por el vestuario para valorar el alcance de su lesión, Coque retornó al césped con el brazo en cabestrillo por no dejar a la selección en inferioridad numérica. Claro que en sus condiciones físicas no pasó de ser una figura decorativa que apenas pudo tocar un balón hasta el término del encuentro que se saldó con la victoria española por 6-0.
Los médicos de la Federación dictaminaron una dolorosa luxación en el codo de la que fue operado dos días después en Madrid para evitar que el percance se pudiera reproducir en el futuro. Lo malo fue que Coque, tras ganarse la titularidad para el partido contra Turquía, que iba a jugarse la semana siguiente en Estambul, se quedó en tierra y ya nunca más volvió a jugar con la selección española.
Lo hubiera podido hacer porque al año siguiente fue traspasado al Atlético de Madrid y desde un equipo grande parecía más sencillo ser internacional, pero a poco de llegar al conjunto colchonero pasó lo que pasó con aquel escandaloso affaire amoroso entre el futbolista y la folklórica Lola Flores que conmocionó al país entero y precipitó el fin de una carrera deportiva que pudo haber sido extraordinaria.
Tras aquel convulso episodio, Gerardo jugó en el Granada, Real Valladolid, Rácing de Santander y Cultural Leonesa con más sombras que luces, para después iniciar una carrera como entrenador muy corta en la Cultural, Europa Delicias y Real Valladolid.
Pese a ese desenlace, no hay que olvidar que Coque fue el primer jugador vallisoletano en debutar con la selección nacional absoluta, acontecimiento que supuso un orgullo para sus paisanos y que venía a hacer justicia con el talento excepcional de un futbolista que hoy hubiera valido muchos millones…de euros, aunque también entonces protagonizó uno de los más sonados traspasos del fútbol español, pues el Atlético de Madrid pagó un millón de pesetas…de las de hace setenta años.
El hecho de que su debut internacional se produjera tal día como hoy en 1952 nos da la oportunidad de recordar aquel acontecimiento en el que la gloria y el infortunio acompañaron al vallisoletano en el césped del galáctico estadio Santiago Bernabéu cuando todavía se llamaba Chamartín.
Publicidad
Álvaro Soto | Madrid y Lidia Carvajal
Cristina Cándido y Álex Sánchez
Antonio G. Encinas | Valladolid y Francisco González
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.