
Cantatore, Sandro y la familia del Real Valladolid
El autor del texto relata cómo vivió, en Benidorm, el partido entre Pucela y Atlético de Madrid
TONY POLA
Lunes, 7 de octubre 2019, 21:21
Secciones
Servicios
Destacamos
TONY POLA
Lunes, 7 de octubre 2019, 21:21
Como en muchas otras ocasiones, el pasado domingo mi amigo José y yo nos juntamos en Benidorm para ver el partido de nuestro Pucela. Al igual que para muchos otros pucelanos por el mundo, el Real Valladolid sigue siendo un motivo de conexión con nuestra tierra que no queremos olvidar, por lejos que nos encontremos. Ataviados con nuestras camisetas blancas y violetas, un sudor frío recorrió nuestro cuerpo cuando Sandro cogió el balón para lanzar el penalti ante el Atlético. Tras su fallo, un grito de rabia salió de mi interior, como cuando le pasa algo malo a alguien que quieres o aprecias. Sin conocer de nada al delantero del Pucela, se ha convertido en una persona por la que te preocupas y sufres. Seguro que muchos como nosotros, empezando por sus compañeros de equipo, estamos deseando que Sandro encuentre pronto ese gol que tanto merece. El error en Zorrilla fue un gran jarro de agua fría para toda la familia pucelana, que rápidamente coreó el nombre de su jugador, como quien anima a un buen amigo en los malos tiempos.
Es lo que tiene pertenecer a este grupo, tan modesto como grande para nosotros, que las derrotas y las victorias se viven de manera más intensa. Cuando ganamos, casi toda una ciudad vibra y disfruta. En la desgracia, somos capaces de sentir una lesión, un accidente o una muerte (como el fallecimiento de Marcos Fernández o el triste suceso que protagonizó Germán Hornos), como si le hubiese sucedido a un ser querido.
Cuando Zorrilla coreó, antes incluso de comenzar el partido, el nombre de Cantatore, muchos nos acordamos de su figura como quien piensa en un tío o un abuelo. Poco después, con el balón en juego, la ansiedad de Sandro traspasó el televisor y las fronteras de Valladolid para adueñarse de muchos vallisoletanos que tuvieron que emigrar.
Que esté tranquilo el buen delantero pucelano. En esta familia cuidamos y respetamos a los que lo dan todo por el equipo, como en su día lo hizo Don Vicente. Nos tildan de fríos y de secos, pero cuando uno trabaja y se hace querer, tiene amigos castellanos para siempre. Sigue trabajando, Sandro. El gol llegará. La afición ya disfruta con tus controles, tus ganas y tu intensidad. El día que derribes el arco contrario, toda una ciudad y miles de vallisoletanos por el mundo gritarán gol, como si hubiera salido de nuestras propias botas.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.