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Nuevos enigmas de la catedral de Burgos
Nuevos enigmas de la catedral de Burgos
VIDA Y OCIO

Nuevos enigmas de la catedral de Burgos

Cada rincón de este templo burgalés esconde un misterio, una leyenda, curiosas reliquias y eventos sorprendentes, como el asesinato acaecido en 1869

ÁNGEL DEL POZO

Viernes, 23 de junio 2006, 02:00

En el artículo anterior realizábamos un recorrido por el exterior de la catedral burgalesa en busca de enigmáticas figuras y extraños símbolos, como el asno que se encuentra en la puerta de Santa María o la representación de un hombre con una capa encima de sus hombros y que cubre su cabeza con un gorro frigio -emblema que se convertiría después en símbolo masónico y en señal suprema de la Iniciación-. Como grandes iniciados en materias secretas eran los alquimistas, que buscaban la piedra filosofal o polvo de proyección, capaz de transmutar metales en oro y/o plata y de curar enfermedades.

Está claro que alguno de los constructores del magnífico templo burgalés poseía conocimientos alquímicos, ya que en un tamaño considerable representó la conocida 'tria prima' de los alquimistas, con dos figuras justo a cada lado del imponente rosetón que encontramos en la famosa puerta de Santa María. Este símbolo era utilizado para significar La Gran Obra, el proceso que debía realizar el adepto sobre la materia para alcanzar la materia prima inicial.

Nota curiosa

Además, por si existía alguna duda sobre la colocación fortuita de este símbolo podemos encontrar la representación de tres alquimistas labrando con retortas y morteros en un escondido capitel de la Capilla de los Condestables, sin duda la más importante de toda la catedral y con una riqueza artística impresionante. Por cierto, como nota curiosa, pueden observar dentro de esta capilla una pintura que representa a María Magdalena y cuyo rostro dicen que recuerda al de la Gioconda de Leonardo Da Vinci. El misterio queda desvelado cuando conocemos que el autor de la obra es Giovanni Pietro Rizzoli, discípulo predilecto de Leonardo Da Vinci.

Aunque seguro que algún avezado lector que haya leído o visto el filme de 'El Código Da Vinci', esté elucubrando una buena dosis de preguntas sobre la estancia de un cuadro de la Magdalena en la capilla más importante de la catedral burgalesa. También enigmáticos son los 'hombres salvajes' labrados en las columnas que flanquean la entrada a esta capilla. El escritor e investigador Lorenzo Fernández nos guía sobre el velado simbolismo de estas figuras en su excelente obra 'Gótica': «En la mitología vasca existe el 'hombre salvaje', denominado 'basajaun', señor de las selvas y de los bosques. Alto con el cuerpo cubierto de pelo y pie en forma circular, es el genio protector de los rebaños. También se le señala como el ente civilizador, que enseño al hombre a cultivar los cereales y a soldar el hierro». Una figura protectora de rebaños y maestro de enseñanzas importantes, ¿acaso su presencia en la entrada a esta capilla nos avisa para que estemos atentos al simbolismo oculto que existe en ella?

Otra de las capillas en las que algunos estudiosos aseguran que existen símbolos ocultos es la de la Concepción y Santa Ana. En esta podemos observar el retablo mayor de la capilla, una excelente obra de Gil Siloé. Como tema central del mismo encontramos un gigantesco árbol en el centro que ocupa casi toda la vertical, es el conocido Árbol de Jesé Bíblico, una especie de representación genealógica en la que podemos encontrar a Santa Ana, San Joaquín, la Virgen María y el Niño Jesús, entre otros. Para algunos investigadores este árbol es una representación oculta del 'Árbol de la vida', importantísimo icon en las religiones precristianas de toda Europa.

En una imagen al lado derecho está representada la aparición del ciervo con la cruz a San Eustaquio. Cuenta la leyenda que cierto día el general romano Plácido se encontraba de cacería cuando observó un ciervo que tenía dibujado sobre su piel la figura de Jesús de Nazaret y que emanaba rayos muy luminosos. El animal se identificó como el propio Jesucristo, así y con estos hechos -quién no- Plácido se convirtió junto a su familia al cristianismo. Huyó a Egipto pero fue capturado y puesto a disposición de los leones en el circo romano, aunque no causaron ninguna herida al que ya había adoptado el nombre de Eustaquio después de ser bautizado. Pasó a mejor vida al ser asado en el vientre de un buey de bronce al que los romanos habían prendido fuego.

Curiosa leyenda que narra la vida del considerado patrón de los cazadores, aunque para curiosas leyendas, las que se cuentan del famoso Cristo de Burgos que podemos encontrar en la capilla del mismo nombre, también conocido como el Cristo de la piel de búfalo.

El Cristo milagroso

Esta capilla acoge un venerado y misterioso Cristo, y lo es por las leyendas que le envuelven: cuentan que su origen es atribuido al mismísimo Nicodemus, un escultor judío de quien se dice que habría reflejado en la talla la imagen del mismísimo Cristo muerto, antes de bajarle de la cruz y que fue encontrado dentro de una caja de madera en alta mar.

No menos llamativos son los múltiples milagros que se le atribuyen o su sorprendente composición -la madera que conforma la figura está recubierta por piel de ternera o búfalo-.

Pero lo que más impacto causa al observador es el aspecto de la propia imagen, llena de llagas, heridas y moratones que exaltan las huellas del sufrimiento físico de la pasión. Así lo describía Teófilo Gautier en 1840: «El célebre Cristo tan venerado en Burgos no es de piedra ni de madera pintada; es una piel humana (así dicen, por lo menos) rellenada con mucho arte y cuidado. Los cabellos son reales, los ojos tienen pestañas, la corona de espinas es de escaramujo y no le falta ningún detalle.

Nada más lúgubre ni más impresionante que este largo fantasma crucificado con un largo aspecto de vida y su inmovilidad de muerte; la piel, de un tono rancio y grisáceo, aparece surcada por unos largos hilos de sangre, tan bien imitados que parece efectivamente que estén manando».

Aunque para misteriosa figura nada como el famoso Papamoscas, una imagen grotesca que más bien parece un bufón y que deben de buscarlo en las alturas del interior de la catedral burgalesa. Esta enigmática figura abre la boca al dar el reloj las horas y está acompañada de su fiel Martinillo, otra figura próxima que se encarga de dar los cuartos con una campana.

La tumba de El Cid

Como han podido apreciar, en este gran libro de piedra podemos encontrar símbolos sorprendentes, enigmáticas leyendas, asombrosas reliquias (alberga una de las mejores colecciones de toda España), tumbas de héroes castellanos como la de El Cid, e incluso en su interior y a modo de curiosidad, puedo comentar que acaeció un terrible asesinato.

Sucedió en el año 1869, eran tiempos revueltos. El Gobierno, había dado orden de la incautación de los archivos eclesiásticos. El gobernador civil de Burgos cometió la imprudencia de acudir a la catedral acompañado solo de un inspector de policía, que nada pudo hacer cuando la turba que se manifestaba en el exterior penetró en el templo tras haber derribado una de las puertas; uno de los asaltantes golpeó al gobernador con un martillo, para después, y según cuentan las crónicas, estrangularle con una grosera faja y destrozar su cráneo en las escalinatas de la catedral.

castillaoculta@hotmail.com

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