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Decía Louis Dumur, el dramaturgo, novelista y poeta suizo, que la política «es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les ... sirve a ellos». Lo pensarían seguro los más de 300 palentinos que se han concentrado este sábado por la mañana en la Plaza Mayor para expresar su indignación por el acuerdo final entre Ciudadanos, PP y Vox, que ha permitido que Mario Simón, con tres únicos concejales electos, sea el regidor de Palencia los próximos cuatro años (está por ver), apartando del bastón de mando al popular Alfonso Polanco, reo de ese acuerdo a pesar de contar con nueve concejales, y a la socialista Miriam Andrés, la candidata más votada por los palentinos y que sentará en su bancada a once ediles. Lo pensarían esos 300 palentinos y muchos otros más en sus casas o allá donde se hallaran, lejos de ese «chalaneo» y esa «vergüenza», como tildó Sonia Lalanda, la candidata de Vox, a los pactos realizados por Ciudadanos y PP desde Madrid, que servían a la formación naranja en bandeja de plata Alcaldías como la de Palencia a cambio de que el popular Alfonso Fernández Mañueco sea el próximo presidente de la Junta con el apoyo de Francisco Igea.
En el 'tuit' de Sonia Lalanda, de las 1:32 horas de la madrugada, dejaba muy claro que Mario Simón no iba a contar con su voto para ser alcalde, después de que Ciudadanos tuviera trazada una 'línea roja' con Vox para apartarle de cualquier 'tajada'. «Eso da el gobierno al PSOE. La dignidad me impide aceptar», escribía en su cuenta. Pero se desbloqueó la situación en Madrid, y los 'whastapp' de Sonia Lalanda esta mañana enervaban a sus votantes. «¿Cómo voy a entregarle el gobierno al PSOE por segunda vez en mi vida?», se justificaba en alguno de ellos. Y se hizo cómplice al final del «chalaneo» y la «vergüenza», dando su voto a C's a cambio de su presencia en la Junta de Gobierno Local y la dirección de la Agencia de Desarrollo Local, lo que había negociado con el PP. Migajas, restos de una mesa en la que miles de palentinos no querían asiento ni para Simón, ni para Polanco. Pero mucho menos para los dos juntos. Ahora, al primero le servirán langosta (¡ay, el marisco!), y el segundo agarrará el crustáceo hasta por las pinzas. Y el fumet con las cáscaras, para Vox.
«¡Mentirosos, habéis engañado a los electores!», «¡sinvergüenzas!», «¡cobardes!». Se sucedían las 'perlas' que profirieron los presentes en la Plaza Mayor a los representantes del PP y Ciudadanos después de que estos salieran del Ayuntamiento una vez elegido a Mario Simón como alcalde. ¡No representas a la mayoría de los palentinos, eres un alcalde ilegítimo!», le espetaban algunos a este último cuando caminaba raudo junto a sus compañeros de grupo y representantes del PP hacia el pasaje de la cervecería Flandes, escoltados por la Policía Local y Nacional. Se le oía a Mario Simón dar las gracias al PP «por todo», por ese pacto que le convierte en alcalde pírrico en votos, presa de dentelladas continuas. De Sonia Lalanda no se sabía nada, a esa hora sus compañeros de Burgos en Vox le habían dado ya la Alcaldía al socialista Daniel de la Rosa tras la falta de acuerdo con Ciudadanos.
Ese ha sido el final de la jornada, unas cañas para la garganta seca, a refugio en una pequeña placita cerrada con Policía Nacional de paisano por allí y Policía Local de uniforme velando por la ausencia de incidentes. Habían superado ya lo más desagradable, la tromba de abucheos descargada por los palentinos presentes en la Plaza Mayor desde antes de las 12:00 horas, gritando proclamas contra los líderes nacionales del PP y de Ciudadanos, el palentino Pablo Casado y Albert Rivera, y silbando por la investidura de Mario Simón como alcalde.
'Casado, Rivera, venden Palencia entera'. 'Casado bandido, Palencia has vendido' 'Simón, dimite, Palencia no te admite', se repetían en un elevado tono que llegaba incluso hasta el salón de plenos del Ayuntamiento. «¡Esta es nuestra casa, no vuestro cortijo!», clamaban con insistencia, mientras aporreaban la tarima del escenario que había delante del Consistorio, con sus manos y alguna señora hasta con los tacones de sus zapatos, para que sonara más fuerte. Había hasta quien lloraba de rabia.
Esos abucheos se convirtieron en atronadores aplausos cuando salió del Ayuntamiento la candidata del PSOE, muy emocionada cuando la gritaban una y otra vez «¡Miriam alcaldesa!», «Miriam alcaldesa!». «Esto es incomprensible, aunque legítimo. Vamos a pelear por los intereses de todos desde el mismo lunes», se dirigía muy brevemente a ellos Miriam Andrés, que recibía incontables muestras de cariño a cada paso que daba. Su compañera de siglas Ana Sánchez, secretaria de Organización del PSOE de Castilla y León, junto a ella, se despachó a gusto. «Hemos asistido a la mayor indignidad política. Es legítimo pero indigno, es todo para el pueblo pero sin el pueblo. Un pacto de políticas propias de mercenarios ha arrodillado las ilusiones, anhelos, la confianza y las demandas de la gente corriente que solo tiene su voto para elegir a sus representantes», aseguró Ana Sánchez.
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