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El Cristro de la Misericordia, en la Plaza Mayor.
La espiritualidad de Santa Teresa enriquece el Vía Crucis en la Plaza Mayor

La espiritualidad de Santa Teresa enriquece el Vía Crucis en la Plaza Mayor

La cofradía del Cristo de la Misericordia consolida la salida de la procesión desde la iglesia de la Virgen de la Calle

fernando caballero

Miércoles, 1 de abril 2015, 23:08

La procesión del Santo Vía Crucis se ha reforzado este año con el homenaje a Santa Teresa de Jesús con motivo del quinto centenario de su nacimiento, que se conmemoró el pasado 28 de marzo, aunque los actos se celebran a lo largo de doce meses, como corresponde a la grandeza de la figura de la primera doctora de la iglesia.

Los guiños de la Semana Santa a la santa abulense están resultado acertados. A la conmemoración del Año Teresiano en la procesión del Sábado de Pasión en la iglesia de la Compañía, ayer se unió el que organizó la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia en el Santo Vía Crucis en la Plaza Mayor.

La figura de la santa brilló con todo su esplendor espiritual e intelectual a través de unos comentarios a las catorce estaciones seleccionados de su amplia literatura religiosa, autobiográfica y fundacional. En concreto, los textos proceden de la Meditación de los cantares, Vida, Las Moradas y Camino de perfección. La selección la ha realizado Rosario Díez, estudiosa de la santa y miembro de la comisión municipal creada para conmemorar el quinto centenario, además de cofrade de la Hermandad del Cristo de la Misericordia, y que también los leyó. Espiritualidad, profundidad teológica y una invitación a la oración constituyen las claves de estos textos teresianos.

El Vía Crucis es el acto penitencial que resume todo el relato de la pasión, desde la oración en el huerto de Getsemaní hasta la colocación de Jesús en el sepulcro, un relato evangélico que durante la Semana Santa se manifiesta en la expresión popular de las cofradías y de las procesiones. Junto a los textos de los evangelios, este miércoles se incorporaron los de Santa Teresa, en una ceremonia que arrancó en la iglesia de la Compañía, donde se venera al Cristo de la Misericordia. El año pasado, la procesión ya se inició en este templo.

Sentados los cofrades en la iglesia, el delegado diocesano para las cofradías y sacerdote en la Virgen de la Calle, Raúl Muelas, y el obispo de Palencia, Esteban Escudero, pronunciaron unas palabra para invitar a vivir la procesión como «testimonio púbico de nuestra fe y penitencia pública por nuestros pecados», con un recuerdo a todos los enfermos.

Desde el interior del templo y ante cientos de personas que aguardaban la salida en la plaza de Isabel la Católica comenzó con retraso un desfile que abrieron los cofrades del Santo Sepulcro con su banda y siguieron los de Jesús Crucificado y Nuestra Madre Dolorosa, Virgen de la Soledad, Jesús de Medinaceli, Jesús Nazareno y Nuestra Madre la Virgen de la Amargura y la Santa Vera Cruz con el paso de Nuestra Señora del Dolor, para terminar con la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia, cuya banda marcó con la Marcha Real la salida del paso titular, un crucificado de la escuela de Juan de Valmaseda creado en los talleres palentinos en la segunda década del siglo XVI.

La procesión se desarrolló antes del Vía Crucis, y a su paso por la iglesia de San Agustín se produjo el saludo del Cristo de la Misericordia a la Virgen de la Piedad, un momento que fue seguido por centenares de personas, en un punto de la Calle Mayor que despierta cada año gran expectación para contemplar los saludos a la Piedad, que se encuentra asomada a la puerta.

El público siguió en silencio los movimientos y maniobras de la carroza del Cristo de la Misericordia para colocar al Crucificado frente a la madre con el hijo en su regazo.

La Hermandad del Cristo de la Misericordia estrechó los lazos de Santa Teresa de Jesús con la ciudad, en concreto con su Semana Santa. La hermandad diseñó una escenografía en la Plaza Mayor, en la que el crucificado que se venera con la advocación al Cristo de la Misericordia compartió protagonismo con la santa abulense.

Un pequeño altar acogió una imagen de Santa Teresa de finales del siglo XVIII y principios del XIX que se conserva en la clausura del convento de las carmelitas descalzas. Junto al Cristo de la Misericordia, las imágenes de Nuestra Señora del Dolor de la cofradía de la Vera Cruz y la Soledad, que no desfiló, sino que se acercó desde la vecina capilla.

El Vía Crucis se inició con las luces de la plaza apagadas, por lo que solo estaban iluminados los pasos, en una hermosa estampa, aunque a mitad de la oración se encendieron.

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