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Putin y los derechos humanos
La libertad de expresión en Rusia y sus aliados es un concepto irrisorio ya que los periodistas siguen siendo censurados y detenidos
Mercè Rivas Torres
Viernes, 4 de marzo 2022, 00:03
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Mercè Rivas Torres
Viernes, 4 de marzo 2022, 00:03
Las autoridades rusas utilizaron la pandemia como pretexto para seguir reprimiendo toda forma de disidencia y aumentaron las detenciones de los defensores de derechos humanos», ... afirma contundentemente Amnistía Internacional. La denuncia de esta prestigiosa organización sigue narrando horrores antidemocráticos: «La tortura sigue siendo endémica, al igual que la impunidad casi total de sus responsables. El derecho a un juicio justo se vulneraba de manera habitual y las reformas jurídicas introducidas dieron lugar a que se redujera aún más la independencia judicial». Y añade: «Las personas LGTBI siguen siendo objeto de discriminación y persecución y existen indicios de su colaboración en crímenes de guerra en Siria».
A esto hay que añadir las consecuencias de la covid-19, que ha hecho que la población sufra las consecuencias de una crisis económica muy importante que ha hecho que crezca el malestar en la población. Pero la mejor manera de tapar y esconder todos los problemas internos es crear un objetivo común: potenciar la ampliación de la gran Rusia. Putin ha ido influyendo en todos los países que formaron la antigua Unión Soviética colocando dirigentes amigos que actúan como fieles servidores al poder de Moscú, pero esta operación títere no le ha servido con Ucrania. Y ahí tenemos como ejemplo máximo a Bielorrusia.
El pasado noviembre podíamos ver en todas las televisiones cómo miles de migrantes, la mayoría kurdos, se agolpaban en el paso fronterizo de Kuznica, en la frontera entre Bielorrusia y Polonia que el presidente Aleksandr Lukashenko había llevado hasta Minsk en aviones con la única finalidad de presionar a la Unión Europea para que reconozca al presidente-dictador bielorruso, que ganó las elecciones presidenciales en medio de acusaciones de fraude electoral.
El resultado de las elecciones provocó que se celebrasen manifestaciones masivas en todo el país que fueron reprimidas con violencia por el Gobierno bielorruso. La comunidad internacional, con Estados Unidos y la UE a la cabeza, se negó a reconocer los resultados y aprobó sanciones económicas contra Bielorrusia. En lugar de balas, había lanzado familias con niños incluidos. Más de una docena murieron de frío y en vista de que no lograron cruzar la frontera tuvieron que ser devueltos a sus países de origen. Ahora Putin en lugar de refugiados desesperados ha preferido invadir Ucrania con miles y miles de tanques.
La libertad de expresión en Rusia y sus aliados es un concepto irrisorio ya que los periodistas siguen siendo censurados y detenidos, así como los medios de comunicación que no gustan al Kremlin tienen que pagar innumerables multas. El más conocido entre los detenidos es Alekséi Anatólievich Navalni, abogado y político ruso de 45 años. Una parte de la prensa occidental lo ha definido como el líder de la oposición. Antes de ser detenido, miembros de los servicios secretos rusos lo envenenaron y se salvó gracias a la rápida intervención de Alemania.
Rusia, la nación más grande del mundo que limita con países de Europa y Asia, al igual que con los océanos Pacífico y Ártico, ocupa los últimos puestos de países con libertad de expresión en el mundo junto a sus países amigos, según Reporteros Sin Fronteras (RSF). Ocupa el puesto 150 de los 180 países estudiados por dicha organización internacional. «Putin ha eliminado casi todos los medios de comunicación independientes, apuntando a sus propietarios para influir en la política editorial, censurando artículos y bloqueando sitios web mediante métodos judiciales y extrajudiciales», denuncia Jeanne Cavelier, responsable de la sección de Europa del Este y Asia Central de RSF.
Dicho esto, hay que tener en cuenta los siguientes datos: en 1991 la Unión Soviética se disuelve y las quince repúblicas que la forman declaran su independencia. Ucrania cuenta con una importante minoría rusófona en el este del país. La caída de la URSS permite a la OTAN ampliar su influencia e integrar a Polonia, Chequia y Hungría y posteriormente a Estonia, Letonia y Lituania además de Bulgaria, Rumanía y Eslovenia. Esta expansión inquieta a Moscú.
Además, hay que añadir que la década de 2000 es muy convulsa para Ucrania. Primero gobierna un aliado de Moscú hasta 2005. Tras la Revolución Naranja (el Euromaidán, revolución nacionalista y europeísta) en 2013, la población se manifestó pidiendo entre otras cosas mantener una política independiente alejada de Moscú. El actual Gobierno no quiere alianzas con Putin. Pero el dirigente ruso solo sueña con volver a tener bajo su mando a todos los que formaron en su día la Unión Soviética. Sin lugar a dudas añora tener una gran Rusia.
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