Pablo Casado recibe el aplauso de los diputados del PP tras su última intervención en el Congreso. Juan Medina / REUTERS

Psicópatas, parásitos y sabandijas

El espigón de Recoletos ·

«Cada comicios elegimos a los que queremos que nos metan en cintura»

David Felipe Arranz

Valladolid

Viernes, 25 de febrero 2022, 00:04

La efebocracia en España es la que gobierna y dispone, a caballo de un telediario, y lleva al personal por donde quiere a golpe de teléfono 'inteligente'. Un día un diputado se equivoca de botón en su casa y aprueba una ley y al otro ... el secretario de un partido tiene que dimitir con el cargo entre las piernas y el rabo a disposición –o al revés–, obligado por los que ayer le rendían pleitesía.

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Este es un país de orates desde que se dieron cuenta Cervantes y Velázquez, que por una emergencia sanitaria ha pegado el salto del loco a secas, propio de palacio cuando los Austrias, al psicópata peligroso de las Cortes: el enano don Sebastián de Morra hubiese sido un buen ministro de Cultura; Francisco Lezcano, 'el Niño de Vallecas', se hubiese hecho con la cartera de Inclusión y Seguridad Social, y el bufón Calabacillas hubiese ejercido una dignísima portavocía del Gobierno.

El político se va transformando en psicópata sobre la marcha, como Norman Bates o Hannibal, que se ponen el traje de chungo o de guay, según el caso, para engañar a la ciudadanía. Hoy es Casado quien yace macerándose en un charco de sangre guerracivilista; pero mañana los caídos serán Feijóo o la propia y vivaracha Ayuso, proclamada 'presidenta' el pasado domingo por miles de devotos concentrados frente a la sede nacional de Génova, cual virgen hibernal de febrero, «por el bien de España», como reza su letanía por los bulevares, por donde se ve últimamente a Cayetana, en busca de su restitución, de convertirse otra vez en oligocracia y dedicarse a mandar.

Cada comicios elegimos a los que queremos que nos metan en cintura y, en el caso del PP, cuya genealogía de la moral ni está, ni se la espera, es consecuencia directa de los tiempos tan negros que nos ha tocado vivir. O sea, que la política engendra finalmente a las sabandijas. Y luego, ya si eso, gobernaremos a la plebe… o no.

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