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Reloj de la Puerta del Sol. Europa Press
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La cantina del calvo ·

Si bien en el resto del planeta se impone la costumbre de celebrar la llegada del nuevo año fuera del hogar, en nuestro país todavía sigue siendo esta la manera más extendida de recibir el primero de enero, lo cual no exime de posteriores excesos

Martes, 31 de diciembre 2019, 08:16

Siempre me ha generado bastante curiosidad indagar sobre el origen de algunas tradiciones populares españolas y, en estas fechas, la que más me llama la ... atención es esa que consiste en comer uvas al son de las campanas la última noche del año. Según parece, la cosa arranca a finales del siglo XIX cuando la burguesía española adopta la costumbre de la aristocracia francesa de celebrar grandes acontecimientos con uvas y champán. Con el paso de los años, las clases populares que acudían a la Puerta del Sol a escuchar las campanadas en Nochevieja, empezaron a imitar esta práctica —seguramente con tintes irónicos— extendiéndose con el paso del tiempo por el resto del territorio. Otra teoría, mucho menos creíble, asegura que un excedente de producción de uva en la zona de Alicante motivó que se repartieran racimos por Navidad entre los más necesitados, y que en señal de agradecimiento, estos les devolvieron el favor los años sucesivos convirtiéndolo en un hábito. Sea como fuere, si bien en el resto del planeta se impone la costumbre de celebrar la llegada del nuevo año fuera del hogar, en nuestro país todavía sigue siendo esta la manera más extendida de recibir el primero de enero, lo cual no exime de posteriores excesos.

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