Plensa se baja del barco y Puente se tira el pisto. Cuando de estructuras se trata, todos toman posiciones. Poniente es tendencia. Con o sin mamparas, la reforma de uno de los 11 puentes con los que cuenta Valladolid es motivo de gresca entre ... artistas y políticos.
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«Despilfarro» y «ridículo mundial», así lo califica el que lleva el apellido de este tipo de construcción. En su caso en lugar de salvar un río, el único accidente geográfico que parece evitar para sí mismo es el olvido. El ministro famoso, la voz del pueblo, ha puesto el grito en el cielo ante la renuncia del escultor catalán a continuar con el proyecto para el puente de Poniente: 'Siete poetas sobre el río Pisuerga'.
Revisionismo o rencor, lo cierto es que existe un clamor social ante las renovaciones del suelo urbano. ¿Por qué ampliar un puente que sigue siendo funcional después de 70 años en lugar de soterrar unas vías de tren? ¿Quizá para cortar el tráfico un año y molestar a los vecinos? ¿Para contaminar con la producción de material de obra? Como dirían en Los Simpson, ¿pero es que nadie va a pensar en los niños?
Jaume es el único que lo ha visto claro: «a enemigo que huye, puente de plata». Mejor «dedicarse a los compromisos personales y profesionales sobrevenidos» (sic) y saltar cuando todavía no sopla demasiado el viento. Poco se puede esperar en Poniente. Después de tres propuestas frustradas, este nuevo hito de la política urbanística quedará para dilatar la Leyenda de un Pisuerga sin poetas.
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