Pablo Casado, Alfonso Fernández Mañueco, Pablo González Terol y Conrado Íscar, en un acto del PP en el otoño de 2019 en Valladolid. RODRIGO JIMÉNEZ

El laboratorio del PP

LA ESPITA ·

Los populares de Valladolid estrenan en la región el método de elección de presidente provincial, cuando lo que necesitan es un candidato solvente a la Alcaldía de la capital

J. I. Foces

Valladolid

Domingo, 31 de enero 2021, 08:24

Definitivamente, Valladolid va a ser el laboratorio del PP de Castilla y León en la elección de presidentes provinciales del partido.Antes se elegía en este partido al presidente nacional y después, a los regionales y provinciales; ahora, al revés. En la práctica y ... de puertas afuera, el nuevo método en esta comunidad es el reconocimiento definitivo del PP a que Valladolid no solo es la provincia donde está de hecho la capital autonómica, sino que lo que pasa en territorio vallisoletano sirve para las otras ocho provincias que la componen. Y viniendo de un partido que tiene un presidente nacional, Pablo Casado, que vale para dos provincias (Palencia, por nacimiento, y Ávila, por circunscripción electoral) como que la cosa tiene más enjundia.

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Luis Miguel González Gago, Jesús Julio carnero y Conrado Íscar, en la reunión de junio de 2019 en la que la dirtección nacional quiso apartar de la Presidencia provincial del PP a Carnero. ALBERTO MINGUEZA

Los populares van a elegir presidente vallisoletano el 6 de marzo. Los casadistas quieren que el congreso sirva para empezar a pasar a cuchillo a muchos de los de Alfonso Fernández Mañueco, que para eso los mañuequistas apostaron por la desbancada Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias nacionales. Hay ganas de venganza en las huestes de Casado y Teodoro García Egea. Este va a consumar la salida de la presidencia provincial de Jesús Julio Carnero, al que no consiguió apear del cargo en 2019, tras la segunda derrota del PP en la capital vallisoletana a manos del socialista Óscar Puente, que sigue con el bastón de mando para desesperación de la derechona pucelana, en la que hay que incluir a todos los de Vox, que visto lo visto eran los que, antes de dejar el PP y dejar de votar al PP, daban la mayoría absoluta al exregidor de infausto recuerdo Javier León de la Riva.

Mañueco, en un acto del PP con los dos diputados nacionales populares por Valladolid, dirigentes a su vez más cercanos en esta provincia a Teodoro García Egea. RUBEN CACHO-ICAL

Pero, ojo, que van muy sobrados los de Egea en Castilla y León; y en Valladolid, no digamos. Con la que está cayendo, alguno de los más visibles baja tanto la guardia que ante la pandemia y la grave crisis social y económica en lugar de atender a las labores políticas se dedican a mostrar que aspiran a chefs, como el diputado vallisoletano Eduardo Carazo hace un par de semanas con motivo del Día Mundial de la Croqueta. Luego dicen que trabajan para derrotar al PSOE y llevar a Casado a La Moncloa. No parecen las croquetas un arma muy efectiva.

Alejandro Fernández, cabeza de cartel del PP catalán, y Pablo casado, a principios de mes en Lérida. RAMÓN GABRIEL-EFE

Antes del congreso del PP vallisoletano va a haber elecciones en Cataluña. Allí, el PP de Alejandro Fernández, que cabe en un taxi (tiene cuatro diputados) y aspira a duplicar. Claro, duplicar 4 no parece de medalla; el mérito sería tener 20 y sacar 40. Pero, si aun duplicando, Vox amenaza al PP en territorio catalán, le van a pitar los oídos a Egea y no digamos a Casado. Y eso marcará el precongreso provincial aquí. De ahí que sea harto cuestionable la arrogante postura de los casadistas y egeistas en Valladolid, algunos de los cuales la primera experiencia laboral que tienen en su vida es la de diputado nacional.

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Pilar del Olmo saluda a Teodoro García Egea en Valladolid, hace meses, en presencia de Carnero. HENAR SASTRE

Eso sí, está todo hecho en el congreso del PP vallisoletano. Todo atado. La puesta en escena ha comenzado con la presentación de la candidatura deConrado Íscar a presidente y el mensaje de que la suya es «una opción de unidad». Tratan de que el congreso parezca el triunfo de los afiliados, cuando éstos van a tener que tragar las piedras de molino que les imponga Madrid; pocos congresos del PP de Valladolid han sido tan trampantojo como este. Tanto que hay dirigentes que ya han quedado descolocados. Ahí está, en cabeza, la presidenta de su grupo municipal en la capital, de lo poquísimo que sigue vivo del herrerismo, Pilar del Olmo, quien decía semanas atrás que contaba con el apoyo de Génova para dirigir el partido provincial; ahora suplica y se conforma con que cuenten con ella. O algún alcalde, como el de Tordesillas, Miguel Ángel Oliveira, quien aseguraba tener apoyos para presentarse si Íscar no garantiza unidad (sic): claro, garantizarle a él unidad es asegurarle un sillón en el nuevo comité ejecutivo del partido.

Otra prueba del laboratorio pucelano va a ser la participación. Celebrar un congreso de partido en plena virulencia de la no se sabe ya qué ola de la pandemia, es harto arriesgado. Una participación no ya menor que la del de 2017, que lo será, sino baja marcará a fuego a la nueva dirección provincial del partido y será carne de cuestionamiento de los futuros responsables.

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Conrado Íscar (PP) y Óscar Puente (PSOE), en un acto antes d ela pandemia en Valladolid. RODRIGO JIMÉNEZ

Pero, ya que el PP experimenta en Valladolid el nuevo método congresual, cabe preguntarse si además de presidente deberían elegir también un candidato solvente que compita contra Óscar Puente y la alianza de izquierdas en la capital vallisoletana. Porque Casado y Egea pueden tener muy bien atado el partido provincial, hacerlo a su imagen y semejanza y vengarse de Mañueco tras cargarse a Carnero, pero como en 2023 no ganen la Alcaldía de Valladolid el laboratorio habrá sido un bluf de marca mayor.

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