Hace solo unas horas estaba en la galería Rafael recorriendo la exposición de Félix Cuadrado Lomas y sorprendida, como me pasa siempre, por la extraordinaria belleza de sus cuadros y su capacidad para arrastrar al espectador a esos espacios infinitos de tierras construidas geométricamente y ... divididas a veces por la fila de casas que muestran un mundo real transformado por el artista.
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Porque lo que pintaba existía, desde las barcas de Nazaré que contempló una vez en un viaje a Portugal a los chopos en la ladera, pero él sabía captar la esencia de cuanto le rodeaba.También hay viñedos y campos de amapolas en esta colección de óleos y acuarelas que ahora sirve de homenaje al creador vallisoletano que, además, dio nueva vida a las mulas que, junto al carro, parecen meditar sobre lo que las rodea.
Cuadrado Lomas, que pintaba desnudos de un gran realismo, tenía además interés por el mundo de los toros, que describió a través de los diestros que esperan en la barrera con el capote en la mano y transmiten la tensión del momento.
Porque este artista de campos verdes y dorados que planificaba la llanura y contemplaba el Archivo de Simancas transformaba en arte cuanto veía.
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