Discurso medido el del doctor Sánchez, serio y hasta dramático, como tiene que ser: porque sufrimos un drama, y un drama en el que apenas vamos por el comienzo del primer acto. Era hora de que se pusiera a la altura del cargo que ... desempeña, dejándose de pasividades y trapisondas, o al menos diciéndolo, aunque ya conocemos el valor de su palabra.
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Sí, ya era hora. Porque hace tan solo unos días aprovechó este drama del coronavirus para colar de matute, como hacían los contrabandistas de la raya con Portugal con el café y el tabaco, en el sanedrín de los secretos de Estado a Pablo Iglesias, un personaje insufrible que pagado de su trascendencia y en alas de una vanidad de proporciones olímpicas se salta la cuarentena para lucirse en ruedas de prensa que transforma en actos de auto propaganda. ¿Por qué no lo cesa para dar ejemplo? Más que como jefe de Gobierno, actúa como su primer subordinado
Y qué bien estaría asimismo en su casa ese ministro de Sanidad, Salvador Illa, que hace poco más de un mes minimizaba el coronavirus, porque a su científico entender se trataba de poco más que una gripe. La afrontaría sin despeinarse, qué alarde de irresponsabilidad.
Buen discurso el del doctor Sánchez. Ahora sería menester que, creyéndose a sí mismo, lo que es muy difícil, se lo impusiera a individuos de la calaña de Torra, la eurodiputada Clara Ponsati («de Madrid al cielo») o ese concejal racista de la CUP que incitó a abrazar y toser en la cara a los militares que se juegan la vida para salvarnos.
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