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Las ruedas se situaban en una disposición romboidal: Una delante, dos a los lados, y la cuarta en la parte posterior P.F.
La arriesgada propuesta de Battista Pinin Farina

La arriesgada propuesta de Battista Pinin Farina

Posiblemente, en 2024, a muchos este prototipo nacido en los años sesenta les puede parecer ya no solo extraño, sino incluso absurdo. Pero, obra de uno de los personajes más importantes en la historia del automóvil, bien merece un análisis

Santiago de Garnica Cortezo

Sábado, 13 de julio 2024, 09:00

El 3 de noviembre de 1960, los visitantes del Salón de Turín contemplan asombrados aun extraño prototipo no rodante bautizado X. Y en el mes de enero siguiente, en el salón de Bruselas, su creador, el gran Battista Pinin Farina da un paso más: el X ya es un prototipo rodante. Incluso en la nota de prensa se indica que «si las condiciones atmosféricas lo permiten, el coche será probado en una carretera». Como no podía ser de otra forma, la climatología belga por esas fechas es fiel a su fama, pero aun así el X si rueda bajo la atenta mirada de Sergio Pininfarina (la unión de los nombres «Pinin» y «Farina» formando un apellido ya es un hecho), el hijo de Battista.

Cuatro ruedas, cuatro plazas, parece el cuaderno de encargo de cualquier berlina. Pero en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, los espíritus parecían más inquietos que ahora, y buscaban soluciones diferentes, difíciles de entender hoy día con tanta censura del marketing.

Si, se sueña en algo diferente, muy aerodinámico, con amplio espacio interior…, y diferente a todo. Cuatro ruedas tienen el prototipo de Pinin Farina X, pero situadas en rombo: una, con funciones directrices, en la punta delantera; dos a los lados de la zona central, para estabilizar; y una, en la parte posterior, para propulsar.

Las llamativas aletas traseras cumplían una función aerodinámica P.F.

Esta arquitectura ha nacido de una hoja en blanco gracias a la creatividad del ingeniero Alberto Morelli, del instituto politécnico de Turín. Su idea resulta casi inaceptable para cualquier constructor generalista, pues es una radical redefinición del concepto de automóvil. Y no se trata de un capricho. Todo lo contrario, su concepto favorece la aerodinámica, y reduce la torsión facilitando una estructura más ligera.

En lo que concierne a la primera cualidad, Pinin Farina que aún no cuenta con su propio túnel aerodinámico, anuncia un extraordinario coeficiente aerodinámico de 0,23 cuando la media de las berlinas clásicas de la época estaba en 0,45. Esta óptima aerodinámica permite ganar 20 km/h de velocidad punta respecto a una berlina clásica que utilizase el mismo motor del X, un pequeño cuatro cilindros Fiat de 1.089 cc y 43 caballos de potencia, situado en la parte posterior. Y el consumo se reducía de forma espectacular, hablamos de un 30%, gracias tanto a la aerodinámica como a un peso pluma.

El pequeño motor Fiat, situado en la parte posterior derecha, movía la única rueda trasera P.F.

Todo era original en este automóvil. Además de su volumen ovoide, que permitía una habitabilidad y una visibilidad impensables en esos años, llevaba el motor en la parte posterior, en el lazo izquierdo. En el otro lado de la parte posterior, una tapa daba acceso al maletero.

Un airbag hinchable

En el centro del frontal, se situaba un faro de largo alcance, y a los lados, dos faros clásicos y los intermitentes, protegido todo este conjunto por un carenado transparente. Detrás de todo esto, bajo el volumen del compartimento delantero, Alberto Morelli había previsto una estructura neumática hinchable. Además de hacer oficio de airbag interno (muchos años antes de que se hablara de los airbags), permitía repartir un posible impacto en una gran superficie.

Las dos grandes aletas posteriores pueden parecer fruto de las tendencias estéticas de la época, pero Pinin Farina afirmaba que su objetivo era estabilizar el coche.

A bordo

En el interior, continuaba la revolución. Cuatro amplios asientos individuales, un salpicadero relleno para proteger en caso de accidente, y un solo reloj, con toda la instrumentación, frente al conductor. Todos los mandos estaban situados en la consola central, y la ventilación estaba asegurada por una pequeña abertura situada bajo el logo «X» del capó delantero, que distribuía el aire hacia el interior del habitáculo.

El salpicadero estaba relleno para proteger en caso de accidente P.F.

Battista Pinin Farina utilizó el X para acudir a visitar a muchos grandes fabricantes de automóviles, con el fin de venderles, sin éxito, la idea.

Morelli continuaría colaborando con Pininfarina, a él se deben los prototipos BLMC 1100 y 1800, que sirvieron de inspiración a Citroën para crear el GS y el CX.

En cuanto al prototipo Pinin Farina X, se quedó en el museo Pininfarina hasta que, en 2007, lo adquirió, por 2,6 millones de euros, un coleccionista americano que lo expuso en la gran cita de los clásicos parisina, Retromobile, en el año 2016.

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