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Ángela Gómez Herrero se quedó sin trabajo en 2003. Fue, como otros muchos trabajadores por cuenta ajena, despedida de la empresa donde prestaba sus servicios. Y fue entonces cuando decidió ser su propia empleada, trabajar para ella y dedicarse a la cría de conejos. Encontró en la cunicultura un nuevo e ilusionante proyecto laboral que, con los años, ha dado como mejor fruto, en el corazón de los Montes Torozos, el ser la segunda granja de conejos más grande de la región y una de las seis de mayor tamaño de esta actividad ganadera en toda España.
Cataluña es la comunidad autónoma con más explotaciones dedicadas a la cunicultura en España, pero «es Castilla y León donde se encuentran las instalaciones más modernas y el manejo más profesionalizado, lo que hace que, a pesar de tener solamente el 8,6% del número de explotaciones totales del país, tengamos el 24,8% de las hembras totales del sector», explica Ángela Gómez, quien sin duda ha tenido mucho que ver en la progresión de este sector en la región y que ya es conocida a nivel nacional. «De hecho, en congresos del sector, algunos cunicultores le dicen que en Valladolid hay una chica que cría muy bien conejos sin saber que se trata de ella», relata divertido su marido, José Ignacio del Campo, quien no tardó en unirse al proyecto Granja Potosí, al igual que su hijo Nacho, que dejó los estudios de Economía por los conejos como proyecto de futuro.
En el recuerdo emotivo queda que el nombre de la granja llegó de la expresión «tú vales un Potosí», que José Ignacio decía a Ángela durante su noviazgo, en recuerdo de aquel cerro de Bolivia que llegó a ser famoso en los tiempos de la conquista por el volumen de plata que se extrajo de su interior.
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Después de más de 15 años de andadura y dos millones de inversión, la familia Del Campo Gómez se siente orgullosa de una empresa que, en la actualidad, produce 300.000 conejos al año, emplea a cinco trabajadores (sin contar a los tres miembros de la familia) y además posibilita la fijación de población, la generación de riqueza o la mejora de la calidad de vida de los vecinos de Valverde de Campos por medio de los impuestos que paga a su Ayuntamiento.
La situación de Granja Potosí con la pandemia ha variado poco «al ser una de esas industrias esenciales. Por una vez, es la vida», destaca Ángela, quien indica que «hubo una mayor demanda en las primeras semanas. Después se ha estabilizado». Siente, sin embargo, que el sector no se valore más. Por eso pide a la Administración que no les tenga en el olvido y que puedan contar las mismas posibilidades que las empresas de las ciudades.
Ángela, quizás como todos los héroes silenciosos de estos días, sabe que lo más importante es «el día a día, pelear con los inconvenientes y los problemas y hacer tu trabajo de la mejor forma posible».
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