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Lía Z. Lorenzo
Palencia
Jueves, 18 de octubre 2018, 14:44
Hace 17 años que Fernando Román Román se enamoró del arbitraje. Y desde entonces lo ha combinado con sus estudios, la oposición y su trabajo como profesor de Educación Física. Eso sí, siempre con la misma ilusión del primer día. «Todo comienza en el año 2001 a través de dos amigos de clase que me comentan que si quiero ser árbitro. Yo jugaba en el San Juanillo y al principio pienso 'dónde me quieren meter'. Luego di el paso, hice el curso y empecé a arbitrar partidos de prebenjamines y benjamines», recuerda con cariño el colegiado palentino. Ha ido escalando categorías y superando obstáculos para llegar a las puertas del arbitraje profesional y dirigir partidos en Segunda B. «El arbitraje tiene muchísimos aspectos positivos. Maduras muy rápido. Tienes que ser tú mismo y tener mucha psicología positiva. Además tienes que estar muy bien físicamente. Un jugador de fútbol puede pedir el cambio en el minuto 60, un árbitro no. Y se hacen muchos amigos de los de verdad», afirma Fernando, que ha vivido en sus carnes la dureza del arbitraje de partidos de fútbol base. «Muchos padres aún piensan que su hijo va a ser una gran estrella y no se dan cuenta de que los niños están ahí para disfrutar y pasárselo bien. Es duro para todos los que hemos formado parte del deporte base ver como los padres gritan a los árbitros, a los entrenadores y a los mismos niños», recuerda un Fernando que se ha acostumbrado a recibir insultos desde la grada. «Los primeros años es muy duro entender el tema de los insultos. Porque te pasa con gente que conoces, con la que te cruzas en Palencia y te saluda. Es difícil asumirlo al principio. Pero con el paso de los años te da igual lo que piensen o lo que te digan. Te concentras en hacer bien tu trabajo y te aíslas de lo que pasa fuera».
Un árbitro toma una decisión en milésimas de segundo y no tiene repeticiones, solo lo que ha apreciado en directo. Por eso Fernando Román destaca la importancia de mantener la tranquilidad. «A lo largo del partido hay muchas decisiones complicadas, pero lo más difícil es convivir con el error. Poco a poco te vas haciendo. En Segunda B todos los partidos son televisados. Los jugadores son muy listos y te vienen a decir que te has equivocado para ver si pitas algo a su favor», destaca.
Pero a pesar de la dificultad, él nunca ha pensado en dejarlo. «Tener un cabreo en el descanso o al final del partido, sí. Algo pasajero, que te pegas una ducha de agua fría y sigues adelante. Pensar en dejarlo, nunca». Y da un valioso consejo a las futuras generaciones que empiezan ahora en este mundo. «Que comiencen con mucha ilusión y mucha motivación. Que se venga a esto para disfrutar y para hacer deporte, porque a nivel físico es exigente», finaliza.
Este domingo, 21 de octubre, habrá un palentino en el derbi vasco que enfrentará al Eibar con el Athletic de Bilbao. Fernando Román estará en la banda como cuarto árbitro. «Ahora vamos a campos como el Bernabéu o como el Camp Nou. Sabes que estás a las puertas del fútbol profesional. Yo trato de hacerlo lo mejor posible, pero sin obsesionarme. Lo ves como una oportunidad pero tienes que tener claro que es complicado. Somos 120 y suben tres, cuatro», explica el palentino, que tiene la misma dosis de ambición que de realidad, en un cóctel perfecto para triunfar en un mundo tan exigente como el del arbitraje. Sus ganas le han llevado hasta aquí y ahora no quiere dejar de crecer. «Soy muy autocrítico conmigo mismo. Yo veo todos los partidos que arbitro por televisión y apunto lo que he hecho bien y lo que he hecho mal. Lo veo y además me pregunto por qué me han protestado una jugada que está bien arbitrada para saber si protestan por desconocimiento del reglamento o simplemente para presionar», aclara Fernando Román. Él sabe que en el campo, el árbitro hace mucho más que señalar infracciones.
«Tienes que aislarte absolutamente de lo que te rodea, de la tele, los jugadores, el público. Además tienes que gestionar tus emociones, las de tu equipo arbitral, las de los jugadores y las del banquillo. Hay un tema psicológico importante».
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