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Los jugadores celebran una de las victorias cosechadas esta temporada en el estadio Anduva. LaLiga
Mirandés: El asombroso milagro de Anduva

Mirandés: El asombroso milagro de Anduva

El club burgalés hace historia y sueña con el ascenso, apoyado por su fortaleza como local. Ha pasado de suspender partidos de pretemporada por no tener 11 jugadores a pelear por jugar el año que viene en Primera

Martes, 18 de marzo 2025, 18:13

Anduva es el teatro de los sueños, un islote romántico en medio de una burbuja de egos y postureo vacío. Anduva es el país de 'Nunca Jamás', el paraíso de los niños perdidos, esa tierra sin normas encorsetadas ni delirios, donde los profesionales del balón disfrutan de la esencia del fútbol de antaño y sus fieles saborean cada bocanada de aire fresco que reciben desde el césped, el lugar donde sucede todo, el espacio donde la racionalidad de la lógica se da de bruces contra la pasión, el estado de ánimo y la conjura colectiva. Panoramix vive en Miranda de Ebro. Su pócima ha convertido a Anduva en una fortaleza insuperable. En Anduva la vida se tiñe de rojillo y la Segunda División aparece bocabajo porque el Mirandés de Alfredo Merino y Alescio Lisci ha volado por los aires el sistema. Un equipo que tuvo que cancelar partidos de pretemporada por falta de efectivos, que al filo del inicio del curso juntaba dos puñados de futbolistas, vive con desenfreno el desenlace de la competición, sentado en la misma mesa que los millonarios de la tabla y con opciones de ascender a Primera.

Si Anduva es el universo donde la historia se sacude las ataduras de lo establecido y practica el libre albedrío, el Mirandés se ha convertido en una factoría de talento que entrelaza a la perfección el ingenio y el tesón. El club burgalés es un método en sí mismo, un enorme especialista en transformar el pronóstico en certeza. A falta de euros, el éxito se sube a las tablas aupado por la pericia para fichar juventud, hambre, compromiso, motivación y energía. Anduva pone la guinda. Es la magia de encontrar futbolistas que hallan en Miranda el vivero perfecto para pisar el trampolín y catapultar su carrera deportiva. Aquí no hay trincheras, cada uno deposita en la coctelera la fuerza de forjarse un futuro mejor y el Mirandés convierte el empuje grupal en un proyecto que no deja de despertar admiración por su enorme rendimiento.

Alfredo Merino, director deportivo del Mirandés.

El milagro de Anduva está reñido con la cotidianidad del fútbol. El Mirandés tenía diez futbolistas en plantilla a falta de dos semanas para el inicio del curso y al cierre del mercado armó un vestuario con 16 novedades, doce de ellas correspondientes a jugadores cedidos. El éxito de la Real Sociedad y el Athletic Club se refleja en el espejo de la entidad rojilla. Cinco de estas altas llegaron de las dos canteras vascas. Siguiendo con la territorialidad norteña, dos más firmaron cedidos del Alavés. Uno de ellos es la estrella del conjunto de Lisci, Joaquín Panichelli, el ejecutor. El argentino aterrizó en Vitoria en 2023. Entonces formó parte del filial. Cuando apareció la opción de ser feliz en Miranda no lo dudó. A diez jornadas del epílogo suma quince dianas. Sigue soñando.

El método Mirandés representa el mejor catalizador entre la élite y el segundo peldaño. Una de las claves del éxito reside en la humildad, una virtud que cada vez se estila menos en el fútbol patrio. De hecho, las antípodas del concepto han llevado a la ruina a más de un club. La eficacia del modelo deportivo no se queda solo en el césped. El banquillo también se transforma en un asiento eyector. Por el club burgalés han pasado técnicos que ahora lucen en el panorama nacional e internacional como Borja Jiménez (Leganés), Iraola (Boremouth), José Alberto (Racing de Santander) o Joseba Etxeberria. Si echamos la mirada al verde, han vestido de rojillo Beñat Prados, Vivian, Nico Jackson (Chelsea), Juanlu, Riquelme o Camello, entre otros. No puede ser casualidad.

El Mirandés tenía diez futbolistas en plantilla a falta de dos semanas para el inicio del curso y al cierre del mercado armó un vestuario con 16 novedades

Para entender el éxito del Mirandés, hay que detenerse en aristas determinantes que marcan la diferencia con respecto a otros proyectos, incapaces de rentabilizar su presupuesto como lo hace Alfredo Merino en la entidad castellana. El Mirandés es la audacia del Lazarillo de Tormes. La fuerza de las espinacas de Popeye o la pócima de Panoramix. Anduva son las Galias, bien pertrechadas para defender sus dominios por encima de todo. Y Miranda. La ciudad también tiene lo suyo. Siempre ahí, en la sonrisa y en la congoja (el año pasado se salvó de milagro). Todo lo que venga es un premio mayúsculo.

Por eso, el Mirandés ha convertido su estadio en un infierno para el rival. Es el mejor local de la categoría. Solo ha cedido puntos contra el Granada (única derrota), Zaragoza, Cádiz y Sporting. Anduva es una miniatura del típico estadio inglés. El eco de las gargantas atormenta al adversario y revoluciona el motor de los de Lisci para convertirles en un Fórmula 1 con prestaciones de todoterreno. Es como si Fernando Alonso fuera capaz de volar sobre el asfalto de Monza y las dunas del Dakar con el mismo coche. Es algo difícil de entender, pero la cosa va por ahí.

tuvo que cancelar partidos de pretemporada por falta de efectivos

Lisci cincela uno de los mejores argumentos para comprender el milagro de Anduva. Pasó sin mucha gloria por el Levante y en Miranda ha encontrado la horma de su bota. El italiano es valiente, directo. Como su plantilla. Conoce el talento que tiene entre manos y sabe exprimir su juventud para situar al grupo por encima de cualquier contexto individual. Es el primero que escapa de la presión. Sabe que su temporada ya es un éxito y reconoce que no le asusta pisar la cima de la tabla, en la que ha estado al finalizar las jornadas 27 y 30. 16 victorias, siete empates y ocho derrotas en 31 duelos disputados. No es ficción. Es la vida misma. Un club con un valor de mercado de algo más de diez kilos, un vestuario que no supera los 25 años de media y un estadio convertido en una olla en plena ebullición, en el que la hinchada rojilla mete siempre el primer gol.

Restan diez jornadas para que el fútbol vuelva a demostrar por qué es diferente. La historia del Mirandés te reencuentra con la esencia del deporte, los valores por encima del talonario. No siempre se da, pero cuando sucede, no hay mejor plan que disfrutarlo. Por eso, Anduva seguirá empujando para que el milagro de Miranda se asome al escaparate de Primera. Palabras mayores. ¿Quién dijo miedo?

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