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Juan Díez Regidor
Mojados
Domingo, 30 de marzo 2025, 20:30
El Mojados perdió por quinta vez consecutiva en esta liga. No consigue revertir una dinámica que empezó siendo anecdótica, pasó a ser preocupante y ha llegado al punto de encender las alarmas. Su verdugo, este domingo, el Becerril, que abrió el marcador cuando mejor estaba y lo cerró cuando peor lo pasaba. A perro flaco todos son pulgas. Y la quema se asoma a siete puntos, aún lejos, pero menos.
En poco tiempo el Mojados se vio obligado a hacer lo que llevaba sin lograr cinco partidos: marcar. En cuanto el Becerril dispuso de una clara. Bueno, más bien la segunda, pues la primera la salvó Mateo sobre la misma línea. Fue el más activo del primer acto, pues un minuto antes de salvar un gol en contra había estado a un palmo de celebrar uno a favor. La sacó Tapias, con una buena respuesta de reflejos.
CD Mojados
Pablo; Mateo (Jaime, min. 81), Churu, Méndez, Andrés (Colino, min. 46); Cerro, Vallejo (Javi León, min. 33), Cada, Alfon, Alvi; y Jorge (Collado, min. 81).
0
-
3
Becerril
Tapias; Bonalde (Guti, min. 68), Merino, Sierra, Arranz, Amado; Isma (David, min. 59), Simal; Pablo, Conde (Blanco, min. 76) y Mikel.
Árbitro: Téllez de Meneses (Salamanca). Amonestó a los jugadores visitantes Conde y Mikel.
Goles: 0-1 Isma (min. 22). 0-2 Pablo (min. 77). 0-3 Pablo, de penalti (min. 89).
Incidencias: Municipal de Mojados. 320 espectadores.
Peor suerte corrió su homólogo. Pablo se encontraba demasiado adelantado cuando Isma la pegó directa desde la banda derecha. Con violencia y ajustada, rompió la red. Se adelanta el Becerril que, ciertamente, había hecho hasta entonces mucho más por ello que su rival.
La apuesta palentina de los carrileros funcionó. Por las bandas generó superioridad a un Mojados que empezó achicando. Estaba anestesiado y le tocó trabajar de lo lindo para que los centros no se transformaran en claro peligro.
Además de Mateo, Cerro firmó un amago de ocasión, por añadir algo más del ataque local en otro primer tiempo verde tirando a marrón. Le costó aparecer, pero al menos apareció, hecho que no sucedió con las amarillas de un árbitro empeñado en alargar la primera hasta la extenuación. Con el plantillazo a Alfon ya era lógico pedirla; con la entrada a Alvi pasó a ser una temeridad no sacarla.
Y más rato que estuvo. Hasta el 73, cuando sacó dos de golpe, como si hubiera entrado en bonus. El colegiado cambió, como también el Mojados en un segundo acto en el que Diego Macón modificó el esquema y los jugadores, la actitud. Ya era hora. Había que llamar al gol por la vía que fuera, suplicarle si es preciso. No se puede decir que no se intentara, pero se llegó a la conclusión de que el balón no entra en este campo ni queriendo.
Colino nada más entrar no anduvo fino en el mano a mano, tras pase extraordinario de Alvi; otra del propio Colino, de falta, en el que el portero hizo la estatua; otra de Cada que se marchó fuera; y una que entre Alvi y Colino en vez de dar a la pelota dieron en el pecho al portero... y entre tantas, gol del Becerril.
Porque todo lo que puede salir mal, sale peor en el Municipal. Churu quiso regatear cuando no tocaba y Pablo se la birló. Y claro, todo lo que se falla en una portería no se falla en la otra. Levantar esto ya era un prodigio.
Y no está el horno ni para épicas ni nada que se asemeje a día de hoy. El Mojados debe recuperar, además de piezas claves ausentes, su identidad, desde el principio, es decir, a través de un gol que no se canta desde hace 500 minutos. Y sin gol no hay fútbol. El final de temporada se encamina al sufrimiento, y para colmo de males el Becerril hizo más sangre desde los once metros y completó la goleada.
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