Esta vez, seguro que no
Los Hispanos nunca son favoritos, pero siempre dan algo. Y la causa hay que buscarla en el gran trabajo que se hace desde la base
Javier Larrea
Domingo, 30 de enero 2022, 20:01
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Javier Larrea
Domingo, 30 de enero 2022, 20:01
Con esta frase lapidaria, inauguro cada gran campeonato de la selección española de balonmano masculino, y también contesto a quienes me preguntan ¿como van a ... quedar los Hispanos?
Y una vez más, como cada campeonato, como siempre, esos que «no lanzan de fuera» y «no manejan el balón como los nórdicos», los que «no tienen una gran figura», ni son los más altos, y seguramente, tampoco los más guapos, esa gente, los Hispanos, me meten un «zasca» que me pone a orbitar.
A estos argumentos contundentes (todos discutibles), unimos que llegábamos sin el imprescindible Alex Dujshebaev, sin Dani, y secándonos las lagrimas con la retirada de Raúl Entrerrios.
Pues con todo esto, los Hispanos lo han vuelto a hacer, se han vuelto a meter en otra final.
Mientras escribo esto, no sé de que color será la medalla, me da lo mismo (mentira), lo que no me da igual es como se ha «cocinado», vamos con mi receta del éxito de los Hispanos.
Claves hay muchas, trabajo, inteligencia, optimización máxima de los recursos, garra, corazón, más garra y más corazón. Estas las conocemos, pero falta el ingrediente principal, los cocineros.
Los cocineros son unos seres diminutos en relevancia, casi invisibles, pero son el corazón del balonmano, ponen el latido y lo hacen posible, estoy hablando del entrenador de base.
El entrenador de base es ese muchacho/a que aunque tenga 60 palos tiene la ilusión de un crio, entrena por nada o casi nada, en un pabellón, o en un gélido patio de colegio y es la causa principal de esta medalla de los Hispanos.
Y lo es por que se ha visto el Europeo entero y lleva diez días preguntándose como enseñar a sus cadetes a robar el balón como Aleix, o hacer las ayudas defensivas de Peciña.
Y es que Agustín Casado también fue infantil, Cañellas aprendió el dos contra dos en cadetes, y Pérez de Vargas tuvo un entrenador en alevines que no controlaba mucho la portería, pero le ayudó a hacer «el espejo» con el lanzador.
Así que, cuando vaya a buscar a su hijo/a al entrenamiento, haga un guiño al entrenador, o dele las gracias, por que él no llegará al staff de la selección, pero su trabajo seguirá alimentando a los Hispanos (o a las Guerreras) y estos con su ejemplo abastecerán de niños y niñas los patios de colegio.
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