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Babilafuente, en la meseta salmantina, y con escasos 900 habitantes, se convirtió este lunes en un hervidero -y no por el (casi) deseado calor propio de finales del mes de julio-.
El municipio charro, fiel a su pasado comunero, vivió un nuevo capítulo reinvidicativo, esta vez con Alberto Chicote en el papel de Don Pedro Maldonado. El popular chef rodó en la localidad su nuevo programa de televisión, que estrenará a principios de otoño en clave de denuncia alimentaria.
Con el trasfondo de las denuncias realizadas por las extrabajadoras de la residencia de ancianos del municipio sobre el estado de los alimentos y su manipulación, Chicote y dos equipos de grabación -con un total de diez personas- se plantaron poco después de las 12:00 horas en la Plaza Mayor de Babilafuente para recoger testimonios, entre ellos los de Nieves Alonso, representante en su día de los trabajadores del centro geriátrico.
Alonso, vecina del pueblo, acompañó a Chicote por las calles, mientras explicaba al chef y a las cámaras el porqué de las denuncias realizadas sobre la alimentación en la residencia.
El popular cocinero, presentador de espacios como 'Pesadilla en la Cocina' o 'Top Chef', intentó entrar con su equipo en el centro para mayores, sin demasiada suerte, ante la negativa de la residencia a grabar para el programa, según ha explicado la propia dirección. «Solo va a servir para dar protagonismo a algo que no lo tiene. Buscan el amarillismo», han defendido desde el complejo salmantino.
Chicote y su equipo estuvieron en Babilafuente durante seis horas, y abandonaron la localidad poco después de las 18:00 horas.
Sin embargo, el chef y los demás miembros de la productora hicieron «un breve» descanso en el Café Bar La Esquinita donde comieron varios bocadillos.
«Querían algo rápido. Cuando han entrado y después de verle en televisión he pensado vaya nervios... Pero después he dicho para adelante... Nos han dicho que les ha gustado todo», afirma Jonatan González, propietario y cocinero del establecimiento.
«Nos han pedido bocadillos de beicon, lomo y pancenta. Han tomado refrescos y los respectivos cafés», afirma González, quien subraya que los visitantes no quisieron utilizar una sala reservada para evitar las miradas o las fotos. «Nosotros hemos sido muy discretos. Nos hemos hecho una foto y les hemos tratado como a los demás», concluye.
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