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A veces, cuanto más grande es un hombre, con mayor humildad y modestia se presenta ante los demás. No es lo habitual, pero así se muestra el prestigioso arquitecto navarro Rafael Moneo. La larga lista de reconocimientos, irreproducibles en este artículo, indica que no es una persona carente de ambición profesional. Rafael Moneo acumula numerosos galardones, aunque, quizás, los más importantes sean el Premio Pritzker de Arquitectura 1996 y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2012. Pocos saben que, además de diseñar y firmar destacados edificios, es también un sencillo bodeguero en Valladolid, en concreto en Olmedo.
Nunca ha querido que su prestigio como arquitecto sea la causa de que se compren sus vinos. Sencillo, afable y profundo y, al mismo tiempo, con carácter y exigente, Moneo intenta eludir los comentarios sobre sus propios vinos durante una visita y una cata en las instalaciones de Bodegas y Viñedos La Mejorada, situada en un antiguo monasterio. «Los vinos tienen que hablar por sí mismos», «Que sea el vino el que convenza a los que lo compren», asegura el arquitecto.
Detrás de sus vinos hay mucha historia. Rafael Moneo se enamoró de la capilla mudéjar del monasterio de Santa María de La Mejorada, que descubrió en estado ruinoso. «Estaba desmoronado como si fuera un azucarillo», apunta. Su restauración, de la que se siente orgulloso, se ha convertido en un reto para el prestigioso arquitecto navarro, que ha dedicado tiempo y dinero a recuperar el antiguo claustro del monasterio, la casa del peregrino construida en el siglo XVII, el palomar del siglo XVI, varios almacenes y casas de labranza, dos norias y las cercas que rodean el recinto. Está pendiente una intervención respetuosa en el lugar más emblemático: la capilla mudéjar, cuya planta dibujada por el propio Moneo es la imagen de marca que visten sus vinos.
Moneo ha firmado bodegas, como la de Chivite en Navarra –hoy propiedad de Arínzano– y la de Descendientes de J. Palacios en el municipio de Corullón, en El Bierzo (León); ha proyectado museos nacionales, como el de Arte Romano de Mérida; y ha construido catedrales, como la de Los Ángeles (USA), entre otros muchas intervenciones. Pero, en este caso, Rafael Moneo se ha empeñado en reconstruir el pasado para albergar su propio proyecto vitivinícola.
La actual sala de catas formaba parte de la casa del peregrino, en la que se hospedaban los comerciantes que viajaban por la cañada real camino de Medina del Campo a las ferias. Sus vinos Las Cercas, Tiento y Palomar de la Reina, el último lanzamiento de la bodega, son los protagonistas. Finalmente, Moneo habla, sobre todo para ensalzar el trabajo de Álvaro Bernardo, enólogo de la bodega desde 2003, y del resto del equipo. El equipo técnico cuenta también con la colaboración del enólogo francés Florent Dumeau.
Rafael Moneo cató varios de sus vinos para los lectores de Degusta. Palomar de la Reina 2018 es el último lanzamiento de La Mejorada.
Las Cercas 2015. Este vino es el resultado de la mezcla de dos variedades que comparten suelo y que se complementan, la finura y la elegancia del syrah (40%), con la rusticidad y adaptación del tempranillo (60%). Un vino fino, elegante y complejo en nariz, con fruta negra fresca, flor de violeta, especiados, balsámicos y torrefactos. En boca es equilibrado, con taninos sedosos; fresco y afrutado. Cuesta 17 euros.
Tiento 2015. Estamos hablando de un vino de autor que sale al mercado por 42,50 euros. El vino es fresco, elegante, fino y complejo, especiado, con fruta negra madura y tostados elegantes en nariz. En boca es potente y equilibrado, carnoso, y el final afrutado y especiado.
Palomar de la Reina 2018. El tiempo es la clave de su vinificación. En nariz es fino, elegante y complejo. Fresco, equilibrado, carnoso y con estructura en boca. Su precio es de 47,50 euros
La Mejorada Las Cercas 2015 procede de las uvas de la parcela nombrada así en honor a las tapias del monasterio. El tinto se elabora con las variedades tempranillo y syrah, fermentadas y envejecidas por separado, antes de elegir la mezcla o 'coupage' que será embotellada. «Es un vino elegante y refinado», apunta Moneo. La sorpresa llega al comprobar que el vino de la añada 2004 sigue vivo. El enólogo afirma que buscan «vinos que puedan emocionar ahora y en el futuro».
Desde el principio, Rafael Moneo tuvo claro que quería elaborar tintos. De ahí que esta bodega sea una isla en medio de un territorio de blancos como la Denominación de Origen Rueda y sus vinos se comercializan con la marca de calidad IGP Vino de la Tierra de Castilla y León. El bodeguero decidió elaborar tintos porque piensa que son vinos en los que «se aprecia mejor la mano del enólogo, que puede depositar en ellos más virtudes». Espera que sus vinos sean «honrados, francos, limpios y elegantes». Confiesa que buscaban «un 'terroir' que permitiera elaborar vinos de Castilla distintos»; «un lugar muy preciso que se traduce en un gran vino; me gustaría pensar que está pasando». Reconoce que estaría satisfecho si llegan a «ser capaces de dar vida a un gran vino, al estilo de los Mauro (Mariano García) o Abadía Retuerta».
Para el arquitecto «los rosados son para abrir boca y los blancos tienen mucho misterio». No descarta embarcarse en el futuro en un vino blanco, «cuando hayamos resuelto otras cosas». Entre ellas, seguir con la restauración.
En esa búsqueda por extraer lo mejor del terreno entra en juego también uno de sus vinos más singulares, Tiento 2015, que describe como «una prueba o ensayo». Este vino, del que solo elaboran 2.500 botellas, es diferente cada año. Las uvas son seleccionadas en las parcelas y cepas que mejor maduran cada año entre las diferentes variedades de la finca (tempranillo, syrah, merlot, malbec y cabernet sauvignon). Se elaboran todas las castas juntas, como antiguamente. Se maceran y realizan la fermentación maloláctica de barricas nuevas (50%) y usadas.
Palomar de la Reina 2018 toma su nombre del último edificio restaurado por Moneo. El vino es 100% de la variedad syrah y está elaborado con las uvas recolectadas en tres jornadas distintas. Se trata de un tinto con 20 meses de crianza en barrica de roble francés, orgánico, hecho con tiempo y sin prisas. Producen 1.500 botellas. El arquitecto admite que es «un atrevimiento en tiempos en los que parece que solo se vende lo autóctono», aunque considera que eso no tiene que significar exclusión. Su objetivo es que esta casta francesa, la syrah, «brille como puede brillar en el Ródano», y se siente «orgulloso y honrado» de que se haya adaptado a estas tierras de Olmedo.
En este sentido, defiende «la universalidad y la capacidad de que tierras distintas den grandes vinos con el mismo tipo de uvas», aunque en este caso sea una variedad foránea. Otro vino, Villalar, rinde homenaje al comunero Juan de Padilla, que estuvo enterrado en La Mejorada después de ser ejecutado.
El arquitecto navarro reflexiona en torno al vino. Se maravilla de «la existencia de algo que se consume de un trago y permanece en la boca después de unos minutos», y que genera «sensación de bienestar». Por eso, desde su punto de vista, es precisamente «el vino tinto el que deja ese poso, provoca buen ánimo y calma el cuerpo».
Moneo describe el vino como «néctar de los dioses porque te asciende a las alturas, te lleva a umbrales desconocidos y te acerca un poco al cielo». Considera que es «esa recompensa que acompaña a los héroes». «Hay algo trascendente en nuestro paso por el mundo y, precisamente, pasa porque los demás nos quieren y nos valoren, es de justicia», señala. Reconoce que la bodega «no es un proyecto sin ambición» y que le gustaría que se les reconociese su trabajo.
El nombre de La Mejorada tiene su origen en el siglo XIV, cuando María Pérez, vecina de Olmedo, recibe una mejora en la herencia de sus padres que incluía las tierras donde hoy se emplaza Bodegas y Viñedos de La Mejorada. Devota de la Virgen, levantó una humilde ermita. Ya en el siglo XV, una pequeña comunidad de monjes jerónimos construyó allí un monasterio, que contó con el patrocinio del Infante Fernando de Antequera, quien pasaría a ser Fernando I de Aragón, tras el Compromiso de Caspe. Fue Velasco Hernández Becerra, contador del anterior, quien construyó la capilla mudéjar como panteón familiar.
Pero, ¿cómo llegó Rafael Moneo hasta Olmedo? Fue en el año 1999, de la mano de dos socios a los que, finalmente, Moneo les compró las acciones para seguir con el proyecto junto a su mujer y sus hijas. Lo que más atrajo al arquitecto fue la capilla funeraria mudéjar con hermosas yeserías, declarada Bien de Interés Cultural en 1931. Destaca que «es lo más notable» y se muestra impresionado por «el trazado geométrico de la cúpula» de un bello edificio que «mantiene vivo el paso del tiempo».
«La capilla se levantó anexa a la iglesia, aunque estaba exenta», explica Moneo, antes de recordar que la iglesia fue destruida durante la Guerra de la Independencia. «La capilla mudéjar ha resistido esa destrucción atroz», puntualiza. Ya en el siglo XVI, la familia Fonseca construyó otra capilla de la que solo se conserva un arco. Tras la desamortización de Mendizábal de 1836, el monasterio pasó a manos privadas y empezó su proceso de ruina, después de haber sido un importante punto de encuentro que visitaban con frecuencia personajes de relevancia como los Reyes católicos, Carlos V y Felipe II. Muchos siglos después, los dominicos filipinos levantaron tres plantas y un torreón para instalar un colegio.
Lo primero que renovó Rafael Moneo fue el cercado de tapial que rodea la finca y que fue construido en el siglo XVIII. Ya en 2018, Moneo reformó el claustro dominico para instalar la bodega y elaborar del vino. En el flanco sur se emplazan la zona de recepción de la uva y la sala de elaboración, mientras que en los flancos norte y poniente se encuentra la sala de barricas con bóvedas de arista y columnas, antaño ocupada por el refectorio de los jerónimos. La bodega tiene capacidad para elaborar 120.000 litros, aunque en estos momentos se producen entre 50.000 y 60.000 botellas. La antigua sala de juegos del colegio de los dominicos alberga el botellero o dormitorio de botellas.
Todas las uvas de La Mejorada proceden de viñedos propios y la vendimia se realiza de forma manual, con cajas de 15 kilos, y de manera escalonada, a medida que maduran las diferentes variedades y parcelas. La producción media por hectárea es de 2.000 kilos, inusualmente baja.
La bodega cuenta con 45 hectáreas de viñedo plantados en terrenos con suelos arenosos profundos con un fondo arcilloso, muy diversos, y rodeados de pinares. También ha recuperado las puertas de la finca con orientación al sol naciente y al poniente, y ha adecentado la entrada a con un paseo franqueado por pinos. Los monjes tenían un lagar subterráneo con zarceras con forma de arco de ladrillo caravista, pendiente de restauración.
Las primeras cosechas de los vinos de La Mejorada se criaban en barricas de roble francés de 225 litros, pero con los años optaron por las de 300 y se han decidido por las de 500 litros con la añada de 2020. Un cambio con el que la bodega apuesta por vinos más afrutados, en los que la madera acompañe sin enmascarar las cualidades de las uvas. El 60% de los vinos se vende en el mercado nacional, sobre todo en restaurantes, tiendas especializadas y clientes finales; mientras que el 40% restante se destina a la exportación. En tiempos de pandemia, también han visto acrecentar sus ventas en las plataformas digitales de vino.
La última obra restaurada por Rafael Moneo es el palomar de principios del siglo XVI, que fue un regalo de Isabel de Castilla a los Jerónimos, según está documentado. Aunque por el momento esté vacío, el propio arquitecto seña que están interesados en que algún restaurante de la zona se haga cargo de los palominos para que lleguen a la mesa. Impresiona la techumbre de madera de ocho metros de diámetro recién intervenida. Moneo recuerda que el palomar respondía a una economía de subsistencia, como escribe Cervantes sobre su personaje Don Quijote, que degustaba «algún palomino de añadidura los domingos».
Tanta historia acumulada y la hermosa finca merecen una visita y aprovechar la ocasión para probar los singulares vinos que elabora el ilustre arquitecto en La Mejorada.
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