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Sin ellos, no hay Seminci. Puede haber famosos, alfombras o premios, pero sin su trabajo, nada de esto sirve para mucho. Son los proyeccionistas del ... festival, que desde su sala ubicada en un lugar privilegiado del teatro se encargan de lo más importante. Que el espectador vea la película sin problemas. Su labor ha cambiado mucho con los años, desde los proyectores de celuloide a los digitales. El teatro Zorrilla es un espacio entre dos épocas, allí se ubica el único proyector de 35 milímetros de la Seminci. La mala suerte ha querido que esta sea la primera edición del festival donde no hay proyecciones en este formato, que todavía sigue vivo gracias a las filmotecas. De hecho, el año pasado hubo cinco películas proyectadas en este proyector.
La persona que guarda este pequeño espacio del teatro Zorrilla es Matías Villegas, su proyeccionista. Justo le acaba de llegar un disco duro con dos películas, 'The Siren' y'Mamacruz'. Esta última la proyectará el miércoles, pero el trabajo requiere de anticipación. «Lo primero es cargar la película. Son archivos muy pesados –una media de 25 gigas– y hay que ingestarlos en el proyector. Es un proceso que tarda unos minutos, la cinta queda guardada y ya está disponible para proyectarla. Con esto se ha perdido la antigua labor del trabajo con el proyector de celuloide», explica. La técnica ha avanzado y los progresos tecnológicos han permitido que el festival pueda proyectar una misma película en diferentes sedes de manera simultánea. «Todo ha cambiado. Recuerdo una feria de cine en la que estuve en Amsterdam a finales de los noventa. Allí se hablaba ya del proyector digital y era algo que sonaba muy lejano. Ahora es lo que impera», relata.
Tras este trabajo previo al comienzo de la película llega el momento de la verdad. Villegas comenta que en los cines comerciales se puede programar para que la proyección comience a una hora exacta, pero en la Seminci hay ligeras variaciones. «Esperamos a que sea la hora y de manera manual comenzamos la proyección. A veces también se puede dejar cierto tiempo de rigor si no ha llegado todo el público a la sala», explica. Una vez comienza la proyección, tiene la labor de vigilar que no haya ningún problema. Imagen y sonido, que el espectador disfrute de la experiencia es su responsabilidad.
Villegas estará toda esta semana en esta sala del teatro Zorrilla, entre los dos proyectores, el digital y el de 35 milímetros. Sobre una mesa también hay un pequeño rollo de celuloide, que tendrá que esperar hasta 2024 para, si el destino quiere, ser proyectado en una sala repleta para luchar contra el olvido.
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