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Casi sesenta años median entre las dos obras del programa que interpreta la Orquesta Sinfónica de Castilla y León esta semana. En 1953 ... Shostakovich escribe su 'Décima sinfonía', entre el alivio por la muerte de Stalin y la incógnita de si por fin podría componer sin la servidumbre de las premisas estéticas soviéticas. En 2014 el escocés James MacMillan compone su 'Concierto para percusión nº 2', tras el éxito del primero (1992) escrito para Evelyn Glennie (que lo interpretó con la OSCyL también). En ambos Elim Chan, la directora que ocupa el podio de la OSCyL, encuentra un parecido uso de las maderas, los fortísimos que terminan en gritos de la cuerda, la intensidad en las partituras y una ineludible presencia del ritmo. «Las dos obras expresan oscuridad y locura, por diferentes razones ya que pertenecen a circunstancias y tiempos distintos», dice.
Chan salió de Hong Kong a los 18 años. La primera mujer en la lista de ganadores del Concurso de Dirección Donatella Flick siente una especial emoción al dirigir esta sinfonía, «ya que Hong Kong ha vivido tiempos convulsos. Hace tres años hubo protestas multitudinarias en las calles de gente joven luchando por sus sueños y por la democracia. Luego llegó la pandemia y han cambiado muchas cosas. Detuvieron a directores de periódicos que no decían lo que régimen quería leer y mucha gente ha perdido su trabajo». Estos acontecimientos hacen que Chan sienta cerca la angustia de Shostakovich. «Escuchamos lo que esos años hicieron en él, percibimos tristeza, miedo y, quizá, paranoia. Aunque el dictador estaba muerto, su influencia es tan importante que el compositor aún debía vigilar su música. Los dos últimos movimientos rondan la idea de que Shostakovich se enfrentaba a su destino: ser un artista libre o no».
Un camión desde Holanda ha traído algunos de los instrumentos de Dominique Vleeshouwers, entre ellos el alúfono (aire a través de las campanas), patentado hace una década. «La percusión vive un desarrollo portentoso. Me gusta trabajar con los compositores, experimentar nuevos sonidos y encontrar las limitaciones de cada instrumento. Antes de abordar una obra nueva hay dos semanas de investigación. Si nos fijamos en el set de ahí, hay 16 tubos, fruto de buscar. Mi labor es un poco como el pintor que encuentra en la mezcla de pigmentos el color deseado». El 'Segundo concierto', de MacMillan, «supone una nueva escritura en su obra. Es una pieza abstracta en la que el intérprete va de la marimba al tambor, del vibráfono a los crótalos como un loco. Pero también demuestra que la percusión puede ser poética y sensual».
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