

Secciones
Servicios
Destacamos
Joaquín Díaz está acostumbrado a recibir galardones. Incluso algunos tan importantes como el Premio Castilla y León de Humanidades, el Nacional de Antropología, el de ... la Academia de la Música o la SGAE. Pero la distinción que acaba de concederle la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes (AIE) es la primera que resalta sus cualidades como intérprete y cantante. Un talento que nadie discute, pero que ha sido eclipsado por el peso de su trabajo general como investigador o divulgador del folclore.
Y, sin embargo, las cualidades vocales e interpretativas de Joaquín Díaz siempre han estado ahí. El experto José Ramón Pardo, que le ha editado varios discos en su compañía Rama Lama, destaca su talento para «pasar a limpio» el legado de la tradición. Un 'pasar a limpio' que tiene que ver con su forma de arreglar los temas, desde luego, pero, sobre todo, con su forma de cantarlos, con esa voz aterciopelada, cálida y casi hipnótica que transporta al oyente a otro mundo más armónico, en el que parecieran no existir ni la crispación ni el estrés.
«Mucha gente me ha dicho que mi voz les tranquiliza y que es como una terapia», reconoce Joaquín Díez en conversación con este diario, tras ser informado de la concesión del premio nacional de la AIE. Habla de ello desde fuera, como si se tratara de otra persona, porque para él la voz fue siempre, sobre todo, un instrumento orientado hacia la comunicación y la divulgación. «Quizás porque fui consciente desde el principio de que no tenía las cualidades de Plácido Domingo», explica con humor.
No será el gran tenor, pero la tradición suena en su voz de un modo muy personal, más melodioso y apacible, menos áspero. Poco que ver, en realidad, con el tipo de canto del que parte, el recopilado oralmente tras miles de kilómetros de investigación, pateándose todos los pueblos de Castilla León. La tradición oral callejera suena a veces picuda, gritona, cantarina, no siempre afina, y está más atenta a la expresión y a la preservación de algo ligado a la emoción y al recuerdo personal que a la perfección formal. Joaquín Díaz coge todo eso, lo ordena, lo limpia, lo pule y lo presenta de un modo sustancialmente distinto, más agradable para los oídos urbanos contemporáneos. «A veces algunas personas me han comentado su sorpresa al ver la gran diferencia que hay entre los temas originales y mis versiones», reconoce. «Y es que cuando yo los arreglaba parece que lograba acercar esa música a un tipo de oído musicalmente más exigente».
Este trabajo de transformación puede interpretarse como una traición a la tradición, si uno se instala en una posición purista, o puede verse como lo que es: como la seña de identidad de un intérprete con personalidad propia que toma ingredientes del legado recibido para construir su propia obra. Los discos de Joaquín Díaz suenan siempre a Joaquín Díaz, sea cual sea el estilo musical o el género que aborde. Ese es el rasgo que define la identidad de un intérprete, el ser reconocible, y ese es, sin ninguna duda, el caso del vallisoletano Joaquín Díaz.
«No me gusta escuchar mis discos porque todos los defectos que entonces intuí, ahora los percibo magnificados, y me arrepiento de no haberlos corregido», admite. «En su momento, en favor de la naturalidad y la espontaneidad dejaba cosas que, a lo mejor hoy día, con un mayor conocimiento y otro criterio más exigente, no hubiera dado de paso», explica el impulsor del Centro Etnográfico de Urueña y la Fundación Joaquín Díaz.
Podría añadirse otro motivo más para que rehúya volver una y otra vez a su obra: no tendría tiempo para escuchar nada más, porque su producción es verdaderamente gigantesca. Más de 80 discos propios aparecen en la relación discográfica que recoge la página web de la Fundación Joaquín Díaz, a los que habría que sumar algunas decenas más de grabaciones de otros que él ha producido, o con los que ha colaborado. Una labor enorme, si bien una parte importante de ella es actualmente inaccesible para el aficionado porque no ha sido reeditada o está agotada.
En sus comienzos la música de Joaquín Díaz estuvo asociada al romance, género al que dedicó siete discos diferentes. Un trabajo que está bien representado en 'Cancionero de romances', una recopilación editada por Warner hace unos años. «El romance es la puerta principal de acceso a la tradición y siempre me gustó mucho. Es un género que destaca porque cuenta historias a través de una melodía muy popular y atractiva. Pero cuando ya has hecho siete discos de romances decides hacer otras cosas». Las canciones infantiles, que recopiló en los cinco discos de '100 temas infantiles'; la música sefardí ('El alma es dulce', 'Romanzas y cantigas sefardíes', 'Alta, alta es la luna') y los cantos populares son algunos de los campos en los que más ha trabajado, así como discos de temáticas religiosas ('Navidad en Castilla y León', 'La Santa Misión', 'Cuaresma, Semana Santa y Pascua en Castilla y León', o 'Rogativas y cantos para pedir agua'). Por otra parte, aunque buena parte de su trabajo se ha centrado en repertorio tradicional de Castilla y León no ha desdeñado tampoco explorar otros territorios, como muestran obras como 'Canciones españolas en el sudoeste de Estados Unidos', 'Canciones de la guerra de la Independencia recopiladas por Federico Olmeda', 'Canciones de la comunidad de Madrid' o 'Cantares de Tetuán», entre otras muchas producciones. Y en todas ellas se detecta su sello personal.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Favoritos de los suscriptores
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.