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Le asombra a Caetano Veloso que los españoles apenas entiendan el portugués siendo una lengua hermana. De esa displicente dureza de oído salva a Miguel ... de Unamuno quien escribió «las observaciones más conmovedoras sobre la lengua portuguesa escritas por un extranjero», sostiene en sus memorias 'Verdad tropical', hasta el punto de que «cambiaron mi relación con las palabras». Veloso –cantante, poeta, actor, cineasta– será investido este lunes doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca, de la que fue histórico rector el bilbaíno.
Veloso (Bahía, Brasil, 1942) tiene concierto el miércoles en Madrid. Está de gira con 'Meu Coco', el disco que grabó durante la pandemia en su casa. Por primera vez, después de medio centenar de álbumes, todas las letras y toda la música son suyas. A cargo de la técnica, el joven Lucas Nunes. Músicos acompañantes, los tres hijos del cantautor. El hippy de los sesenta que luce ahora informal cazadora vaquera y camisa abotonada ha llegado a la segunda década del XXI con la oreja puesta en el rock y la electrónica que producen las nuevas generaciones. Antes del escenario de IFEMA, otro ambiente que no le es ajeno, el universitario.
Caetano nació en Santo Amaro, a 80 kilómetros de Salvador de Salvador de Bahía, epicentro del tropicalismo en los sesenta. En Santo Amaro cimentó sus pilares: descubrió el sexo, vio 'La Strada', leyó a Clarice Lispector y escuchó a Joao Gilberto. La música y la pintura eran las aficiones de quien estudió luego Filosofía en la universidad bahiana con la vaga aspiración de dedicarse a la escritura o al cine. No contaba con encandilar a sus compañeros en los conciertos de Vila Velha. Hasta ese momento escribía canciones a su hermana pequeña, llamada Maria Bethania por un vals. Él la descubrió la música y ella, el teatro.
En la universidad coincidió con Chico Buarque y Gilberto Gil, la segunda generación de la bossa nova, los creadores del tropicalismo. «Decidimos que nuestra materia prima sería una mezcla genuina de todo lo que sucedía en la vida cultural de Brasil», afirma Veloso. En la partitura trenzaron samba, jazz y rock, aunque el auge de este último era considerado una injerencia del gran vecino capitalista. En las letras, una mezcla de saudade y hedonismo atemperado por la brisa atlántica y la cachaça, como sus mayores, a lo que añadieron sus inquietudes sociales y políticas. Militantes de la música popular brasileña, reclamaron su sitio en el mapa de su inmenso país cuyo cambio podía tener como motor la cultura. Jobim, De Moraes, Gilberto y Jobim habían convertido a Río de Janeiro en la referencia musical. Los tropicalistas cantaron el girar del mundo desde las playas de Salvador de Bahía, a 1.630 kilómetros de la capital carioca. Celebraban su regionalismo, Itapua fue la nueva Ipanema.
Participaron en festivales y se dieron a conocer en la televisión. Veloso, que se consideraba «de agudeza musical mediana» y portentosa memoria para acumular repertorio, descubrió su placer cantando, recitando poemas propios y ajenos.
Un golpe militar impone la dictadura en Brasil en 1964 y sus trovadores «crean las canciones protesta más elegantes del mundo», dice Caetano. Terminaron la década en el exilio europeo. Veloso en Londres con Gil, Buarque en Italia. En 1971 Veloso tiene permiso para volver. El contacto con la música anglosajona amplía su arco sonoro, experimenta con los teclados y se convierte en productor. Desde entonces, Caetano y su guitarra no se han bajado del escenario. En paralelo, ha compuesto bandas sonoras, sobre todo para su amigo Julio Bressane, ha publicado libros y ha protagonizado películas ('O Mandarim'). Colecciona Grammys y la Academia le nombró persona del año en 2012.
Le aburre la política, ama a su país. La denuncia de la deforestación de la Amazonia y la violencia contra sus moradores, los indígenas, comenzó en los ochenta y se reactivó durante la presidencia de Jair Bolsonaro. «Lo único que parece peor que la política medioambiental es su actitud ante la pandemia de Covid-19», declaró quien es respetado como estrella popular e intelectual.
Veloso encabezó la multitudinaria manifestación en Brasilia de 2022 contra la política del ultraconservador en el pulmón del planeta. Apoyó a Lula en su primera etapa para luego rechazar la deriva populista mientras su amigo Gilberto Gil aceptaba la cartera de cultura siendo ministro entre 2003 y 2008.
Veloso sigue seduciendo al público con su susurro quedo y entre los temas nuevos reengancha su memoria sentimental con temas clásicos como 'Alegria' o 'Sozinho'. Desde los primeros compases se hace innecesario el micrófono. Almodóvar inmortalizó en 'Hable con ella' el 'Cucurrucucu paloma' de Caetano, arrastrando lentamente cada sílaba, a capela con chelo y contrabajo. El brasileño lleva a su terreno el clásico mexicano, en perfecto castellano. Quizá hoy se lo brinde a Unamuno.
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