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José Corredor-Matheos, en 2016, en las jornadas de poesía organizadas por El Norte de Castilla en Palencia. ANTONIO QUINTERO
José Corredor-Matheos: la tentación del silencio
Crítica literaria

José Corredor-Matheos: la tentación del silencio

«El rigor crítico suele desaparecer cuando el poeta alcanza el adecuado nivel de canonización, premios institucionales de por medio»

José Luis García Martín

Martes, 11 de octubre 2022, 11:05

«Muchos poetas han sentido la tentación del silencio», escribió Eugénio de Andrade. Una tentación ligada a menudo a la influencia de la poesía oriental. En José Corredor-Matheos comenzó hace casi medio siglo con la publicación de 'Carta a Li-Po' el año 1975. Antes era un autor que en la estela de sus compañeros generacionales, los poetas del cincuenta, entremezclaba lenguaje coloquial con preocupaciones sociales. La patria que buscábamos se titula uno de sus libros y en él se incluye un poema dedicado a la muerte del Che Guevara: «Hoy han matado a un hombre: / a un camarada vivo. / Camarada de todos, / enemigo / de lo que estaba muerto / ya y podrido».

José Corredor-Matheos, nacido en 1929, el mismo año que Valente y Gil de Biedma, en su primera época es más considerado como crítico de arte que como poeta. A partir de 'Carta a Li Po', el libro en que se despoja de la retórica convencional y sonetil, se pone del lado de los poetas innovadores del momento, de los que buscan una poesía despojada en los límites de la palabra y el silencio. Pero todavía hay en ese libro algo de pastiche orientalizante: «Soy un poeta pobre, / calumniado por el emperador, / que vive en la provincia / desde un siglo remoto». Ese «exfuncionario, / viejo estudiante / de mandarín frustrado» desaparece en los libros siguientes, que se aproximan, como 'Jardín de arena', a la poesía japonesa y participan cada vez más de la estética budista y taoísta.

A partir de 2004, con la publicación de 'El don de la ignorancia' —significativo título— la poesía de Corredor-Matheos alcanza una resonancia que no tenía hasta entonces. Abandona las editoriales minoritarias, obtiene el Premio Nacional de Poesía y pasa a ocupar un lugar destacado en su generación, cada vez más mermada. «El que resiste, gana», diría Camilo José Cela.

Los poemas de 'Al borde' tienen mucho de apuntes, de balbuceos antes del gran silencio. La propia escritura —una hazaña, aunque sean unas líneas— se convierte en protagonista: «Qué fácil escribir / entrada ya la noche, / cuando estás agotado / y a la mano le cuesta / trazar en el papel / una letra tras otra. / Cómo vibra la noche, / expectante, / como si fuera a abrirse / y se hiciera la luz / dentro de ti. / Tú deseas entonces / que el alba tarde aún / o que no llegue nunca».

Ese primer poema ya nos anticipa el juego con la antítesis que caracteriza al libro. Lo que el poeta busca —y a menudo parece lograr— supone una contradicción: «Vivir en plenitud, / sin sentirse obligado / ni siquiera a vivir». El penúltimo poema nos habla de «vivir igual que el pájaro, / que no sabe que vive, / pero canta». Y el último de «vivir, vivir igual / que si ya no vivieras».

Con esta estética de la desposesión es difícil escribir varios volúmenes de extensión convencional. José Corredor-Matheos lleva décadas cortejando el silencio, subrayándolo sin incurrir —sería la negación del poema— en él. Pero el lector de sus últimos libros no deja de notar que no todos estos poéticos apuntes de pocas palabras son necesarios, que algunos parecen publicarse solo por necesidad editorial de alcanzar un determinado número de páginas. El rigor crítico suele desaparecer cuando el poeta alcanza el adecuado nivel de canonización, premios institucionales de por medio. Entonces los poemas dejan de ser considerados como textos literarios, se convierten en reliquias y cualquier reliquia es sagrada. Ejemplo de esos textosque son solo convencional paradoja: «No siendo, todo es, / y tú mismo estás / solo cuando no estás».

Los poemas a veces se agrupan en serie y adoptan un tono que podríamos considerar infantil (la sabiduría última se aproxima mucho a la sabiduría de la infancia). «Ser un pájaro, un pájaro, / y pasear vestido / como un hombre / sin sorprender a nadie», comienza uno de los poemas. Y otro: «¿No serás un ratón / en vez de un hombre? / Tú también, como él, / te tienes que ocultar / por tantas amenazas / como se ciernen sobre ti». Sobra quizá a veces la obvia moraleja de estas pequeñas fábulas: «¿Quién no preferiría / poder salir volando / cuanto antes de un mundo / que se cae en pedazos?»

Cada estética tiene sus riesgos. Esta poesía esencializada y al borde de la nada corre el de quedarse precisamente en nada. La poesía de circunstancias puede multiplicarse indefinidamente. En su ya citado libro 'La patria que buscábamos', homenajea Corredor-Matheos a Picasso, Alberti, Miguel Ángel Asturias y otros poetas y pintores. Ahora apenas si hay más nombre que el de Virgilio. «¿Qué hacía aquí Virgilio / sentado en ese banco?», comienza uno de los poemas prescindibles, que termina con un juego de palabras con el apellido del autor: «Pero no te preguntes / qué hacía él aquí / y corre, corredor, / a pedirle que escriba / este poema / que intentas hacer tú / inútilmente».

Pero Virgilio, aunque se cuenta que quiso quemar su Eneida por considerarla inacabada, nunca sintió la tentación del silencio. Algo de cavafiano, y no solo por el tema, hay en otro de los textos: «Odiseo eres tú, / que estás volviendo a Ítaca / y no acabas nunca de llegar. / ¿Será acaso que Ítaca / no existe, / que Elena nunca fue raptada, / ni Agamenón asesinado, / que los dioses no existen? / Estás solo y perplejo / frente al mar, / sin saber si has llegado / ya a Ítaca / o si nunca partiste».

Media docena de poemas que dan en la diana e insinúan lo que no se puede decir con palabras, esa alianza de contrarios que define a la vida y a la muerte, entremezclados con un montón de prescindibles apuntes —servidumbres de la industria editorial— constituyen la última entrega de José Corredor-Matheos. Los poetas no escriben libros, escriben poemas. En 'Al borde' José Corredor-Matheos añade un puñado de memorables poemas a su obra completa. Al lector no se le será difícil encontrarlos ni encontrar una amable disculpa para todo lo demás..

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