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Fernando Rueda es un veterano del periodismo de investigación, con varios libros en su haber, lo que otorga credibilidad a un asunto tan delicado como el que aborda en su último libro: la relación entre los servicios secretos españoles y la monarquía. Una relación que, según cuenta en 'Al servicio de su majestad', ha consistido en no pocas ocasiones en tapar y proteger a un rey, Juan Carlos I, que no duda en calificar de «imprudente».
«El futuro rey descubre la importancia de los servicios secretos cuando llega a España y es sometido a intenso espionaje por Franco durante veinte años», explica Rueda, que ayer presentó su libro en la librería 'Oletvm'. Entonces se da cuenta de que necesita tener a esos agentes de su lado, y esa será una de sus principales preocupaciones tras la Transición. De hecho, durante un tiempo logrará que los jefes del CNI sean personas de acreditada lealtad monárquica, como Emilio Alonso Manglano, Javier Calderón o Jorge Dezcallar, que asumirá como uno de sus cometidos el de proteger al rey. Protegerlo de las amenazas de sus examantes, como Bárbara Rey o Corinna Larsen, pero también de las situaciones comprometidas a que le llevaban sus necesidades económicas o sus malas compañías. Rueda trata todos estos asuntos con prudencia, distinguiendo lo acreditado de lo posible, pero el panorama que resulta es preocupante. «Juan Carlos I fue un rey imprudente», admite el periodista. «Nada que ver con su hijo, Felipe VI, al que no se conocen amantes, ni problemas de dinero, y que se aleja de las relaciones peligrosas en cuanto percibe el riesgo o es advertido».
Un ejemplo de la imprudencia del rey emérito con sus amantes está en el 'caso Bárbara Rey'. La actriz colocó cámaras y micros en su vivienda y chantajeó a la Casa Real, y al Estado, durante diez años, entre 1995 y 2005, amenazando con difundir las imágenes y audios comprometedores que tenía en sus manos.
«Los servicios secretos se cuidaron mucho de no usar dinero de los fondos reservados para esos pagos, que fueron financiados por empresarios y amigos del rey», explica Rueda. Pero a ellos hay que añadir los pagos 'en especie' que Rey recibió, en forma de varios programas de televisión que le fueron encomendados. «Pero en 2005 la nueva dirección del CNI dijo 'basta', dejó de pagar y advirtió a la actriz que se atuviera a las consecuencias».
El material que la actriz tenía no eran sólo imágenes sexuales, sino también audios comprometedores del rey hablando 'en confianza' de asuntos de los que no debería haber hablado con ella. «No adoptó las mínimas medidas de precaución».
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