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Fue al periodista José Luis Albareda al que se le ocurrió el nombre de 'Episodios nacionales'. Cincuenta novelas históricas publicadas en series de a diez, ... que al final se quedaron en cuarenta y seis. Uno de los más altos empeños de la literatura española de todos los tiempos. También fue Albareda –quien llegó a ser ministro de Fomento y de Gobernación– el que animó a Benito Pérez Galdós a publicar por entregas su segunda novela, 'La sombra', en 'La Revista de España'. El que le dio más tarde el relevo en la dirección de la misma. Y el que propició que empezara a firmar en 'El Debate'.
El periodismo, los periódicos y los periodistas fueron esenciales en la biografía de Galdós. La lista de las cabeceras para las que escribió suma más de treinta. Su capacidad para salir a la calle, para escuchar las voces del pueblo y para consignarlas después en su escritura, tiene también mucho que ver con el éxito de su obra. Constituye la base sobre la que forjó, al estilo de un Lope o de un Cervantes, lo mejor de su estilo. Fue el periodismo meritorio, a los 21 años, el que le apartó en primer lugar de las aulas de la Universidad. En las calles de Madrid vivió con una fuerte impresión los acontecimientos de la Noche de San Daniel. Y enseguida pudo contar como periodista el siguiente paso de la revuelta: el cuartelazo de los sargentos de San Gil. La proclamación de la Gloriosa le sorprendió de camino a Canarias desde París, donde había acudido como corresponsal a cubrir los fastos de la Exposición Universal de 1868. Dejó el barco en Alicante y llegó a tiempo a Madrid para contar la proclamación del gobierno provisional de Serrano, Prim y Topete.
Apenas unos años después, Galdós comenzó a alternar el curso periodístico, político y cultural madrileño con el veraneo en Santander. Allí hizo relación con Pereda y con Menéndez Pelayo, tan distantes en sus ideologías. Pero su gran amigo, sin embargo, fue otro periodista. José Estrañi, popularmente conocido como el Tío Calores, el Tío Pepe o, sencillamente, Pepe el Pacotillero (por sus célebres y satíricas 'Pacotillas', que se publicaron en toda España), llegó a Santander en 1877. Hasta la capital cántabra se fue, presuntamente desterrado, huyendo de la persecución de otro ministro de Gobernación, Romero Robledo, como consecuencia de la publicación de un artículo suyo en la revista 'La Mar Azul'.
Galdós acogió en Santander a Estrañi de la misma manera que lo había hecho unos años antes en Valladolid otro periodista, Francisco Miguel Perillán. Perillán, impresor, propietario y director de El Norte de Castilla, había protegido al periodista de innumerables hostigamientos, surgidos siempre a raíz de sus artículos en diferentes revistas satíricas, como 'La Murga' o 'El Trueno Gordo'. Con Luis Polanco, testaferro de Perillán en tiempos de enorme inestabilidad política, Estrañi se refugió en la redacción de El Norte. Y cuando el rotativo se quedó sin cabeza visible, en los días de la Revolución, sería el propio Estrañi el que saludaría a la Gloriosa desde sus páginas, firmando «por la redacción de El Norte de Castilla».
En Cantabria no cesarían las peripecias del Tío Pepe. Como miembro de la redacción de 'La Voz Montañesa', en 1881 recibió la excomunión (compartida con los editores, periodistas y lectores de otros dos periódicos más) por parte del obispo Calvo y Valero. Y unos años después fue condenado a tres años, seis meses y un día por un artículo en el que bautizaba a la Virgen de las Caldas como Virgen del Reúma. Los buenos oficios de Galdós impidieron que la sentencia llegara a ejecutarse. Como compensación, Estrañi comandó el homenaje al autor de 'Fortunata y Jacinta' en desagravio a la campaña de 'La Atalaya' de 1893, en la que se le calificaba de anticatólico y masón.
Juntos, Galdós y Extrañi trabajaron en el libreto de la ópera que compuso Ildefonso Moreno Carrillo sobre 'Doña Perfecta'. Chapí y Bretón acudieron al ensayo general, pero la obra no se llegó a estrenar. La que sí se estrenó en Madrid, con una polémica extraordinaria, y con la presencia en el teatro de personajes como Baroja, Azorín, Maeztu o Valle-Inclán, fue la 'Electra' de don Benito. El inicio de una batalla que le convirtió, si ya no lo era, en un anticlerical profundo. Eso los unió aún más. A partir de ese momento, por encima de ningún otro periódico español, 'El Cantábrico', del que Estrañi fue director desde 1895 hasta el día de su muerte, fue el medio 'oficial' desde el que se saludaban todos y cada uno de los éxitos del escritor. Galdós estaba en Madrid el 29 de diciembre de 1919, cuando murió en Santander su querido amigo y contertulio. Él mismo moriría sólo seis días después.
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