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Jesús Marchamalo hace acopio de palabras cada mañana, porque nunca sabe las que necesitará, sobre eso va 'Palabras' (Kalandraka). A partir de ahí elige en función de sus preferencias sonoras –esqueje le suena a óxido; tacón, a madera–, táctiles –lomera y bayeta son «bastas como una tela vieja» y duplicar e irreversible «como si tuvieran nervios»–, gustativas –sacramento y pigmentación se le hacen bola mientras que libélula se le deshace en la boca–. También las hay que le provocan asociaciones agradables como mimoso, alféizar o calima, «como compradas en una pastelería», que le suenan a música –vitola, asombro, noctámbulo–. Y el uso que los demás las dan relacionan lágrima, balada, verdor o mar con los poetas. Citando nombres propios, Marchamalo recuerda la querencia de Octavio Paz por la palabra nube, la de Borges por ámbar y cómo le divertía a Valle-Inclán con cursi, «que suena delgada y blanda como un globo de chicle». Por contra, Unamuno detestaba mocoso y Baroja propugnar.
'Palabras' es un álbum pegado a su título. Una meditación en torno a la arcilla con la que moldeamos la expresión de nuestras necesidades, nuestras preguntas, nuestros sueños o historias. Las palabras adquieren propiedades materiales, como una mercancía más, pueden ser cosificadas para elevarlas a los altares o lanzarlas al pozo del olvido. Jesús Marchamalo trabaja y goza con ellas. Más difícil lo tenía la ilustradora Mo Gutiérrez Serna que tenía que iluminar esa materialización de algo tan abstracto como la evocación personal que cada una provoca. Álbum que invita al juego con ese bien intangible y universal.
«Somos el principal problema que tiene este planeta y a la vez su mayor esperanza», sentencia José Ramón Alonso al final de 'Evolución en acción' (Thule), de la que el ser humano es su mayor ejemplo. «Cima del conocimiento humano», el concepto acuñado por Darwin a partir de sus indagaciones tras cuatro años a bordo del Beagle es explicado por el neurólogo vallisoletano en este álbum de espectaculares ilustraciones de Yolanda González. El libro habla de moléculas ancestrales y de las que son resistentes a los fármacos actuales, de los peces con patas a las mariposas de la luna azul que se impusieron a un parásito que las amenazaba en apenas cinco años, de las aves que no vuelan y de los genes humanos que suman evolución biológica y cultural. Solo el hecho de haya minoría de individuos con pelo rubio tiene en este álbum cuatro explicaciones. Apasionante aperitivo para sembrar el interés por la biología.
Buena parte de las preguntas de '¿Por qué no tenemos pelos en la lengua?' (Nórdica) les sonarán. Lo mejor es que los autores se las responden, con más o menos precisión, a los lectores más jóvenes. Entre la utilidad de las cejas y cómo se hacen los niños, se suceden 50 dudas en torno al cuerpo, sus funciones y sus secreciones. Por qué huele tan mal la caca es casi una broma comparada con de dónde salen los pensamientos. Que las uñas no paren de crecer, que necesitemos dos oídos o sobre la utilidad del ombligo son un escalón más. ¿Por qué se nos arruga la piel de los dedos de manos y pies cuando nos bañamos?, el por qué de las arrugas o el del final del crecimiento son dudas que encogen a cualquier adulto planteadas por los infantes en un momento a traición. Divertido, curioso y didáctico este álbum.
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