![No hay más que una, menos mal](https://s1.ppllstatics.com/elnortedecastilla/www/multimedia/202212/09/media/cortadas/Vigdis_Hjorth-2-kWXB-U180979376524TXH-1248x770@El%20Norte.jpg)
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Lleva treinta años sin verla y se convierte en su obsesión. Johanna dejó su Noruega natal y su matrimonio con un abogado para seguir a su profesor de pintura hasta Estados Unidos. Viuda ya, con su hijo emancipado, regresa a su país por una exposición ... y se establece a pocos kilómetros de su madre. '¿Ha muerto mamá?' es la pregunta de la que parte la novela de Vigdis Hjorth. En el haber de los acontecimientos no existe mucho más que contar. El libro es un soliloquio por momentos poético, psicoanalítico, descarnado y melancólico en torno a su relación con la progenitora.
Johanna se dirige a su hermana Ruth, la que «tiene el deber» de contestarla, quien vetó la comunicación con su madre porque es quien la cuida. En ese laberinto emocional al que se asoma inicialmente desde la razón, se mueve su narración, un constante ir y venir del presente al pasado dibujando círculos concéntricos cada vez más grandes. Va esbozando la figura del padre conservador, de la madre supeditada al marido, de la hermana ejemplar. En ese escenario Johanna, que ni siquiera acudió al sepelio del progenitor, concita su desprecio. Y ella lo entiende pero nunca quisieron escucharla, ese es su afán. Más que ser querida, exculpada, redimida, desea exponer sus argumentos.
De la razón pasa a la emoción, porque la infancia es determinante y porque la de su madre está marcada por el abandono de sus padres. ¿Con qué derecho las madres infectan con sus desgracias a su prole?, se pregunta. Escala en el árbol familiar, recorre la huella de cada uno, desmenuza las distintas formas de relacionarse con los hijos.
De vez en cuando para su monólogo para enviar o atender los mensajes de su vástago, ese con el que no quiere repetir errores. Y vuelve a hablar íntimamente de su madre, de la que es, de la que guarda en su memoria, de la quiso que fuera, de los días en los que se saltó su severidad puritana y la empujó a dibujar, ese entretenimiento que acabó siendo su vida. Porque cuando pinta, Johanna se despega de sí, se siente libre y hace cuadros que ofenden a su familia. Y los expone porque no los pinta pensando en ellos. De la emoción, a la obcecación, se acerca a la casa de su madre, la sigue por la calle, intenta hablar con ella. Avanza y retrocede en una escritura circular, cercana a la letanía, con reflexiones aforísticas entre capítulos más narrativos y momentos deslumbrantes.
El vínculo insoslayable que representa la maternidad se conforma casi en género a juzgar por la cantidad de novelas que lo abordan en los últimos años. La escritura desnuda de Hjorth holla en el surco de Angelika Schrobsdorff ('Tú no eres como las demás madres') o de Lucia Berlin ('Manual para las señoras de la limpieza') pero sin la ironía de estas.
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