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SANTIAGO DE GARNICA
Viernes, 7 de febrero 2020, 07:28
Bajo un californiano sol que cae a plomo, un negro Pontiac Firebird de los 60 clava sus frenos ante un motel de mala muerte ... rodeado de una nube de polvo. El hombre que desciende desprende una imagen a lo Nicolas Cage en esas películas de Hollywood donde los motores de los 'muscle cars' son exprimidos a fondo y sus neumáticos gimen y humean sobre el negro asfalto. Es el preciso momento que Patrick Curtet escoge para disparar sus fotografías, llenas de detalles para eternizar la visión del espectador, y de una elevada calidad técnica que en ningún momento limita la creatividad artística sino que está al servicio de esta, fiel al principio de que la mejor máquina de fotografía es el ojo humano.
Patrick Curtet, francés, instalado en Los Ángeles, en esa tierra prometida donde se ha impuesto como uno de los mejores fotógrafos de automóvil del mundo. Ha trabajado con marcas como Cadillac, Chevrolet, Maserati, Land Rover, Jaguar, Acura, Audi, Ford, Lexus, Toyota, Blackberry, Infinity, Honda o Volvo.
Cuando a los 18 años llegó a los Estados Unidos, al estilo de un Jack Kerouac y su 'On the Road', Patrick compró un coche y con unos amigos recorrió miles de kilómetros de este país donde el automóvil es parte indisociable de su historia, de su esencia, de su modo de vida: hablamos de 265 millones de coches que recorren los 13 millones de kilómetros de carreteras. Exhibición de poderosos motores de gran cubicaje, de interminables capós, de anchas calandras, de panorámicos parabrisas a través de los cuales se contempla este mundo rodante del que beben 'road movies' de culto como 'Bonnie and Clyde' de Arthur Penn; 'Easy Rider' de Dennis Hopper; 'Bullit' de Peter Yates o 'Thelma&Louise' de Ridley Scott. 'The Straight Story' (Una historia verdadera) de David Lynch; 'A perfect World' (Un mundo perfecto) de Clint Eastwood... Al estilo del británico Ridley Scott, Curtet captura los ambientes de la Ruta 66 de antaño, de Chicago a Santa Mónica.
Los directores de Hollywood filman en 24 imágenes por segundo. Pero es con la imagen número veinticinco que Patrick Curtet agrega su historia y rinde homenaje a los realizadores de sus sueños de juventud. Se trata de un espacio en el cual revive algunas de sus películas preferidas pero con un espíritu absolutamente libre, creando personajes que se confunden en las sombras de los Steve McQueen, Robert Redford, Robert de Niro o Jack Nicholson.
Junto a ellos, comparten encuadre sus Pontiac Firebird, Nash Rambler o un Osmobile Cutlass convertible. El automóvil, parte esencial de la sociedad americana que permitía ver una película en el autocine e incluso asistir a un oficio religioso sin despegar los jeans del eskay de los grandes asientos.
Y los moteles, marco insustituible. El primer motel, contracción de motor y hotel, abría sus puertas en el año 1925 en San Luis Obispo, en la Ruta 101 que une Los Ángeles y San Francisco. Y un abandonado motel es el decorado perfecto para una sesión de fotos, con el coche a la puerta, compartiendo casi lecho con el hombre. Un culto al 'muscle car' genuinamente americano, que sobrevive en estos moteles de carreteras secundarias barridas por los vientos. Son escenarios que hacen felices a los aficionados a los clichés, no solo a los fotógrafos de moda, para quienes es una apuesta segura en la creación de un spot, sino también para los nostálgicos de esa afortunada época de los constructores americanos hoy desaparecidos, antes del choque petrolífero de 1973, cuando en una verdadera orgía mecánica la gasolina era bebida sin límite por los poderosos V8.
Patrick Curtet rinde culto a esa California resplandeciente donde desde las chicas a los coches todo parecía más atractivo que hoy. Y al capturar los momentos y las emociones de aquellas películas que le hicieron emprender su propio sueño americano, sus representaciones fotográficas nos llevan a ese mundo de goma, asfalto y sonido de motores donde héroes clásicos cobran vida. Más que un fotógrafo, Curtet cree que todo es una historia y que cada persona o lugar tiene algo que contar junto a un automóvil que descubrimos cuando el polvo de la ruta se disipa.
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