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El estudio salmantino 'Vicente y Núñez' está de enhorabuena. En conjunción con otros dos equipos españoles (Garrido y Burgos y Cruz-Neila) acaba de ... ganar el concurso internacional del nuevo hospital de La Paz, en Madrid, el más ambicioso proyecto de infraestructura sanitaria de España, con más de 500 millones de euros de presupuesto. Un premio que pone broche de oro a una trayectoria marcada por la atención a la calidad humana de los edificios. «Creemos en una arquitectura de la amabilidad, que busca brindar la mejor experiencia posible a los usuarios, para facilitarles la vida», explica Pablo Núñez. Tanto él como su socio Juan Vicente se reconocen en una «familia espiritual» dentro de su oficio que bebe de la escuela nórdica (Alvar Aalto), pero que encuentra en el español Rafael Moneo a uno de sus referentes. Que el propio Moneo y Francisco Mangado formaran parte del jurado que escogió su propuesta añade un plus íntimo de satisfacción al éxito obtenido. «Todavía estamos en una nube», admitieron en conversación con El Norte de Castilla.
El éxito no les ha llegado de golpe, sino que es el resultado de una larga trayectoria que, en los últimos años, a causa de la crisis, decidió lanzarse a la aventura de cruzar el océano y buscar nuevos caminos en Hispanoamérica. Sólo en lo que se refiere a infraestructuras sanitarias, Vicente y Núñez son los autores del Hospital de Antofagasta (Chile), del de Bocagrande, en Cartagena de Indias (Colombia), así como del de Cádiz, por citar algunos ejemplos. También ganaron el concurso inicial del hospital de Salamanca «pero no nos reconocemos en lo que se está haciendo, porque el proyecto definitivo no nos lo encargaron a nosotros y se desvía mucho de lo que era nuestra idea», explica Juan Vicente. Pero, además, son los autores del edificio del Instituto de Neurociencias de Castilla y León, del Centro de Láseres Pulsados y de la rehabilitación del Palacio de San Boal para la Casa de Japón en España, todos ellos en Salamanca.
El nuevo hospital de La Paz es, sin duda, su proyecto más importante. Se trata de una obra gigantesca, que se desarrolla sobre un terreno de 400.000 metros cuadrados de extensión, que exigirá no menos de 15 años de obras, tecnológicamente muy compleja (habrá que construir dos hospitales auxiliares para atender a los pacientes a medida que el viejo La Paz se vaya demoliendo, pues sólo está previsto conservar la Torre de Maternidad) y con una gran trascendencia en el desarrollo urbanístico de Madrid porque remata el Paseo de la Castellana por el norte y permite conectar con la Operación Chamartín.
Con todo, lo más relevante de la propuesta arquitectónica son las estrategias que el proyecto desarrolla para humanizar un espacio de esta envergadura y evitar la sensación de frialdad que puede apoderarse de los usuarios de instalaciones de este tamaño. «Hemos huido del edificio único y hemos preferido jugar con varios bloques de distintas alturas y tamaños. De este modo hemos logrado un efecto escalonado que evita que los edificios principales irrumpan repentinamente en el paisaje, pero sin negarles su presencia institucional e icónica», explican. Junto a ello han apostado por la vegetación (incluida vegetación interior en el hospital y un jardín de coníferas en el exterior de varios kilómetros de longitud) así como la presencia constante de la luz en todas las dependencias, y estructuras interiores de distintos niveles que rompen la uniformidad de un edificio de este tamaño para facilitar una percepción más humana. No olvidemos que el nuevo hospital contará con 1.159 camas de hospitalización, 65 quirófanos, y 3.000 plazas de aparcamiento, 1.800 más de las que existen en la actualidad. Además, el acceso motorizado al hospital se realizará soterrado, bajo tierra, lo que contribuirá a pacificar la sensación de quienes acudan al complejo sanitario.
«Hemos puesto mucho cuidado para que las instalaciones sean amables, y que quienes trabajen allí lo hagan a gusto», explica Juan Vicente. «Pero también hemos prestado atención a la comodidad de los pacientes, con un diseño de habitaciones más próximo a un hotel que a un hospital. Y nos ha preocupado mucho cuidar las necesidades de los familiares, que no suele ser un tema al que se atienda demasiado en la sanidad española». El hospital diseñado cuenta con salas específicas para facilitar el encuentro del médico con las familias, por ejemplo, así como múltiples zonas de estancia, ocio y descanso personal.
Tanto Núñez como Vicente coinciden en destacar el carácter ejemplar del concurso convocado para La Paz, y abogan porque sirva de ejemplo para otras administraciones. «Lo importante en este caso es que la administración sanitaria había definido muy bien lo que quería, y, sobre esa base, convocó un concurso muy exigente, pero realizado con un rigor impecable». Y esto no es lo habitual en el mundo de los concursos en España, como apuntan por su propia experiencia. «Aquí, no pocas veces los concursos se convocan sin saber bien qué es lo que se quiere hacer, esperando que la dinámica del propio concurso lo resuelva, pero eso suele generar falta de claridad e indefinición», explica Pablo Núñez. Y ese mal tan frecuente -y sufrido por este estudio salmantino, como tantos otros, en primera persona- de que el proyecto inicialmente elegido por los expertos finalmente no convenza a la administración competente, que repentinamente expresa necesidades que no expuso en la convocatoria, de modo que la idea ganadora es desplazada, o descartado, en fases posteriores. «Otras veces, parece que los concursos se realizan para dilatar plazos o para montar una exposición», añade Juan Vicente.
Frente a eso, en La Paz se realizó un inmenso trabajo técnico previo para definir qué se pretendía con el nuevo hospital, con qué características, y aportando incluso las soluciones técnicas (que los arquitectos debían contemplar en su diseño) sobre cómo resolver los problemas principales, por ejemplo, el de la paulatina sustitución del hospital viejo por el nuevo. Más de 700 profesionales organizados en doce grupos de trabajo elaboraron ese plan funcional previo. Y a partir de ahí se dio entrada a la creatividad de los estudios técnicos, primero mediante una convocatoria abierta, y luego, tras seleccionar a los cinco mejores candidatos, en julio se abrió una segunda fase de concurso restringido que se zanjó la semana pasada.
Pero mientras el estudio salmantino aboga por que se extiendan concursos de ideas como el convocado en Madrid, es mucho más crítico con novedades legislativas como la última reforma del Código de Edificación «que provoca que la gestión de los proyectos se haga interminable, obligando a contar con equipos técnicos muy numerosos, que encarecen los costes», explica Juan Vicente. «Hemos pasado de una normativa de edificación demasiado ligera a una de las más exhaustivas y exigentes. Es tan restrictiva que puede incluso producir que las soluciones técnicas para los edificios resulten reiterativas», añade. «Y luego está el problema añadido de que no siempre se cumple como debería», apostilla Pablo Núñez. «Habría que simplificarla, centrando las exigencias en los elementos más importantes, y dejando en el resto margen para la creatividad de los profesionales».
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