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Blas Sierra, director del Museo Oriental, entre dos armaduras de samuráis. Ramón Gómez
Museo Oriental: dos culturas milenarias que marcan el presente de Occidente

Museo Oriental: dos culturas milenarias que marcan el presente de Occidente

Un viaje por China, Japón y Filipinas a través de las obras que trajeron los misioneros es la propuesta de los Padres Agustinos

Victoria M. Niño

Valladolid

Martes, 21 de julio 2020, 08:57

Es un museo de titularidad privada, no reciben ninguna subvención y carecen de personal externo. El Museo Oriental tal y como se le conoce hoy fue inaugurado por los Reyes en 1980 pero se fundó en 1874. El Real Colegio de los Agustinos Filipinos custodia más de 10.000 obras que hablan de dos culturas milenarias, China y Japón, y de un país bajo dominio español durante 333 años, Filipinas. Mucho antes de que pandemias y tecnología dirigieran la mirada occidental hacia Oriente, los misioneros agustinos se prendaron de Catay y Cipango, la China y el Japón que describió Marco Polo. En 1565 Andrés de Urdaneta llegó a Filipinas junto a otros cuatro frailes, en 1575 Martín de la Rada y Jerónimo Marín viajaron a China y en 1584, Francisco Manrique y Mateo Mendoza pisaron las costas de Japón. Con ellos comenzó una colección única en España, con una sección de marfiles que no tiene par en Europa. Donaciones y compras siguen acrecentándola.

La última adquisición fue el pasado enero en Londres. Blas Sierra, su director, muestra una cruz florida. «Representa las dos caras de la cruz: por un lado el dolor, la muerte con las espinas, los clavos y símbolos del sufrimiento. Por el otro, la alegría de florecer, de resucitar».

El origen misional marca el interés de los frailes por reflejar las distintas confesiones de los países receptores. Confucianismo, taoísmo, sintoísmo y budismo están presentes en altares, esculturas y objetos rituales. También el arte cristiano producido allí tras la evangelización, «escaso porque éramos una gota en el océano», recuerda Sierra ante varias cerámicas chinas con escenas de la vida de Jesús. La colección de marfiles filipinos gira en torno a crucificados, vírgenes y estampas talladas. Sin embargo, etnografía, arte y cultura son igualmente importantes en las 16 salas del museo.

«Hoy día el mundo occidental se da cuenta de que tiene que despertar al oriental, conviene conocerlo porque a la larga nos come. No podemos vivir de espaldas a dos culturas milenarias tan ricas como la china y la japonesa», afirma el director del museo.

China ocupa la mitad de las salas, ocho. De allí son los vestigios más antiguos que guarda el museo, monedas del siglo V a. C. y bronces del IV a. C.. Porcelanas del II a.C. hasta el XIX, orfebrerías, esmaltes, marfiles esculturas en jade y madreperla, entre otros materiales, y lacas talladas son algunos de los tesoros que guarda el Museo. Trajes y retratos bordados en seda, la caligrafía y la pintura completan el recorrido por el 'País del Centro'.

Las carpas, símbolo de la vida

Los mensajes en botellas que los occidentales tiraban al mar eran preservados en el vientre de las carpas en China. Esta es solo una de las facetas de un mítico pez que aquí se representa silbando a la luna, remontando las cascadas de Longmen en una pintura china de la Dinastía Ming. «Me gusta mucho esta pintura porque simboliza la vida, una constante lucha y metamorfosis que exige esfuerzo, tesón y perseverancia. Para los chinos es una metáfora del hombre pobre que a base de aprobar exámenes y esforzarse puede llegar a ser un sabio mandarín y vestir el traje del dragón bordado. A veces hoy se piensa que la vida es fácil y no, solo lo fraguado con esfuerzo y tiempo perdura».

El Galeón de Manila o el Galeón de Acapulco, según quien lo refiera, fue el barco de que inauguró el servicio entre ambas ciudades, en 1565 por Andrés de Urdaneta. El joven marinero, luego fraile, descubrió el tornaviaje a través del océano Pacífico permitiendo que los productos filipinos llegaran al Nuevo Mundo y viceversa. De ello, de la historia del Santo Niño del Cebu y de las tribus originarias del archipiélago habla la sección de Filipinas. Por último, Japón añade a lo citado, el utillaje y uniformes de samurais, las máscaras del teatro noh y una colección de fotografía del siglo XIX. Entre las donaciones de las últimas décadas, está un juego de ajedrez con figuras chinas que perteneció a Emilio Castelar, entregado por el Doctor Villegas.

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