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'La maja desnuda' y 'La maja vestida', de Goya.
Ataque en el Museo del Prado de Madrid: Los misterios de 'Las majas' de Goya

Los misterios de 'Las majas' de Goya

El ataque de activistas climáticos en las salas del Prado reaviva el interés por unas obras que arrastran dudas y curiosidades desde hace más de dos siglos

Víctor Vela

Valladolid

Lunes, 7 de noviembre 2022

No tuvo mucho ojo el grabador extremeño Pedro González de Sepúlveda cuando en noviembre de 1800 escribió la primera referencia histórica que se tiene de 'La maja desnuda', de Francisco de Goya (1746-1828).

González de Sepúlveda visitó entonces el palacio de Godoy –junto con el pintor Juan Agustín Ceán Bermúdez y el arquitecto Pedro de Arnal– e hizo un repaso a las obras que el poderoso político atesoraba en sus paredes. Entre ellas, esta obra que describió así: «Una [Venus] desnuda de Goya pero sin divujo (sic) ni gracia en el colorido».

La historia ha demostrado que se trata de una de las piezas más icónicas del genio de Fuendetodos. Y eso tal vez fue lo que llevó a dos activistas climáticos a fijarse en ella (y su vecina, 'La maja vestida') para cometer el sábado un acto que provocó daños leves en los marcos, después de que se pegaran a ellos con cola y escribieran en la pared '+1,50' para alertar, dijeron, «de las graves consecuencias» del calentamiento del planeta.

Horas después, el museo reabrió las salas y las obras pueden verse de nuevo con normalidad. El Prado ha aprovechado, de hecho, el incidente, para ensalzar en sus redes sociales el valor histórico y artístico de estas obras de Goya. Y para recordar algunos de los misterios que giran en torno a ellas.

El primero es cuándo se pintaron. No hay fecha concreta que permita saber cuándo Goya los comenzó o cuándo salieron de su taller. El primer documento sobre 'La maja desnuda' es ese escrito de González de Sepúlveda.

La primera mención a 'La maja vestida' es ocho años posterior, de enero de 1808, cuando Frédéric Quilliet hizo un inventario de los bienes de Manuel Godoy y allí las registró como 'gitanas', «seguramente por el atuendo de la vestida», explican desde el museo.

Pero han pasado a la historia no como venus ni como gitanas, sino como majas. Este fue el término utilizado por primera vez en el nuevo inventario que en 1814 se hizo de los bienes incautados a Godoy y que ya se encontraban en el Depósito de Secuestros de la calle Alcalá. «Una mujer vestida de maja», se decía.

Un año después, en 1815, la Inquisición convocó a Goya por dos razones. Una, para protestar por unas obras que consideraba «obscenas». Dos, para intentar descubrir quién fue la modelo. La maja vestida tiene un rostro más alegórico e impersonal, pero la desnuda parece un retrato de alguien cuyo nombre nunca se ha conocido.

Se especuló con que era la duquesa de Alba (hay películas que explotan esa vía) porque en 1843 así lo sugirió un escritor francés. El biógrafo de Goya, en 1867, refutó esta teoría. Pero, ante la duda, un descendiente del ducado de Alba, en 1945, mandó exhumar los restos de sus antepasados para analizar los huesos y ver si correspondían con la fisonomía de las majas. Nada. Pedro de Madrazo defendía que se trataba de Pepita Tudó, la amante de Godoy. Circuló la leyenda de que Goya había incluso pintado otra cara encima, para ocultar a la verdadera modelo, pero en 1895 se hicieron unas radiografías sobre el cuadro que demuestran que no, que Goya no varió el rostro de esas mujeres recostadas sobre un canapé de terciopelo turquesa y blancos almohadones.

Hasta su exhibición en El Prado en 1901, las dos majas se pasaron el siglo XIX sin ser mostradas al público, en la Real Academia de San Fernando. Incluso se barajó la posibilidad (como otras obras con desnudos) de ser destruidas. Pero se optó finalmente por conservarlas y que sirvieran de modelo para futuros artistas.

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