

Secciones
Servicios
Destacamos
Se dice que África es el continente de la esperanza y personas como Diébédo Francis Kéré (nacido en 1965)ayudan a entender el porqué de ... esa afirmación. Su admirable peripecia vital, desde Gando, su aldea de origen en Burkina Faso a la que permanece vinculado, y su esfuerzo formativo es ejemplo de compromiso con sus raíces, el sentido común y el respeto al entorno. En un mundo global, amenazado por el cambio climático, la limitación de recursos, incluso por la amenaza de guerras devastadoras, Francis Kéré muestra cómo la vida humana puede dar respuesta a las verdaderas necesidades y a la convivencia sin necesidad de depredar los recursos. La globalización ha permitido la difusión de su obra y su acceso al Premio Pritzker de 2022.
El otro gran antecedente africano, el egipcio Hassan Fathy (1900-1989) –conocido como el 'arquitecto de los pobres, por la utilización de materiales vernáculos, como el adobe–, no consiguió el Pritzker, pues, en aquella época, respondía a arquitecturas más occidentales y llamativas. Como ejemplo, el año que fallece Hassan Fathy (1989), lo recibió Frank Gehry, cuya obra se ubica en las antípodas de Fathy. Este Pritzker supone reconocer la existencia de una arquitectura propia de África, continente con admirables ejemplos de arquitecturas anónimas, pero cuyo camino nos abre el merecido premio a Francis Kéré. El ghanés-británico David Adjaye era otro candidato, pero su interesante obra (medalla de oro del RIBA 2021) carece de la luminosa sencillez de Kéré y no guarda la misma relación con sus raíces.
Francis Kéré, como hijo mayor del jefe de Gando, tuvo que abandonar su aldea a los siete años para poder ir a la escuela cerca de Ouagadougou. Nunca olvidó que cada mujer le dio una moneda antes de irse, porque confiaban en él para mejorar su pueblo. Yacertaron. Fue un buen estudiante y con veinte años logró una beca en Alemania sobre carpintería, lo que supuso su inicio en la construcción. Durante años trabajó y estudió en horario nocturno. En 1995, una nueva beca le inició al título de arquitecto que logró en 2004, y en 2005 abrió su estudio, con sedes en Berlín y Burkina Faso.
Para entonces, ya había construido su escuela primaria en Gando, que le supuso el premio Aga Khan. Su doble condición germano-burquinesa le permite conseguir resultados admirables, con recursos muy limitados, sin menospreciar soluciones puntuales no vernáculas. Esta circunstancia se aprecia en su obra seminal: el conjunto escolar de Gando. Los muros son bloques de arcilla, realizados en el lugar, pero, para protegerlos de la lluvia, recurre a una cubierta ondulada de chapa de aluminio, con grandes vuelos, y ensamblada sobre unas cerchas metálicas elementales, apoyadas en los muros, sobre unas 'vigas- cargadero' de hormigón prefabricado.
El resultado es de una funcionalidad admirable, adaptada a las duras condiciones climáticas de su entorno: los vuelos evitan el deterioro de los cerramientos y facilitan la ventilación, creando una climatización intermedia en el espacio abierto bajo cubierta. La escuela inicial ha tenido sucesivas ampliaciones, para más etapas educativas, y los niños no tienen que desplazarse para aprender, como le sucedió a él. Pero Francis continúa aportando equipamientos a su comunidad de Gando, potencia un espacio público elemental y va y viene para debatir y sacar adelante sus proyectos, cuya ejecución la efectúan sus vecinos, sus futuros usuarios.
El ejemplo de Gando se ha expandido a diversas arquitecturas sanitarias, culturales y residenciales y no solo en Burkina Faso, también en Malí, Togo, Kenia, Mozambique, Benín, Sudán… con la misma filosofía constructiva: predominio de los materiales propios del territorio y participación de los usuarios.
En la obra de Kéré predomina el servicio a la comunidad y, por ello, sus prioridades se orientan a potenciarla con equipamientos públicos. Pero hace tiempo que aumentó la escala de sus proyectos, sin perder esa calidad de lo esencial, y así puede apreciarse en el Parque Nacional de Mali en Bamako (2010), en el Liceo Schorge de educación secundaria (2016), la clínica quirúrgica y centro de salud en Leo (2014), el Instituto Tecnológico Fase 1, en Koudougou (Burkina Faso, 2021), el Campus de Startups Lions en Turkana (Kenia, 2021).
Incluso afronta proyectos de mayor escala, como los edificios institucionales correspondientes a los Parlamentos de Benín y Burkina Faso, un edificio incrustado en el terreno con cubierta vegetal. También ha realizado edificios, pabellones e instalaciones en diversos países no africanos, como Italia, Alemania, Suiza, Dinamarca, Reino Unido y Estados Unidos… siempre aportando su estilo personal, como se aprecia en casos como la tienda Camper en el Campus Vitra (2015), el Pabellón Serpentine de Londres en 2017, una de las mejores propuestas, o los esbeltos y coloridos pabellones en el Coachella de 2019.
Kéré había recibido múltiples premios y reconocimientos, de modo que no era un desconocido y su nombre sonaba para el Pritzker desde hace tiempo. El jurado actual, presidido por Alejandro Aravena, premio Pritzker de 2016, puede haber facilitado el reconocimiento de una arquitectura comprometida y admirable en su calidad. Así lo reconoce el jurado cuando afirma: «En un mundo en crisis, pero también en medio de cambio de valores y generaciones, Kéré nos recuerda lo que ha sido, y sin duda seguirá siendo, un pilar de la práctica arquitectónica: el sentido de la comunidad y la calidad narrativa que él mismo es capaz de reunir con pasión y orgullo. Así, proporciona una narrativa a través de la cual la Arquitectura puede convertirse en una fuente de felicidad y alegría duradera. Su arquitectura es pionera, sostenible para la tierra y sus habitantes, en tierras de extrema escasez». «Es a la vez arquitecto y servidor, mejorando las vidas y experiencias de innumerables ciudadanos en una región del mundo a veces olvidada… A través de edificios que demuestran belleza, modestia, audacia e invención, y por la integridad de su arquitectura y gesto, Kéré defiende con gracia la misión de este premio».
Arquitectura bioclimática, eonstrucción ecológica, economía circular, empoderamiento comunitario como base de identidad y mantenimiento… Todo ello y más está presente en la obra de Kéré, que constituye un admirable catálogo de buenas prácticas, respecto al entorno y su sostenibilidad, con la implicación de las comunidades donde se producen. Una obra que, con independencia de los entornos ambientales y culturales, debe mover a la reflexión del servicio de la arquitectura a la sociedad. Reflexión compartida por la recientemente aprobada Ley de Calidad de la Arquitectura, que afirma en su artículo 3.1 que «la arquitectura constituye un bien de interés, por su contribución a la creación de identidad cultural, a la calidad de vida, al bienestar social, a la inclusión en la comunidad y a la salud…».
Una idea que conocen bien los vecinos de Gando, que apostaron por ese chico de siete años para que mejorase la vida de su pueblo; en especial, las abuelas que hace cincuenta años le dieron esa moneda que tenían guardada. Diébédo Francis Kéré no ha decepcionado sus esperanzas.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Una moto de competición 'made in UC'
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.