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El Colegio de la Asunción, cuya verja traspasa cada mañana laborable el coche oficial del presidente de esta nuestra comunidad, bien vale una coalición, aunque sea con Vox ... . La carta del Gobierno en solitario del Partido Popular tenía la consistencia de una pompa de jabón y lo de jugar la baza del chantaje emocional con los de Santiago Abascal para no repetir elecciones era un riesgo que exigía frialdad mental a temperatura de nitrógeno líquido.
Y al PP se le agotó la impasibilidad del tahúr de póker entre la noche del miércoles y la mañana del jueves, cuando Abascal dio orden de apretar en la negociación para lograr el primer trofeo de la partida: la presidencia de las Cortes de Castilla y León. Alfonso Fernández Mañueco plegó velas y decidió no apostar a las posibles abstenciones de los leonesistas, Por Ávila y Soria ¡Ya! y al ofrecimiento del propio Francisco Igea de votar a un presidente o presidenta del hemiciclo autonómico del PP para evitar dejar las Cortes en manos de Vox.
Además de la zona noble del parlamento, con su sueldo, asesores (9 en el caso del presidente) y coches oficiales, Fernández Mañueco incluyó en el lote la vicepresidencia de la Junta y tres consejerías para Vox en un futuro gobierno de diez, asentado en cuatro folios y medio con 32 'acciones' de concreción escasa. Antes del almuerzo, estamparon la firma en este documento el presidente en funciones y el candidato de Vox. Habían dejado de ser los señores Fernández Mañueco y García-Gallardo Frings para convertirse ya en Alfonso y Juan.
El acto de rúbrica constató que el partido de Abascal había interiorizado automáticamente su posición de relevancia en las Cortes. Los procuradores y asesores de la formación ultraconservadora no accedieron al salón de recepciones por el pasillo, como todo el mundo, sino directamente desde el despacho del presidente del Parlamento. Y compartieron bromas con los cargos del PP. Igual que 32 meses antes, el 2 de julio de 2019, hicieron los populares con los de Ciudadanos. Entonces Juan era Paco.
Las loas a la valía personal y a la amistad que hemos escuchado a Alfonso de Paco y viceversa ahí quedan. Hasta pecar de cursilería. Y el inminente gobierno «estable, sólido, con unidad de acción y para cuatro años» que nos vendieron el jueves Mañueco y García-Gallardo es calcado al que se dibujó en la coalición con Cs. Todo eso ya lo hemos vivido. Fue un Gobierno tan hormigonado que superó una moción de censura del PSOE. También hemos visto cómo acabó. Conviene no olvidarlo. Un gobierno fuerte, sólido y para cuatro años deja de serlo cuando las opciones electorales lo aconsejan. Incluso con una pandemia y arriesgando un presupuesto con el que facilitar la gestión de los fondos europeos para la recuperación postcovid.
Las reacciones dentro y fuera del PP, dentro y fuera de España, a la coalición con Vox han llevado a Alfonso Fernández Mañueco a apelar a la «presunción de normalidad» de su futuro Gabinete. «Este Gobierno va a actuar con normalidad» esgrime el popular. Mañueco ofrece carta de normalidad política a Vox y García-Gallardo mira para otro lado ante el calendario judicial por casos de corrupción se le abre al PP desde ya. «Creemos en la presunción de inocencia», apunta el abogado reconvertido en inminente vicepresidente de una Junta abocada a una nueva normalidad. La de la negación de la violencia de género y su cambio por la violencia intrafamiliar, que está a un paso de resucitar la violencia pasional; la que ve necesario combatir el adoctrinamiento en las aulas de Castilla y León o vincula a la inmigración el concepto de «mafias ilegales»... La normalidad que Juan colorea para Alfonso.
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