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María Sonsoles, con su marido, Pedro, sus hijos y sus nietos. El Norte
Coronavirus Ávila: «Me niego a pensar que mi madre no está porque mi madre es la calle»

«Mi madre era de las personas que llenaban el espacio de los demás»

Testimonio ·

María Sonsoles Caraballo fue pionera en la radio abulense durante la dictadura; falleció a causa de la covid después de luchar «como una vetona» durante treinta días en la UCI

Sonia Andrino

Valladolid

Sábado, 26 de diciembre 2020, 08:16

No hay ningún recuerdo en la memoria de Rodrigo Medrano en el que su madre no aparezca unida al sonido de la radio. «Siempre estaba con la radio», matiza, y de hecho fue pionera en este medio cuando al superar la veintena empezó a trabajar en Radio Juve, en Ávila. Corrían entonces los años de la dictadura y una joven siempre «alegre, jovial y folclórica» se puso a los mandos de los pequeños estudios del barrio abulense de Santiago. Era la emisora del movimiento sindical del régimen y María Sonsoles Caraballo se dedicaba a pinchar los discos, una labor poco habitual entonces para una mujer. «Era la herramienta para distraer a la gente. No todo se podía poner», recuerda Medrano que le contaba su madre con la que tuvo muchas conversaciones sobre los medios. Él ha estudiado Comunicación Audiovisual y en esos encuentros familiares ha defendido la televisión y el cine. Su madre, «siempre la radio». Le encantaba la música y disfrutaba con 'La chica yeye', de Concha Velasco; con Juanito Valderrama, Concha Piqué o Los Brincos.

Marisol, como era conocida en Ávila, nació en 1945 en el seno de una familia abulense. Su padre falleció siendo ella una niña y su madre y su tía (ambas maestras) la educaron a ella y a su hermano mientras impartían clases en la escuela rural. Se forjó un carácter fuerte y valiente que conjugaba a la perfección con el ímpetu y el arrojo de una mujer «muy echada para adelante». Tenía mucha personalidad, recuerdan quienes la conocían y no se la ponía nada por medio. Fue de las primeras en acudir al casino abulense en verano cuando era un club de fumadores solo para hombres. «Nosotras también tenemos voz y voto», justificaba y logró hacerse habitual en ese tipo de encuentros. «Ávila es un matriarcado –acostumbraba a decir– y aquí mandamos nosotras», apunta su hijo que cita a Teresa de Jesús, a Jimena Blázquez (que defendió la ciudad de un ataque dirigiendo a la población desde las murallas) e incluso a las vetonas, que eran las que administraban el poblado. «Las mujeres de Ávila tienen un rol y son aguerridas y forjadoras», afirmaba siempre. Ella lo era.

María Sonsoles, a la derecha, en una cena con sus compañeros de la radio. El Norte

Marisol se cultivaba muy activa en su vida social y como recuerda su hijo, «ha disfrutado mucho. Era muy de 'terraceo', de tapeo y tenía su grupo de amigas con las que iba al teatro. Siempre te sacaba una sonrisa», reitera emocionado. «Es de esas personas que llenan el espacio en la vida de los demás».

Quizá fuera eso lo que enamoró a Pedro Medrano con el que, a pesar de verse en Ávila, coincidió unos Sanfermines en un puesto de emergencias. Él, con un carácter más reservado e introvertido que el de ella, había sufrido una cogida de un toro de luz. Marisol acompañaba a una amiga que se había torcido un tobillo. Allí surgió el amor que no han podido celebrar -por la pandemia- cincuenta años después el pasado mes de septiembre con sus bodas de oro. Cuando se casaron, ella dejó la radio. Tuvieron cuatro hijos (y ahora cuatro nietos) y poco después su madre se trasladó a vivir con ellos tras sufrir tres trombosis que la impedían cuidarse sola. Ha pertenecido a una generación de «mujeres trabajadoras», recuerda ahora Medrano, orgulloso y emocionado a partes iguales.

Con su mirada de mar y de estatura recogida, la forma de ser de Marisol ha llamado igualmente la atención. El centro histórico de Ávila la recuerda detrás del mostrador de la centenaria librería Medrano, propiedad de la familia de su marido, en la que despachó los últimos años antes de su jubilación y del inevitable cierre del local hace un par de años. Después, «no ha habido mucha ocasión de disfrutar con mi padre», recuerda su hijo, porque entre la pandemia y la rotura de una rodilla que la obligó a volver a confinarse en casa, no ha habido tiempo para más. «Salía en una silla de ruedas a la calle y bromeaba diciendo que era la madre del rey emérito», recuerda su hijo en un alarde más de humor del que siempre hizo gala su madre. Después, cogió el coronavirus y esto la obligó a ingresar en el hospital de Ávila. Pasó un mes en la UCI luchando «como una auténtica vetona» contra el virus y finalmente, el 12 de noviembre falleció. «Me niego a pensar que mi madre no está, o a imaginarla en un cementerio, porque mi madre es la calle», advierte con una dosis de cariño el pequeño de los cuatro hijos de esta mujer valiente en una época y una ciudad conservadora que ahora la recuerda en cada tienda y sobre todo en cada rincón del centro de la capital.

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