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Don Purpurino se encuentra hoy en el parque del Corro de San Antón de Tamariz de Campos. / J. S.
El destino se ensaña con Don Purpurino
PATRIMONIO

El destino se ensaña con Don Purpurino

La escultura desterrada por su carácter impúdico en los cincuenta, cuando presidió Fuente Dorada, languidece hoy en Tamariz de Campos

J. SANZ

Martes, 25 de marzo 2014, 18:10

Pocos vallisoletanos recuerdan hoy la majestuosa estatua del dios griego Hermes que presidió de manera fugaz los caños de Fuente Dorada a finales de los años cuarenta. Quizá a los más mayores sí se les venga a la cabeza una vaga imagen de aquel joven efebo semidesnudo al escuchar el apodo que recibió desde el instante mismo en el que fue inaugurada el 19 de agosto de 1949. La escultura fue bautizada como Don Purpurino por el cronista de este diario Carlos Rodríguez debido a la «deleznable mano de purpurina así la describía en la portada del día siguiente» que recibió sobre su férreo cuerpo por aquello de recordar lo de la fuente dorada.

Pero es que su sorprendente perfil fue objeto de todo tipo de «chanzas y bromas» en la época al simular su mano izquierda, que porta un pergamino, la imagen de un hombre sujetando su pene en erección.

Así que el cuerpo desnudo de la escultura, la purpurina que recubría su chasis de hierro y la descrita escena impúdica del pergamino convirtieron al Hermes de Fuente Dorada en la comidilla de los vallisoletanos de la época, y de este diario, hasta el punto de que el Ayuntamiento decidió retirar la imagen del dios griego el 26 de noviembre de 1951, es decir, dos años y tres meses después de su inauguración oficial.

Su sustituta fue una columna de piedra con cuatro faroles que también fue trasladada apenas diez años después a su actual emplazamiento en la plaza de la Trinidad (enfrente de la biblioteca de San Nicolás). El tráfico arrinconó después la fuente a un mero caño durante décadas hasta que en 1998 se inauguró la actual fuente que preside la plazoleta. El dorado que lucía aquel 11 de julio en la bola que corona el conjunto es hoy más negro que el betún.

¿Y que fue de Don Purpurino? Pues el destino aún guardaba una sorpresa para la defenestrada escultura en forma de destierro a la localidad terracampina de Tamariz de Campos. Su alcalde, Alberto Pastor, consiguió su cesión poco después de su retirada y desde mediados del siglo pasado (fue instalada en 1953) preside una fuente sus caños están hoy condenados en el Corro de San Antón, una plazoleta de este pueblecito de noventa habitantes censados que está situado a once kilómetros al norte de Medina de Rioseco.

Y allí, sobre una fuente de piedra de la que ya no mana agua y rodeado de columpios, continúa a día de hoy el impúdico Hermes que causó sensación durante su breve estancia en la capital. Pero los más de sesenta años transcurridos desde entonces han hecho mella en Don Purpurino, como aún le conocen los vecinos. Su dorado cuerpo es hoy verdoso fruto de la oxidación y acaba de perder la mano izquierda que sujetaba el pergamino la que ofrecía precisamente el controvertido perfil.

«El único inmigrante»

«La verdad es que estar, está mal», reconocía ayer el alcalde de Tamariz, Francisco Javier Sahagún, quien conserva en su casa la mano y el pergamino amputados: «Siempre ha tenido el mismo problema con ese brazo y estamos mirando a ver si lo podemos volver a colocar, aunque no nos vendría mal una ayuda».

Los apenas cuarenta vecinos que viven habitualmente en el pequeño municipio conocen los avatares de la escultura desterrada de la capital y aseguran que hoy, más de medio siglo después de aquello, forma parte de su historia. «No estaría mal que la arreglaran porque aquí somos muy pocos, cada vez menos, y necesitamos conservar lo que tenemos», coincidieron en señalar los pocos clientes que a media tarde de ayer se encontraban en el antiguo teleclub. En ese mismo escenario fueron entrevistados por este diario sus vecinos y concejales en un amplio reportaje sobre Tamariz de Campos publicado un 7 de enero de 1967. Allí, y a toda página, presidía el reportaje una imagen del 'viejo amigo' Don Purpurino, al que tildaban en tono crítico como el «único inmigrante de Tamariz».

Y es que el fondo de aquella información, y en cierto modo también el de esta, era mucho más serio y pasaba por advertir de la acuciante despoblación que sufría el pueblo fruto de la emigración. Su concejal Gerardo Escudero reconocía entonces que a Tamariz «le harían falta tantas cosas para resurgir su población se acababa de reducir de 130 a 68 habitantes». Hoy aún son menos sus vecinos y también reconocen que necesitan «muchas cosas».

Puede que entre sus prioridades no figure la rehabilitación de Don Purpurino, que ayer reclamó a la Diputación el Grupo Provincial de Izquierda Unida, pero lo cierto es que a este pedacito de historia no le vendría mal una manita de chapa y pintura para conservar uno de los atractivos turísticos de un pueblo regado por el Canal de Castilla y que presume de dos iglesias (San Pedro y las ruinas de San Juan) y una ermita como reclamos para los visitantes.

Hasta que la ayuda llegue, si es que llega, el superviviente dios Hermes seguirá ocupando su pedestal de piedra en el Corro de San Antón de Tamariz, el pueblo que le acogió después de su sonado destierro de los caños de Fuente Dorada de la capital.

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