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M. J. PASCUAL
Lunes, 27 de octubre 2008, 01:58
Nervios, orgullo y alegría a partes iguales le reventaban el traje a José María Pérez Lorenzo cuando el obispo toresano de León, Julián López, le estrechaba afectuosamente la mano en el atrio de la Catedral, pocos minutos antes de que Tino y sus dos compañeros, Fernando Lorenzo y Luis Santamaría, se encaminaran escoltados por la curia hacia el altar mayor decididos a revalidar ante toda la comunidad católica su vocación sacerdotal. «Mi hijo se llama Florentino Pérez Vaquero y no es del Barça ni del Madrid, sino cura de vocación desde que era pequeño». El padre tira del chiste fácil para sacudirse de encima el nerviosismo. «¿Su vocación? Yo la he vivido perfectamente y su madre, aunque al principio le resultó duro, al final lo ha admitido. Tengo otra hija, Maribel que trabaja en Madrid, y que también ha venido». Sin dejar de recibir la enhorabuena de los fieles que iban entrando en un continuo goteo en el templo mayor, manifestaba el progenitor del nuevo presbítero que la prueba de fuego va a ser el día 8 de noviembre, cuando el joven cante misa en su pueblo natal, Moreruela de los Infanzones. «Entonces sí que va a ser todavía más emotivo, y eso que hoy estoy sobre una nube», remarcaba mientras se dirigía a toda prisa hacia los asientos reservados a los familiares.
Junto a las bancadas que poco a poco se iban llenando de sacerdotes vestidos de blanco, dos vecinas de Villaseco echaban un vistazo al programa con el ritual, aunque ellas lo conocen bien porque el año pasado también presenciaron la ordenación de un joven seminarista que estuvo en su pueblo. Ayer fueron a arropar con su presencia a Luis Santamaría del Río. «Estamos muy contentos en el pueblo, porque le dejan con nosotros. Es una persona que sabe estar, muy correcto, que siempre está en su sitio, muy respetuoso», indicaba María Martín, que forma parte del coro de la parroquia.
A través de las pantallas colocadas estratégicamente, los devotos que abarrotaban la Catedral, llegados de Aliste, Toro y de la capital, seguían la ceremonia, un acontecimiento para la Diócesis que tardará en repetirse porque, por el momento, sólo hay un huésped zamorano en el Seminario Mayor y aún tiene que terminar sus estudios teológicos.
De acontecimiento, precisamente, lo calificó el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, quien agradeció a los tres jóvenes que «proclamen con valentía que Dios es una presencia salvadora en estos tiempos de escasez vocacional».
«¿Sabe si son dignos?»
Tras la lectura del Evangelio según San Mateo, el prelado realizó la primera pregunta ritual al rector del Seminario sobre los candidatos a sacerdotes: «¿Sabe si son dignos?».
La ordenación como presbíteros se produce seis meses después de que, el pasado 20 de abril completaran su formación como seminaristas y fueran ordenados diáconos en al iglesia parroquial de María Auxiliadora de Zamora.
Los tres jóvenes sacerdotes, nacidos en los años 1981 y 1982, habían cursado sus estudios de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Tras finalizar esta etapa formativa, en los últimos seis meses han vivido con un sacerdote en la llamada «etapa pastoral», en la que han ejercido el ministerio de diáconos, previo a la ordenación presbiterial.
Virtudes teologales
Gregorio Martínez Sacristán eligió las tres virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, protagonistas de la oración del domingo, para desarrollar la homilía. Recordó a los nuevos sacerdotes su total obediencia y disponibilidad a la Iglesia y les animó a «amar sin condiciones y límites, en primer lugar, a aquellos que desde hoy os serán confiados en Valer, Bercianos, Muelas del Pan, Fonfría y aquellas parroquias donde vais a ser enviados». Un amor que, a través de la caridad, insistió el prelado, tiene que ser dirigido especialmente «a los más sencillos, depauperados, solos y a los más olvidados y necesitados».
El obispo elogió a los presbíteros por haber entregado sus vidas a Dios, «lo que nos lleva a pedir al Dueño de la mies que siga enviando obreros a nuestra viña, muy depauperada», manifestó en alegoría a la escasez de vocaciones religiosas y a la envejecida y dispersa Diócesis zamorana, que tiene pocos curas y muchos pueblos que atender. También tuvo palabras cariñosas para las familias de los nuevos curas, a quienes felicitó y agradeció «de corazón lo que habéis puesto en estas vocaciones y os deseo que lo que dais se os devuelva al ciento por uno».
El ritual de la ordenación continuó con la invocación de santos y la imposición de manos de todos y cada uno de los sacerdotes de la Diócesis, como símbolo del respaldo de la curia, su nueva familia, a los elegidos. Después, los jóvenes recibieron las casullas y el obispo les ungió las manos con el crisma.
El beso de la paz del obispo y la eucaristía concelebrada, en la que ya participaron los tres presbíteros, puso el broche al acto de ordenación de los tres nuevos sacerdotes, que en noviembre empezarán a ejercer su ministerio.
Cortas biografías
Fernando Lorenzo Martín, natural de Toro y nacido en 1981, vivió en el País Vasco hasta su ingreso en el Seminario Mayor de Zamora en el 2001. El diaconado lo ha llevado a cabo en las parroquias de Alcañices, Alcorcillo, San Mamed, Villarino Tras la Sierra, Vivinera y Santa Ana, acompañado por el párroco de estas localidades Ángel Carretero.
Por su parte, Florentino Pérez Vaquero nació en 1982 en Moreruela de los Infanzones, ha realizado el diaconado con el sacerdote César Salvador en Fuentesaúco, Villamor de los Escuderos, Villaescusa y El Maderal.
El tercer nuevo sacerdote es Luis Santamaría del Río, que nació en 1982 en Zamora aunque sus orígenes están en Ferreras de Abajo. Tras finalizar sus estudios de Teología, ha realizado el diaconado en Muelas del Pan, Ricobayo de Alba, Cerezal de Aliste, Villaseco del Pan, Almaraz de Duero, Campillo, Almendra y Valdeperdices, junto con los sacerdotes Florencio Gago y Esteban Vicente.
«Que vuestro gozo sea el claro anuncio de que seguir la llamada de Dios no es una pérdida, sino la mayor de las ganancias. Vuestra ordenación nos llena de esperanza, porque la generosidad lleva a la generosidad», les dijo el obispo.
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