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jorge sanz
Domingo, 17 de julio 2016, 09:44
Los abuelos de Julita fueron sacados de la cama el 1 de octubre de 1936, juzgados y sentenciados por rebelión militar antes de ser fusilados y arrojados a una fosa común del cementerio de El Carmen. Su único delito, según recuerda ahora su nieta, fue ser concejales del Ayuntamiento de Villacid de Campos. Un hermano de uno de ellos fue testigo del enterramiento de los dos en el cuadro 58 y su testimonio permitió no solo situar la fosa, en la que ahora se están llevando a cabo las labores de exhumación de los restos, sino mantenerla a salvo de obras o inhumaciones. «Mis padres colocaron unas barras de hierro y unas cadenas ya a finales de la dictadura para señalar el lugar y así se ha sido salvando hasta hoy», explica Julia Carlón, nieta de Julián Carlón y Ángel Mañueco, los dos ediles republicanos fusilados hace ochenta años.
«Siempre hemos sabido que mis abuelos estaban ahí desde que les asesinaron en 1936, pero lo que nunca imaginamos es lo que se iba a encontrar en ese lugar», reconoce Julita, quien aclara que «el mero hecho de que hayan podido localizar los restos de muchas víctimas supone una satisfacción, sean o no mis familiares, ya que para mí todos los que están allí enterrados son cualquiera de mis abuelos». Ella, y los familiares vivos de Julián y Ángel, matizan que su única reclamación es que sus restos, los que se encuentren, «sean enterrados con la dignidad que merecen».
Pasos importantes
«No pedimos la luna, ni la identificación de todos ellos, si es que resulta imposible debido a su estado; solo queremos que reciban una sepultura digna ochenta años después de su muerte», incide Julita.
Para ella, al igual que para muchos familiares de los cientos de represaliados vallisoletanos, «es muy importante dar pasos en este sentido, dignificar a las víctimas y dar a conocer, aunque sea doloroso, cómo fueron tratadas estas personas, cuyo único delito era pensar diferente».
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