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Juan Rubio (izquierda) y sus amigos Ignacio (92), Luis (81), Carlos (82) y Félix (86) ayer en el bar de Círculo de Recreo Casino.
La larga vida del señor Juan

La larga vida del señor Juan

Juan Rubio, el socio más antiguo del Casino, celebró el 18 de enero con los amigos de tertulia sus 105 años

Jorge Moreno

Sábado, 23 de enero 2016, 17:34

Croquetas, queso y jamón para celebrar con sus amigos de tertulia los 105 años, «porque no todos llegan». Juan Rubio Moscoso (1911), el ingeniero granadino que llegó a la provincia vallisoletana para montar la azucarera de Peñafiel en 1954, volvió a mostrar ayer su vitalidad a los colegas, con los que comparte desde hace años charlas, análisis político, económico y social de España y del mundo en el Círculo de Recreo.

En la sede de Duque de la Victoria es, por supuesto, el socio más antiguo, y cuando cruza la puerta giratoria de madera, con su sombrero, traje a rayas y bastón, a su encuentro salen los guardarropas, como dando la bienvenida al pasado.

«Nos enseña a todos nosotros lo que ha hecho en su dilatada vida. Y aprendemos con él muchísimo», explica Carlos Bustamante, coronel retirado, con el que Juan Rubio rememora estrategias castrenses y disciplinas de viejos ejércitos. No en vano le pilló en su Granada natal la Guerra Civil del 36, y se movilizó como alférez provisional.

Estudiante con los jesuitas en Lieja, de profundas creencias religiosas, Rubio fue uno de los fundadores del periódico Ideal de Granada a inicios de la II República, periódico que fue costeado por los marqueses de Casablanca. Hasta seis millones de pesetas de aquella época lograron recaudar los jóvenes activistas católicos que miraban a rotativos como El Debate o el Ya.

Un diario en el que nunca escribió, porque se considera más un hombre de ciencias. Y de ello ha dado muestras con su ingeniería capaz de montar fábricas de azúcar, como las que levantó en el Kurdistán de Sadam Husein en los años 70.

«¿Qué que me han regalado? Nada. Yo no quiero nada. Nunca he celebrado mi cumpleaños. Los andaluces tenemos la costumbre de celebrar solo el santo», matiza mientras su hijo José Luis, sacerdote de 70 años, añade que la familia, con otros tres hermanos más y nietos, se reunirá un domingo de estos para festejar el siglo de luces.

Larga vida en la que el señor Juan ha conocido a Manuel de Falla, del que fue secretario, Federico García Lorca, Luis Rosales y José María Pemán. Todos en su Granada.

«Allí tengo muchas amistades pero se me están muriendo todos poco a poco. Me entero cuando les llamo y me dicen: Ya no está. Ha fallecido, Juan», explica.

Formas y valores

«Lo peor de España es que se han perdido las formas que se dan a las cosas, como decía Pemán. Nuestro país es un calcetín al que se le ha dado la vuelta por completo en estas décadas. Se han perdido todos los valores. Económicamente estamos mejor, pero no mucho mejor. Los obreros antes ganaban tres pesetas, pero no se administraban bien porque se lo gastaban en mujeres. Ahora ellos van por un lado, y ellas por otro», dice este centenario, que ironiza que solo pide que «Dios le conserve como está y me haga más santo. Porque a mi me queda muy poco, sabe. Cualquier día me da un mareo y se acabó...».

En su mirada atrás lo que echa de menos es la vista para continuar leyendo «sobre espiritualidad», dice este jubilado que acude a misa diaria, en ocasiones andando, hasta la iglesia de los Franciscanos del Paseo de Zorrilla. «Pero la memoria no la tengo como antes, y va a una velocidad más lenta», apostilla.

Sus colegas tertulianos, Ignacio, Luis, Carlos y Félix no faltan al vermú que varios días a la semana hacen en la cafetería del Casino. Y el pasado 18 de enero no iban a fallar. Luego fue la comida, invitación del granadino, donde se brindó por los 105 años de dinamismo de Juan Rubio.

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