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J. Sanz
Lunes, 15 de junio 2015, 21:43
Los vecinos y comerciantes afectados por el cambio en la denominación de doce calles de la capital, que se llevó a cabo hace justo un año para eliminar las denominaciones franquistas del callejero, reconocen que su vida siguió igual al día siguiente de que los operarios municipales sustituyeran las placas los días 4 y 5 de junio de 2014 de sus calles de toda la vida (García Morato, Héroes del Alcázar, José Antonio Primo de Rivera....) para ser rebautizadas en honor de personas o hechos más actuales (Concha Velasco, Arzobispo José Delicado, Transición...) e históricos (Larra, Juana de Castilla...). Las cartas siguieron llegando a sus domicilios y negocios y los clientes, salvo algún que otro despiste, encontraron su destino.
Pero aquel acuerdo para cambiar los nombres de las doce calles que lucían hasta entonces un marcado tufo a la dictadura, que surgió de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia que ordenó al Ayuntamiento cumplir la Ley de la Memoria Histórica (de 2007), incluía también un puente, el de García Morato, que pasaba a denominarse de Adolfo Suárez el expresidente del Gobierno fallecido apenas unos meses antes, el 23 de marzo de 2014.
Pues bien, el reputado aviador franquista Joaquín García Morato continúa atrincherado en su puente un año después de la modificación física de las placas de las doce calles, incluida la suya (García Morato), que desde entonces sí luce su actual denominación de paseo del Hospital Militar. Su prolongación, a través del quinto tablero sobre el Pisuerga construido en la ciudad (1967), sin embargo, mantiene en ambos extremos las placas oficiales del Ayuntamiento de Valladolid en las que figura que el viandante se encuentra ante el puente de... García Morato. Lo curioso, por anecdótico, es que este paso une precisamente el paseo del Hospital Militar con la avenida de Sánchez Arjona el ministro franquista de la Vivienda que aún mantiene su vía y, por debajo, la calle Arzobispo José Delicado la antigua Antonio Lorenzo Hurtado (consejero de las JONS), otra de las afectadas por el cambio.
Pero el aviador del bando nacional allí sigue, en su puente, del que ya desterró en su día al propio ministro Sánchez Arjona, denominación bajo la que fue inaugurada esta infraestructura el 10 de octubre de 1967. Después sería rebautizada en honor de Joaquín García Morato, un reputado piloto de combate que derribó cuarenta aparatos republicanos durante la Guerra Civil y que perdió la vida en una exhibición aérea el 4 de abril de 1939 en Madrid.
Y las cartas siguen llegando
Las placas con el hoy por hoy ilegal nombre franquista colocadas en 2013 narran, a mayores, que este fue un «aviador de renombre en la España de los años 40», una década en la que estaba muerto y enterrado, además, en loor de multitudes. Así que este puente parece pedir a gritos la retirada de los postes y la colocación de una placa oficial con su nombre real, el de Adolfo Suárez.
Así lo hicieron los operarios municipales con el resto de placas de las otras doce calles afectadas por la Ley de la Memoria Histórica hace ya doce meses. Aquel cambio, aunque legal, no gustó demasiado a los residentes, comerciantes y hosteleros afincados en dichas calles. Temían un lío burocrático a cuenta de la modificación de los nombres. ¿Fue para tanto? Pues comerciantes como María Vallecillo, de Electricidad LVG (paseo del Hospital Militar), aseguran que no: «Es cierto que todo el mundo sigue llamando a la calle García Morato, pero aquí no se ha perdido una sola carta y las facturas siguen llegando».
Otros empresarios, como Saturnino Iglesias, de Muebles Hipertresillo, en la avenida de El Norte de Castilla (General Solchaga), coincide en que el cambio no ha causado perjuicios a nivel burocrático, pero matiza que sí han «notado una pérdida de clientes debido a que muchos se lían aún con el nombre y acaban dando vueltas por el polígono (de Argales)».
«Para mí esta calle seguirá siendo siempre Sargento Provisional», anticipa Pilar Cascón, una veterana vecina de la actual calle de la Transición, quien reconoce que el cambio, aunque no le gusta, no le ha supuesto trastornos.
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