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José Manuel Otero Novas, a su llegada al Club de Opinión SantiagoAlba.
El exministro Otero Novas avisa que el sistema español «va cuesta abajo y puede morir»

El exministro Otero Novas avisa que el sistema español «va cuesta abajo y puede morir»

El exdirigente de UCD y ministro de Educación y de Presidencia con Adolfo Suárez alerta del peligro de «revoluciones que no se sabe cómo acaban»

Vidal Arranz

Jueves, 4 de junio 2015, 10:42

Decir que José Manuel Otero Novas estuvo en Valladolid para presentar su libro de memorias Lo que yo viví induce a equívoco. Porque el exdirigente de UCD una de las «piezas claves de la Transición», según la presentación que le dedicó en el Club Santiago Alba Alejandro Royo-Villanova, presidente del consejo de administración de El Norte de Castilla no es un hombre anclado en el pasado, ni en sus glorias, ni en sus batallas, sino intensamente preocupado por el presente.

Un presente que diagnostica de forma contundente y gráfica: «Nuestro sistema político actual va cuesta abajo y puede llegar a morir».

A Otero Novas no le preocupan los evidentes signos de desgaste que aprecia en un «régimen», el de la Constitución, que ha perdurado 40 años. Lo que verdaderamente le preocupa es la convicción de que las reformas necesarias no van a poder acometerse hasta que estemos aún más cerca del abismo. «Las naciones tienen crisis recurrentes y solo en esos momentos son posibles los cambios que poco antes parecían imposibles».

Por si acaso, el exdirigente de UCD, en compañía de un grupo de pensadores independientes agrupados en torno a la Fundación San Pablo CEU, lleva tiempo elaborando ideas y reformas para afrontar ese momento crítico. «El objetivo es evitar a toda costa que la crisis se resuelva por la vía de la revolución social», explica, «no solo por el dolor que causa, sino porque las revoluciones se sabe cómo comienzan, pero nunca se sabe cómo terminan».

Su alegato antirrevolucionario puede llevar a error a más de uno: Otero Novas no es un intelectual complaciente, ni acrítico, ni conformista. En absoluto. No oculta su descontento con el devenir de la democracia que contribuyó a alumbrar, que está lejos del sistema político con el que él soñó. «Estamos en un sistema político muy caudillista y muy oligárquico tanto en lo político como en lo económico y algo democrático», resume.

Sin democracia interna

Muy crítico con unos partidos mayoritarios «que carecen de democracia interna», los describe como organizaciones enredadas en una compleja maraña de expectativas y temores que les impide hacer lo que deben, incluso cuando lo tienen claro. Pero tampoco ve José Manuel Otero Novas con excesiva esperanza la aparición de nuevas formaciones políticas de aire regenerador. «Los partidos nuevos son democráticos nada más nacer, pero en cuanto pasan seis meses ya no lo son tanto, como hemos podido ver».

Tiene claro que el origen de los problemas de hoy se remonta muy atrás. En el caso de la corrupción, por ejemplo, culpa a los gobiernos de Felipe González, que desmantelaron las normas de derecho administrativo que habían ido asentándose durante más de un siglo para regular y controlar la discrecionalidad del poder. «Una de las fuentes principales de corrupción son los contratos administrativos. Pero hasta 1980 la legislación establecía que el procedimiento de contratación era la subasta. Esto se suprimió y se sustituyó por otros procedimientos que permiten preparar las cosas para facilitar que una determinada obra se adjudique a alguien». Asimismo, hasta 1990 existía la intervención previa del gasto por parte de los interventores y también desaparece. «Los partidos que están surgiendo esto ni lo tocan, cuando es la madre del cordero. Hablan de que no haya imputados en las listas, pero eso es como dar aspirina a un enfermo de cáncer».

En el caso del problema autonómico, en cambio, ve el origen en la decisión que la UCD adoptó en 1980 para sustituir el modelo original constitucional con distintos niveles competenciales por la política de equiparación conocida como «café para todos». «Ya entonces me opuse y advertí de que lo que las denominadas autonomías históricas quieren es sentirse diferentes. Si cada vez que logran una competencia se generaliza al resto, solo les queda pedir más, y así se llega al punto en el que lo único que queda es la secesión».

Otero Novas defendió con pasión la labor de la Transición, y no ahorró elogios para el papel jugado por Adolfo Suárez. «Tenía claro que el nuevo sistema político debía nacer con consenso, para no repetir el error de la II República, que no solo careció de él, sino que aprobó medidas conflictivas sin contar ni siquiera con mayoría absoluta».

Puestos a rescatar para los tiempos presentes algunos de los valores que imperaban en los tiempos de cambio que a él le tocó vivir en la Transición, subraya dos: «el afán de reconciliación, que lo hemos hecho trizas en los últimos años» y el sentido de la nación española. «Mientras Francia sigue siendo Francia, y Alemania es cada vez más Alemania, nosotros cada vez somos menos España».

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