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EMILIANO ALLENDE
Sábado, 22 de octubre 2011, 02:20
El cuarto centenario de la muerte de Tomas Luis de Victoria fue recordado de modo brillante por The Sixteen, formación impecable de voces iguales, que suenan rozando la perfección en el empaste, la colocación y la afinación dentro de un dominio absoluto de la técnica renacentista. Victoria, en sus voces y en las manos de su director Harry Christophers, se nos mostró en plenitud, con claridad diáfana. La serenidad y certeza que Christophers infundió a los cantantes fue determinante. Conjugó con facilidad los ritmos silábicos, melismas y demás efectos que en el compositor castellano parten de una espontaneidad, originalísima, para unirse al texto con una expresión de alto contenido emotivo. A lo largo de poco más de una hora y con un programa dedicado en su totalidad al tema mariano, asistimos desde el primer 'Salve Regina' al discurrir polifónico nacido de las estrofas gregorianas, que fueron expuestas siempre con gran flexibilidad, abriéndose camino a través de los distintos movimientos polifónicos, manteniendo una conjunción magnífica que no decayó en ningún momento. El doble efecto coral del 'Magnificat' y el cruzamiento de ambos coros en las 'Litanie&hellip' que cerraron el concierto, fueron solo dos ejemplos de una interpretación de altísimo nivel. Las voces supieron acomodar la ligada fluencia del contrapunto con la acústica de la Catedral, consiguiendo redondear los finales de las estrofas con una afinación de extraordinaria riqueza armónica.
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