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PILAR ROJO
Lunes, 26 de septiembre 2011, 04:01
En noviembre de 1986, la Escuela de Idiomas de Palencia comenzó su andadura en las aulas del Instituto Alonso Berruguete. Cinco profesores de inglés y dos de francés impartían las clases a los 600 alumnos matriculados, entre los que destacaba amplio porcentaje de estudiantes de BUP que querían ampliar la formación en los idiomas que recibían en sus centros. 25 años después, esta escuela se ha consolidado como el referente por excelencia para todos los palentinos que necesitan desenvolverse con fluidez en otra lengua. A lo largo de este cuarto de siglo, el centro ha ampliado su oferta a cinco idiomas, tiene dos sedes más, en Aguilar de Campoo y en Guardo, y un alumnado que supera las 2.200 matrículas, con mayor demanda que oferta. Además, cuenta con un moderno edificio propio en la zona sur de la ciudad donde dispone de las más modernas tecnologías para la formación de los estudiantes.
La directora de la Escuela de Idiomas de Palencia, Reyes Bodero, señala que los retos siguen siendo los mismos que hace un cuarto de siglo: lograr dotar a los alumnos que se matriculan de las herramientas necesarias para que puedan desenvolverse con fluidez en la lengua que hayan elegido. Esta sigue siendo la filosofía de trabajo de un centro que ha crecido en profesores (han pasado de cinco a 30), en alumnos (de 600 al comienzo a los 2.200 actuales) y, por supuesto en oferta. El inglés y el francés siguen siendo la base de un programa que también ha incorporado el alemán, italiano y el español para extranjeros en un intento de adaptarse a la nueva realidad social. También en este cuarto de siglo ha abierto dos sedes en Aguilar de Campoo y en Guardo. «A lo largo de estos años, más de 20.000 palentinos han estado matriculados en algún momento en la Escuela de Idiomas. En sus inicios, tenían más protagonismo numérico los estudiantes de BUP que querían reforzar el idioma que estudiaban en el instituto. Ahora mismo resulta difícil establecer un perfil, porque hay un crisol de todas las edades, con una edad media e 30 años. Hay muchos jóvenes, que estudian idiomas para completar su formación y también adultos matriculados», indica Reyes Bodero. Las motivaciones que les llevan allí son también diferentes: algunos quieren ampliar curriculum, otros desean conocer más lenguas para viajar y desenvolverse con más soltura en otro países, y otros sienten que la enseñanza que recibieron era demasiado gramatical y no tienen destreza activa para desenvolverse en otras lenguas. Lo que todos, en definitiva, tienen en común es la búsqueda de herramientas para dominar idiomas, una necesidad que ya forma parte de la alfabetización básica, según muchos educadores.
El centro inicia ahora la celebración de sus bodas de plata con más alumnos, más idiomas, un edificio propio, más medios, pero con la misma filosofía que en sus comienzos: lograr que los alumnos puedan desenvolverse en otras lenguas.
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