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CRISTIAN REINO
Viernes, 16 de septiembre 2011, 04:00
En plena efervescencia del debate lingüístico, Mariano Rajoy viajó ayer a Barcelona para prometer que el PP no promoverá ni apoyará ninguna iniciativa que divida, genere o agrave los problemas que ya hay en España. Para el líder de la oposición, sería «disparatado y una irresponsabilidad» tensar las relaciones entre Cataluña y España, en un momento en que la prioridad es el crecimiento, crear empleo y sacar al país del atolladero económico. Todo lo demás, dijo, son distracciones. «Estamos para cualquier cosa menos para peleas, disputas y confrontaciones», afirmó en el foro Tribuna Barcelona.
Cuando las campañas del PP aún escuecen entre la sociedad catalana, que no olvida la recogida de firmas contra el Estatuto de Cataluña, el recurso que interpuso contra el texto de autogobierno ante el Tribunal Constitucional o el boicot a los productos catalanes, para el líder del PP «estamos en otros tiempos», los de la moderación, el diálogo y la voluntad de entendimiento. En esta línea, dio garantías de que su partido no va a promover más campañas anticatalanas en el resto de España para buscar votos. «Hay que apostar por lo que nos une», expresó Rajoy ante una nutrida representación del empresariado catalán, que instó al líder del PP a que resuelva de una vez el conflicto lingüístico. «Si hay algo que nos puede separar irreversiblemente es el tema de la lengua», le recordó Miquel Roca, exdirigente de CiU y uno de los siete 'padres' de la Constitución. En manos del líder opositor está, por ejemplo, retirar el recurso de inconstitucionalidad contra la ley catalana de educación.
Pero Rajoy no estaba para polémicas, pasó de puntillas sobre el asunto y se limitó a decir que la controversia lingüística se ha sobredimensionado por culpa de la cercanía de las elecciones generales. En las palabras del presidente del PP se entreveía una intención por atemperar los ánimos porque el 20 de noviembre está a la vuelta de la esquina y a su partido no le conviene cerrarse puertas de cara a posibles pactos postelectorales.
Guiños
Tuvo buenas palabras para el mundo económico catalán y especialmente para CiU, con la que a pesar de las polémicas lingüísticas ya colabora en Cataluña. Hizo un par de guiños a los nacionalistas, como acostumbra a hacer siempre que se desplaza a Cataluña, a los que anunció que cuenta con ellos para los grandes consensos de país que serán precisos tras el 20 de noviembre. «España -sostuvo- necesita en los próximos años un gobierno fuerte, pero no basta con un gobierno fuerte. Un gobierno, por fuerte que sea, debe tener complicidades en la cámara, con otros ciudadanos que no han votado al gobierno».
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