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JESÚS L. ORTEGA
Miércoles, 31 de agosto 2011, 14:54
La banca no se resigna a ver cómo su cuenta de resultados adelgaza. Las entidades financieras tratan de compensar, al menos parcialmente, la caída que por efecto de la crisis viene sufriendo el margen de beneficios de su negocio tradicional -tomar dinero por un lado y prestarlo más caro por otro- con un encarecimiento de los servicios que prestan a sus clientes. Las comisiones que cobra el sector por la veintena de operaciones más habituales se han incrementado una media del 14,67% en el último año; es decir, casi cinco veces más que la inflación registrada en España en ese periodo, que fue del 3,1%, según datos oficiales del Banco de España correspondientes al pasado 31 de julio.
El aumento de esas tarifas se ha disparado proporcionalmente aún más en lo que va de ejercicio y amenaza con batir todos los récords. Desde enero pasado han ascendido el 11,1%, mientras los precios acumulan un alza del 0,7%. O lo que es igual: las comisiones han multiplicado por quince el ascenso del IPC. Resulta significativo que en solo siete meses los bancos y cajas han elevado hasta en cuatro ocasiones sus cuotas por las tarjetas de débito y crédito, y tres veces las que aplican al mantenimiento de cuentas tanto corrientes como de ahorro.
Hasta que en el verano de 2008 estalló en España la crisis financiera, lo habitual era que, entre repunte y repunte, los costes cargados a los clientes por los servicios y operaciones se mantuvieran estables durante varios meses. Sin embargo, desde julio de aquel año los aumentos han sido constantes, conforme la precaria situación económica ha salpicado a la actividad del sector. El crecimiento medio acumulado desde entonces es del 26,8%.
Las asociaciones de usuarios consideran desmedido ese encarecimiento y califican de «abuso» el registrado por algunas prestaciones concretas. Por ejemplo, la comisión abonada por transferencias nacionales se ha disparado nada menos que el 34,8% desde julio de 2010 al pasar de una media de 3,16 euros -el precio final depende del importe de dinero que se desee movilizar- a 4,26 euros. La tarifa por el estudio para la concesión de un préstamo hipotecario ha subido el 26% en el último año -de 105 a 132 euros de promedio- y el 21,3% la aplicada a la apertura de un crédito para el consumo. Las cifras varían en función de cada entidad.
Mantenimiento
La cuota semestral de mantenimiento de una cuenta corriente o de ahorro se ha incrementado el 19% en doce meses, mientras que la administración o adeudo de recibos ha subido el 11,4%. Algo menos, el 8%, ha aumentado el corretaje pagado por los descubiertos - 'números rojos'- en cuenta, una situación que se ha multiplicado en los últimos tiempos por los apuros económicos de numerosas familias y empresas en un escenario de crisis como el actual.
En cuanto a las tarjetas, el coste anual de las de débito se ha elevado el 18%, y aún más -el 21,5%-, la comisión por la retirada de dinero en cajeros de la propia red. Para disposición de efectivo en otras redes, el alza es de soólo el 3%. Eso sí, mientras la tarifa media para el primer caso es de 0,96 euros, en el segundo se sitúa por encima de los 3 euros.
Además, ha crecido más del 10% la cuota de mantenimiento anual de las tarjetas de crédito clásicas, que han pasado de 33,5 euros a rozar los 37, mientras la cobrada por retirar dinero en cajeros con esos plásticos ha subido más del 9%.
La aplicación de estos incrementos en plena crisis, que ha colocado contra las cuerdas a millones de españoles, y cuando la mayoría de los bancos y cajas siguen presentando beneficios multimillonarios -aunque a la baja por el descenso de la actividad- irritan sobremanera a los usuarios.
Estos pueden dirigir sus quejas y requerimientos, primero, a las propias entidades, bien intentando negociar la rebaja o anulación con su oficina o bien reclamando cobros que consideren indebidos a través de la figura del Defensor del Cliente, que todas las entidades están obligadas a tener. Y, en segundo lugar, ante el Servicio de Reclamaciones del Banco de España, cuya normativa exige que una comisión debe responder «a los gastos efectivos en que se haya incurrido por prestar servicios», así como que no se podrán percibir «por servicios que no hayan sido aceptados en firme por el cliente». No obstante, desde la propia institución monetaria se reconoce que «es muy difícil sancionar a una entidad por el cobro de una comisión porque suelen estar técnica y legalmente justificadas». Aunque a veces aparece no ya en la letra pequeña, sino en la minúscula.
Así pues, dado el escaso éxito que suelen obtener por estas vías, los clientes descontentos canalizan en muchas ocasiones sus protestas por medio de las organizaciones de consumidores, que consideran que la banca pretende sanear las pérdidas sufridas en sus balances por otros conceptos -deterioro de activos financieros, insolvencias, contracción del crédito, estrechamiento de márgenes de intermediación, etc.- aumentando el cobro por todos sus servicios.
«Subidas injustificables»
Manuel Pardos, presidente de la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (Adicae), considera que «la aspiración de la banca es que todo el gasto ordinario que tiene se pueda llegar a cubrir con los ingresos de las comisiones». A su juicio, el sector «quiere hacer pagar la crisis a los consumidores» con subidas «desmesuradas, vergonzosas e injustificables». Por ello, esta organización ha pedido la «inmediata» rebaja de estas tarifas porque, de lo contrario, «estaría produciéndose un nuevo y flagrante abuso por parte de la banca», afirma.
Por su parte, la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (Ceaccu) denuncia las «discriminaciones y arbitrariedades» que bancos y cajas cometen a la hora de aplicar o no las comisiones a unos u otros usuarios. En este sentido, señalan que los grandes clientes y los que están «muy vinculados a la entidad» cuentan con importantes ventajas, que pueden llegar a la eliminación de ciertas comisiones.
El problema aquí estriba en saber qué entiende por cliente «muy vinculado» cada entidad. Y es que solo parecen dispuestas a renunciar a sus ingresos por comisiones con personas a las que puedan sacarle esa rentabilidad -y más- por otro lado. En general, para disfrutar de ese estatus privilegiado, unas piden por lo menos la domiciliación de la nómina, otras la contratación de planes de pensiones, fondos, depósitos e, incluso, la tenencia de una cantidad determinada de acciones del propio banco.
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