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LUIS ANTONIO CURIEL
Miércoles, 6 de julio 2011, 03:00
Cándido Martínez Asensio, de 72 años, está casado con Teresa Monge y tiene dos hijos y dos nietos. Natural de Cevico Navero, ha regentado durante toda su vida la carnicería que heredó de sus abuelos. Cándido es un referente en el Cerrato y en la provincia de Palencia porque fue uno de los primeros que utilizó los isotermos como servicio de carnicería a domicilio, con gran aceptación entre los cerrateños. También regentó durante doce años el mesón Los Torreros. Además forma parte de la charanga Los Mejores, donde toca la caja y un peculiar saxofón inventado por él, pues es todo un "manitas". Su ejemplo de fortaleza en la enfermedad es un aliciente para las personas que luchan por seguir adelante. La sonrisa es una constante en su vida.
-¿Qué recuerdos guarda de sus años como carnicero?
-Ha sido algo que ha marcado toda mi vida. Siempre he ofrecido buena calidad en mis productos. Prueba de ello es que la gente de Cevico Navero y de otros pueblos donde servía la carne me saludan y recuerdan con gratitud. Me da pena que conmigo desaparezca un oficio de tradición familiar.
-¿Es posible vivir de un negocio así en Cevico Navero?
-Al principio fueron buenos años. Después, tuve que meterme en el camión isotermo para dar servicio a más localidades. También he compaginado la carnicería con el mesón para mantener el negocio. Lo cierto es que las grandes superficies comerciales han hecho mucho daño a los pueblos pequeños y se ha perdido en calidad y en trato. En Cevico Navero hemos tenido hasta hace unos años tres carnicerías y cinco tiendas de ultramarinos. Ahora solo queda una tienda de ultramarinos.
-Dicen que usted tiene algo de 'culpa' en que se establezca la Fundación del Grupo Siro en Cevico Navero
-Efectivamente. Un día vino Juan Manuel Gómez Serna a comer al mesón y ya no quedaban algunas cosas. Como de mi casa nadie se va sin comer, le puse unas patillas de lechazo, morcilla y otras viandas y se fue encantado. No le cobré, pero me dio una propina con la que me pagó con creces la comida. Este gesto, aparentemente insignificante, fue muy importante para que adquiriese el antiguo convento de San Pelayo, con el fin de establecer en él la Fundación del Grupo Siro. Él y su mujer son encantadores.
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