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Colector de aguas sucias que atravesaron los fugitivos. :: EL NORTE
La fuga de Segovia
SEGOVIA

La fuga de Segovia

El 5 de abril de 1976, veintinueve presos, la mayoría de ETA, lograron huir de la cárcel a través de un colector de aguas

CARLOS ÁLVARO

Domingo, 6 de febrero 2011, 02:47

Transcurridas las dos de la tarde del día 5 de abril de 1976, veintinueve reclusos -la mayoría perteneciente a la banda terrorista ETA- consiguieron fugarse de la cárcel de Segovia a través de un colector de aguas sucias al que accedieron tras realizar un boquete en uno de los retretes. El suceso conmocionó la vida de la ciudad y del país, inmerso en un proceso de transición y reforma política que se había iniciado a partir de la muerte de Franco, en noviembre del año anterior.

Están a punto de cumplirse treinta y cinco años de un suceso que se saldó con la detención de los etarras en tierras navarras, antes de que pudieran alcanzar la frontera francesa, pero la memoria sigue viva. La fuga de Segovia, la misma que Imanol Uribe llevó al cine años más tarde, trajo en jaque a todas las fuerzas de seguridad del Estado durante aquellos días de abril, cuando el primer Gobierno de la Monarquía daba los primeros síntomas de división y el presidente, Carlos Arias Navarro, se aferraba al legado del dictador fallecido poniendo aún más difícil una reforma que cristalizaría meses después con la llegada de Adolfo Suárez a la Presidencia del Ejecutivo. La prensa de la época no fue ajena a lo ocurrido. Los periódicos se hicieron eco de la huida desde el momento en que se tuvo conocimiento de la misma. EL NORTE DE CASTILLA tituló en portada: 'Veintinueve presos políticos se fugan de la prisión de Segovia'.

A la luz del día

Todoocurrió en plena tarde, a la luz del día. En el interior del centro penitenciario de Segovia, cárcel de máxima seguridad, veintinueve presos -entonces llamados políticos- se dirigen a los retretes ubicados en la parte izquierda del patio del penal. En apenas un cuarto de hora, entre las 14:15 y las 14:30, consiguen retirar una de las tazas e introducirse por un túnel que, al parecer, habían horadado días atrás. El pasadizo desembocaba en la tubería de aguas sucias que atravesaba el subsuelo de la prisión. Los fugados, según las crónicas del día, solo tuvieron que ensanchar el canal del desagüe a lo largo de un metro y medio.

Antes de iniciar la escapada, los presos se desnudan para desplazarse con más comodidad. La marcha se realiza en fila india, con linternas y bajo la gran bóveda del colector de aguas que desemboca en la parte posterior del edificio de la Central Lechera Segoviana, el cual existe todavía, aunque en la actualidad la salida de la tubería se encuentra completamente sellada.

Con la nariz tapada

Son500 metros. Los fugitivos se ven obligados a utilizar pañuelos para taparse la nariz debido al hedor procedente de las aguas fecales. En la salida, los esperan dos de los integrantes del comando que les ha ayudado a planear la fuga desde el exterior de la cárcel. 150 metros les separan de la carretera de San Rafael, donde aguarda una furgoneta modelo Avia que ha de alejarlos de Segovia de manera definitiva.

La casualidad quiso que un pastor de ovejas que se encontraba en el lugar se percatase de la presencia de la furgoneta, pero no le concedió la más mínima importancia. El vehículo, con los veintinueve fugados en su interior, tomó dirección a Navarra, aunque en el camino los presos cambiarían la Avia por un camión trailer al que accedieron en un lugar discreto de la carretera. Con ropas limpias y armas, los exprisioneros se encaminaron a la frontera francesa, el objetivo marcado en el plan.

Sobre las 17:45 horas, los funcionarios de la prisión proceden al segundo recuento de la tarde. La sorpresa es mayúscula cuando ven que faltan veintinueve. Minutos después, descubren el túnel. Agentes de la Policía y de la Guardia Civil toman inmediatamente posiciones estratégicas alrededor de la prisión y en las salidas de las distintas carreteras que parten de Segovia. La Guardia Civil de carreteras establece rigurosos controles de tráfico en la provincia y se piden refuerzos a la Escuela de la Policía Armada de Aguilafuente y a Valladolid.

Durante las horas que siguieron al suceso, la ciudad permaneció en calma, según recoge la crónica de EL NORTE curiosamente firmada por la periodista Pilar Cernuda, enviada especial de la agencia Colpisa. Dos agentes hicieron guardia en la salida del colector. Los rumores y versiones se dispararon. Se llegó a creer que los fugados estaban en Madrid, pero lo cierto es que habían abandonado Segovia camino de la frontera franco-navarra.

Al día siguiente, el Ministerio de Justicia difundió los nombres de los fugados. Eran Luis María Aizpurua, Ángel Amigo, Víctor Arana, Ramón Autenetxe, José Beguiristain, Ignacio García, José Luis García, Carmelo Garitaonaindia, Ignacio María Garmendia, Manuel Gaztelumendi, Enrique Guesaraga, Jesús María Ibargutxi, Manuel Isasa, Juan Ignacio Iturre, Fernando Izaguirre, Francisco Jaca, Miguel Agustín Lascurain, Jesús María Muñoz, Ignacio Orbeta, Rufino Serrano, Miguel þngel Unanue, José María Yarza, Luis Armando Zabalo, Juan María Zubimendi, Carlos García, Ramón Llorca, José Luis Pons, Oriol Solé Sugranes y Federico Sánchez Juliachs. Veintisiete pertenecían a ETA.

Con disimulo

Lasinvestigaciones realizadas con posterioridad demostraron que los presos habían disimulado la perforación realizada con una tapa recubierta con seis de los azulejos del alicatado. Las piezas estaban adheridas a un bastidor de cuatro tablas recubiertas de cemento. La tapa tenía en su reverso dos anillas que permitían su adaptación a la pared sobre la que se había llevado a cabo la excavación. La vigilancia nunca reparó en ello.

A las veinticuatro horas de la fuga, los reclusos de Segovia habían sido detenidos en su mayor parte, a excepción de siete, así como tres de las personas que les habían ayudado a huir. La Policía pudo saber que llegaron a la localidad navarra de Espinal hacia las diez de la noche del día 5. La frontera francesa quedaba a cinco kilómetros escasos. Los fugados se dividieron en dos grupos, y a las dos de la madrugada tuvieron su primer enfrentamiento con la Guardia Civil, cuyos agentes localizaron el paradero de los fugitivos y consiguieron detener a diez de los mismos durante la noche. Por la mañana, otra patrulla logró apresar a catorce más después de un tiroteo que acabó con la vida del activista Oriol Solé e hirió a otro de los presos. El suceso ocurrió a 800 metros de la localidad de Burguete. A las 16.30 el número de detenidos se elevaba a veinticinco. La Guardia Civil localizó y detuvo a Carmelo Garitaonaindía y Enrique Granacho dos días después en el alto de Ibaneta, a escasos metros de la raya de Francia.

Las últimas detenciones, facilitadas por el deterioro físico de los fugitivos, se produjeron el 17 de abril. Algunos llegaron al país vecino. La Policía no tardó en localizar el remolque que transportó a los reclusos hasta Navarra. La caja estaba separada de la cabina. La escapada había terminado.

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