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Eloy de la Pisa
Miércoles, 19 de octubre 2016, 21:59
La vida de los animales, de todos independientemente de su capacidad de raciocinio, se fundamenta en tres principios: vivir, reproducirse y morir. Y cuanto menos desarrollada es una especie, más vital son los tres pasos. Por eso las estrategias de la naturaleza para que la tríada de la supervivencia llegue a buen puerto son de lo más variopintas. Y, entre ellas, la de las hormigas es una de las más peculiares.
Es probable que en estos días de atrás, y aún hoy o ayer, hayan vistos nubes de hormigas voladoras por zonas de la ciudad, en especial en barrios del extrarradio de las ciudades o en zonas ajardinadas. Llaman mucho la atención tanto por su alto número de individuos como por lo inusual.
La explicación es sencilla: son las hijas fértiles de una reina de un hormiguero que han salido de su hogar para intentar fundar uno nuevo. Y aunque volar tiene sus peligros, es un magnífico método para desplazarse deprisa y lejos de su hormiguero natal. En un hormiguero, el único ejemplar fértil es la reina, que es quien suministra a la colonia los distintos tipos de hormigas que necesita (obreras, defensoras, cuidadoras). Pero llega un momento en que se hace necesario que el hormiguero se propague y para ello la reina empieza a producir ejemplares alados. Son indistintamente machos y hembras, que cuando están maduros salen al exterior para intentar juntarse y formar un nuevo hormiguero. Una nueva colonia en la que la hembra será la reina. Y por eso se ven esas masas de hormigas aladas: no son más que adolescentes en busca de pareja con la que poder formar un nuevo hogar. Quienes no lo logren en las primeras horas, morirán irremediablemente.
Que sea en esta época del año, y no siempre, obedece a que la hormiga necesita unas condiciones muy determinadas: humedad, calor y poco viento. Al fin y al cabo no es un bicho diseñado para volar, así que ni puede pelear contra el aire fuerte, ni contra el calor excesivo que las deshidrata, ni contra el frío que las congela. Calma chica después de lluvia y con 23 grados. Pueden volar y tienen el terreno húmedo, fácil de excavar para profundizar y protegerse del frío invernal que va a llegar. Ese es su mundo ideal.
En unos días desaparecerán. Un porcentaje ridículo de las que salieron del hormiguero lograrán formar una nueva colonia, pero no lo sabremos, porque en cuanto lo logran se encierran a esperar que pase el invierno. Entonces será otra historia
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