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César Blanco Elipe
Domingo, 11 de enero 2015, 15:45
No llevarse a engaños. Esto no va a ser ni lo pretende un consultorio sexual, pero algún orgasmo que otro sí hay. Me explico y no piensen mal (o bien). No se trata tanto de la acepción que todos tenemos en mente y que recoge en primer lugar la Real Academia Española referida a la culminación del acto, como sí a la exaltación de la vitalidad de un órgano.
En el caso de Jero Romero y compañía, de varios que ponen buen cuerpo, activan los pies, articulan los brazos y las manos ovación tras ovación y mantienen dibujada una sonrisa de rendida aceptación y profundo agradecimiento y placer desde el principio hasta el final.
Sus voces, su carisma, sus movimientos automatizados y espasmódicos (merecen un capítulo aparte), su comunión, sus melodías, sus juegos, su complicidad, sus estribillos, su sinceridad y su familiaridad hurgan en las entrañas del espectador hasta conseguir que esa sonrisa no desaparezca desde que asoman y toman posesión del escenario hasta que abandonan sus instrumentos, se abrazan, forman un corro cual futbolistas que celebran un gol, agradecen la interminable ovación del público en pie y se pierden por las bambalinas.
Jero y los suyos tienen canciones, calidad y actitud para alcanzar rápidamente y toquetear durante hora y media el punto J.
El toledano, con su formidable familia musical formada por las guitarras de Charlie Bautista y Amable Rodríguez, las baterías de Nacho García y los bajos de Alfonso Ferrer, gozan y hacen gozar sobre un escenario, que es como su casa. Cada tema es una estancia. Las recorren de arriba abajo, se regocijan en ellas. No dejan ni una por visitar. Cada una tiene su momento. Y la banda se lo da y lo borda.
'La grieta'
Unas requieren caricias más sutiles, rasgar casi sin querer las guitarras, punteos precisos, percusiones certeras y exaltar los medios tiempos, aunque La grieta, su último trabajo, interrumpa abruptamente los ritmos acelerando o frenando en aras de la libertad creativa que el exlíder de The Sunday Drivers desparrama en este álbum. Temas como El brazo, Narciso, Fue hoy u Hombre mayor dan fe de esos cambios bruscos en una misma partitura sin perder un ápice el sentido ni la estructura.
El manchego se balancea en esos columpios olvidados que otea desde el ventanal; y en la suerte de subes y bajas que propone no distrae ni se pierde en los vericuetos de los alardes, sino que conecta más al público, un respetable que de por sí ya acude entregado. La atracción de sus melodías y sus letras empieza a ser irresistible para el Winter Indie City.
El popular WIC segoviano volvió a traer a la banda y colgó el cartel de no hay billetes en la sala Ex.Presa del centro de creación de La Cárcel. La segunda vez que lo logran en este miniciclo (ya ocurrió hace dos años) con estos artistas. Y es que Jero Romero tiene pillado también el punto J que le da el gustirrinín al festival segoviano.
Repertorio al completo
Agotó toda la munición de sus dos discos para que la velada fuera lo más placentera posible. Patea el suelo con el pie izquierdo al ritmo que marca el rasgar de la guitarra y con ese mismo compás encoge sus hombros marcando la pauta del movimiento de su cabeza. Un espectáculo coreografiado sin quererlo cuando sus compañeros se miran entre ellos y se retuercen en esa complicidad abrazando sus instrumentos.
Los nuevos arreglos que visten las canciones de su anterior trabajo, Cabeza de león, fueron el clímax de esa comunión con el público, que coreó, cantó y aplaudió hasta dejarse las palmas rojas. Las leves, Desinhibida, Correcto o Gigantes estimularon aún más el concierto hasta conquistar el culmen de la sonrisa eterna. Ese es el punto J, el del placer que proporciona el directo de Jero Romero.
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